enero 26, 2022

Mala Rodríguez, 20 de lujo

Aun no logro entender demasiado bien que me ha llevado al hip-hop. Yo que siempre me he vanagloriado del gusto por la distorsión y los sonidos sucios, yo que crecí con aquel rock estatal que escuchaba mi padre, yo he terminado asistiendo a conciertos de hip-hop y rap ¡y antes de la pandemia! Así cuando Underfest reveló su cartel tomé buena nota de la visita de Mala Rodríguez y su “Lujo Ibérico Unplugged”, un espectáculo que tenía como cometido la celebración de las dos décadas de su álbum debut y que tras la llegada de las restricciones del pasado año evolucionó en lo que ahora tenemos entre manos: dos mujeres, dos voces, una guitarra y decenas de canciones que desnudar.

Mala Rodríguez abrió su concierto en Vigo con ‘Peleadora’, posiblemente una declaración de intenciones y es que desde su llegada han pasado décadas, hace 21 años debutaba con “Lujo Ibérico” álbum que da nombre a esta gira, han surgido estilos y divas pero es innegable que Mala Rodríguez sigue reinando en el hip-hop estatal, en lo que ahora llaman “urbano”. Y lo puede hacer lanzando barras desde el micro o sentada en una silla con tan solo una guitarra acústica, la de María León, como compañía y es que a Mala Rodríguez, sobre un escenario, hay dos cosas que le sobran: talento y seguridad.

A veces me pregunto si temas como ‘Tengo un Trato’ han sido una bendición que ahora se ha transformado en tortura. Está claro que el público los disfruta, se desgañita en ellos y son historia de la música española pero quizás aporten poco al artista y mucho menos al espectáculo que ahora presenta. Mala Rodríguez pasa de puntillas sobre ella, a capella, esperando que sea el público quien tenga su momento de éxtasis para sumergirse en temas con los que posiblemente ahora se sienta más identificada. Sin duda, uno de ellos es ‘Mami’, quizás un tema que ha conseguido que muchos cambiemos la percepción que teníamos sobre Mala Rodríguez y en el que descubrimos que las chicas de barrio también pueden tener un corazón que nos les quepa en el pecho.

Cuentan que antes Mala Rodríguez odiaba cuando el público gritaba eso de otra, otra, ahora es una muletilla que se convierte en caricia en estas épocas de distancia y restricciones. Lejos han quedado los años en los que necesitaba morder en cada tema, aquellos looks de barrio son recuerdos. Ya no hay puesta en escena arrolladora. Ahora, de riguroso luto y generoso escote, a media luz se sienta ante un público rendido a sus pies y sus letras mucho antes del comienzo del concierto. Mala Rodríguez ha crecido, al igual que lo ha hecho su público, ya no hay nada que demostrar ahora tan solo toca disfrutar porque todos tenemos claro ‘Quien Manda”.

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