abril 12, 2026

Natalia Doco empuña su «Hacha»

La cantante argentina afincada en París publica su cuarto disco de estudio, «Hacha«, bajo propio sello Casa del Árbol. Una obra que fusiona cumbia, reggaetón y ritmos latinoamericanos con experimentación pop y rock contemporáneo, inspirada en la diosa Kali como símbolo de lucidez y renovación. El álbum llega acompañado de una gira por España que incluye paradas en Madrid, Barcelona, Benicàssim (Rototom Sunsplash), Tenerife y Granada.

Natalia Doco no ha venido a pedir permiso. Con «Hacha«, editado este 2026, la artista cierra un ciclo de transformación personal y lo convierte en un ritual colectivo. «Recuperar nuestro poder es un viaje que sana aunque no sea fácil. El cambio da miedo, pero las brujas tienen un dicho: donde hay miedo, hay poder», cita ella misma en las notas del disco, recuperando las palabras de Starhawk. El título lo dice todo: un hacha de doble filo que corta lo muerto para que nazca lo vivo.

Nacida en Buenos Aires y descendiente de guaraníes por parte de madre, Doco ha construido su obra como una sucesión de ritos de paso. Desde su debut en 2014 con «Mucho Chino«, pasando por «El Buen Gualicho» y «La Sagrada«, sus discos han sido siempre autobiográficos y chamánicos. En «Hacha» da un paso más: ya no solo dialoga con la luna o lo femenino sagrado, sino que invoca la fuerza destructora de Kali, “la diosa de la lucidez”, como ella misma la define.

«El encuentro con Kali, llamada la diosa de la destrucción, aterradora a simple vista. Para mí es la diosa de la lucidez. Ella muestra las partes de una que están desequilibradas o que han terminado para poder cortar de cuajo lo muerto o aquello que drena tu energía», explica la artista durante nuestras entrevista entrevista. Esa lucidez la llevó a una “gran limpieza” en sus relaciones: «una sobre-empatía que no me permitía poner límites y me encerraba en dinámicas tóxicas, justificando lo injustificable».

Compuesto junto al multiinstrumentista Lilian Mille, «Hacha» deconstruye ritmos latinoamericanos (cumbia, reggaetón, chachachá) y los distorsiona sin perder su alma melódica. El disco abre con ‘Intracha‘, una invocación desafiante, y avanza entre himnos de pista de baile (‘Cha Cha Trap‘, ‘Animal‘) y temas más crudos (‘Hacha‘, ‘Juira, Bicha‘). Hay espacio también para la vulnerabilidad y para el placer sin complejos (‘BB‘, ‘Faro con Shaga’, ‘Gatitude‘ con Johan Papaconstantino). Cierra con ‘Portal‘, una plegaria liberadora: «He huido de lo que soy, no soy lo que huyo, ahora soy nueva».

«Elecciones de producción: libertad total de agarrar todo lo que me guste y experimentarlo a mi manera, sin limitaciones de nada. Y letras… todas!! Hacha, como todos los discos anteriores es un viaje, un concepto entero en sí mismo», afirma Doco. Esa libertad la ejerce desde su propio sello, Casa del Árbol, fundado tras una breve y frustrante experiencia con una discográfica tradicional. «Tener mi propio sello fue una necesidad, porque mi deseo de expresión es muy grande y no puede ser limitado. […] Yo no hubiera podido quedarme ni con un millón de beneficios, porque cuando tengo mis visiones artísticas, sólo puedo hacer lo que veo y escucho en mi mente».

La conexión con las culturas amerindias no es folclore turístico: empezó en su propia familia guaraní y se profundizó en viajes al norte argentino y a México, donde vivió como nómada. «La conexión empezó en mi propia familia porque la rama de mi madre desciende de los guaraníes. De todas maneras he comenzado a viajar desde muy joven por una sed enorme de conocimientos y experiencias con las personas y el mundo», cuenta.

Esa búsqueda espiritual (de la iglesia católica a la evangélica, pasando por el chamanismo y el feminismo de Clarissa Pinkola Estés) ha marcado toda su obra. En «Hacha» rechaza dogmas que oprimen a las mujeres y celebra una feminidad «salvaje e indomable».

Para el público español, que la recibirá en directo muy pronto, Doco tiene un mensaje claro: «Lo que más podemos encontrar en mis conciertos es la voz del alma, esa que trasciende todo idioma y toda nacionalidad». Admite que cantar en español es un “plus”, pero insiste en que la conexión es energética: «mi público y yo nos comunicamos con el corazón, con la energía. Y ese es el regalo más grande para mí como artista y como ser humano. Hacha es una experiencia viva, y tiene el espíritu indomable de la femineidad salvaje, no se adapta, no se explica ni se justifica. Se vive».

La artista llegará a España este verano con «Hacha» bajo el brazo. Las fechas confirmadas incluyen Madrid, Barcelona, Benicàssim (donde actuará en el Rototom Sunsplash el 21 de agosto), Tenerife y Granada. Un tour que promete ser tan catártico como el disco: rituales de baile, conjuros y mucha energía femenina liberada.

En un momento en el que las mujeres en la música siguen abriéndose paso con coraje, Natalia Doco no solo representa, sino que encarna: «Las mujeres en la música me dan orgullo. Me puede gustar o no la música, pero tan sólo ver el valor de una mujer para hacer lo que desea hacer y como sea que lo quiera hacer me produce respeto y una alegría profunda».

Preguntada por qué lazos debemos aferrarnos hoy, responde con la claridad de quien ya ha empuñado el hacha: «Para crear un lazo saludable hoy en día yo me aferro a la honra que le tengo a la vida que se me ha dado. Todo vínculo o trato que desmerezca el valor de mi propia vida, se queda fuera. Finalmente la vida es muy corta y siento que es una pena desaprovecharla con toxicidades».

«Hacha» no es solo un disco. Es un acto de soberanía. Y Natalia Doco, con su voz y su hacha en alto, invita a todas a empuñarla también.

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