Tres veces he visto a Eskorzo, tres veces en ámbitos completamente distintos, tres veces han conseguido que acabe empapado de sudor y con la garganta rota. He de decir que esta ocasión me parecía especial, ya que uno no tiene la oportunidad de ver una banda así todos los días fuera de su país, y esto es algo que hay que agradecerle a la buena gente de Rock Sin Subtítulos, que se están encargando de llevar un sinfín de grupos españoles por toda Europa. Podríamos suponer que tras dos años de gira continua con “Camino de Fuego”, la banda mostraría los signos de fatiga correspondientes a tocar prácticamente lo mismo una y otra vez durante tan largo período de tiempo. Sin embargo, el pasado sábado, Eskorzo terminó de demostrarme, y con creces, que cuando salen al escenario, salen a matar. Nada de medias tintas.
Lo cierto es que al llegar a la sala Scala de Londres, la preocupación se cernió sobre mí. A media hora para que empezara el concierto, la estancia se encontraba literalmente vacía, lo que para un concierto de Eskorzo nunca es buena señal ¿Y los pogos? ¿Y la gente pegando saltos a lo loco? ¿Y los bailes tropicales de cuerpos poseídos por el ritmo? Parece ser que olvidaba algo esencial, y es que por mucho Londres que aquello fuera, el público seguía siendo español. Supongo que la puntualidad inglesa no es algo que se contagie.
A las diez en punto la batería empieza a sonar, un ruido atronador envuelve el ambiente y, como por arte de magia, los españoles empiezan a salir de la nada, acumulándose a mi alrededor. Todo parece un truco de magia orquestado, una maniobra de distracción diseñada para desviar mi atención del escenario donde Tony, el legendario frontman del grupo, ya está listo para empezar a dar tralla: “Si vienes conmigo, yo no te prometo ná”. Dos frases bastan para encender el que promete ser un incandescente “Camino de Fuego” de cerca de dos horas de duración.
El tema homónimo de su último álbum siempre resulta efectivo como comienzo, pero es con la frenética introducción de ‘Mala Conciencia’ cuando las cosas empiezan a ponerse serias. El público que antes parecía escaso se aglomera ahora, empujándose, saltando, soltando las primeras gotas de sudor. La banda no da lugar a descansos. Apenas acabado el ya clásico tema empiezan con otra pieza básica de su repertorio: ‘Botas de Siete Leguas‘, ahora para saltar alocadamente. Van una detrás de otra. Es imposible parar. ¿Se ha acabado ya? Imposible ¿Sí? ¿Cuál va ahora? Tony apunta con el micro al público para que este entone el estribillo de ‘Pinta la Pared‘. Increíble. En apenas diez minutos Eskorzo ha conseguido provocar un movimiento sísmico de 4 grados en la escala de Richter con un público que apenas llega a cien personas. La primera descarga termina con un tema reciente, ‘Mambo Zombi’. Por fin se puede recuperar el aliento.
Tony no es un hombre que hable mucho. Dice lo justo. No le hace falta mucho más. Es un personaje esperpéntico, de facciones caricaturescas y expresión casi endiablada. Lo que viene siendo un guasón. Sonríe con el inicio de cada canción, como anticipando la reacción de un público hipnotizado por sus espasmos. Es este vínculo tan especial el que hace que parezca que cada canción de Eskorzo fuera dirigida personalmente a uno. El siguiente tema, ‘Gilón‘, se puede tomar como el consejo de un sabio y despreocupado Tony que sabe bien de lo que va la cosa: “deja de comerte la cabeza, gilón”. Una canción bu
enrollista, caribeña, que contrasta con la hecatómbica y ya bastante antigua ‘El Tio Bullanguero‘, también conocida como “El Tio del Saco”.
El tono se ha relajado, pero todavía queda algo por venir. Esa canción que causa furor, que te hace temblar de arriba abajo, que te posee como un espíritu de la danza. La guitarra sincopada suena. Percusión tropical de fondo. Un gutural sonido, casi primitivo: “quetequetequetequetequete”. ‘Suave‘ es sin duda la canción revelación de su último disco, habiéndose convertido ya en un clásico indispensable. Sin duda, no es una canción de pogo salvaje, pero ya venía haciendo falta un respiro, lo que no significa que el público deje de saltar y bailar como los locos. Continuando con la línea bailable, ‘El Roto‘ sigue haciendo que te menees como si no hubiera mañana, al igual que la ‘Calle La Amargura‘, canción que termina con el bailoteo para introducir la apoteósica ‘Ruido‘.
El remonte de energía no dura mucho tiempo. Hace tiempo que ya hemos pasado el ecuador del recital y va siendo hora de empezar una recta ascendente que nos suba bien arriba para terminar. Comenzamos abajo con las que probablemente sean dos de mis canciones favoritas del nuevo álbum: ‘Sé Feliz‘ y ‘Ojalá que Estuvieras Aquí‘, lo más parecido a una balada que Eskorzo puede ofrecer. Dos piezas que encajan perfectamente una con la otra y que dan paso a la espacial ‘Paraísos Artificiales‘, la única canción que han podido recuperar de su álbum de mismo nombre en 2009. Pese a tener una atmósfera completamente diferente al resto del repertorio, la canción con toques de U2 no desentona por alguna razón, quedando perfectamente enganchada en esa traca final que continúa con otro de sus nuevos indispensables: ‘Amenaza Fantasma‘. Para terminar, ese ‘Clavelitos’ tan particular y entrañable que siempre acaba en desfase y, como colofón, el funk salvaje y muy Red Hot de ‘Dámelo‘.

Digo terminar porque Eskorzo se despide. Pero como en todo concierto, el acto no es más que una farsa de la que ambos, grupo y público, son cómplices. Todos sabemos que tienen que volver. Todos sabemos que aún queda por sudar. Quedan balas en la recámara y no se hacen de rogar para soltarlas: ‘Reggae Pa’Mai‘, representando un primer disco que nunca envejece, la gitana ‘Somos Pobres‘ para reanimar a un público que corea al son de las trompetas y que se vuelve loco de remate para terminar: ‘Acelera’ y la increíble ‘El Que Tenga El Amor’. Creía que moría en ese pogo.
Estoy sudando como un pollo, apenas siento mi garganta y me encuentro como si me hubiera pasado un camión por encima. Esta noche voy a dormir bien. Eskorzo ha vuelto a demostrar que, sea en España o sea en Londres, haya una o mil personas, pasen dos o diez años, siguen teniendo el mejor directo que he visto en mi vida. La próxima, como siempre, no me la pierdo.

Créditos de fotografías: Federico Walfisch Arroyo.


Perfectamente descrito, eso es lo que produce un concierto de escorzo, yo el próximo tampoco me lo pierdo, son geniales, te llenan de energía y lo dan todo. Con su espectacular directo.