octubre 24, 2026

Indios ¿existe una manera argentina de hacer pop?

La banda de Rosario reivindica una tradición musical en la que conviven Charly García, Virus, Babasónicos y los Beatles. En «Artificio», su último álbum, esa herencia se mezcla con la teatralidad de Sandro, el melodrama y una pregunta sobre qué significa ser auténtico en el pop.

¿Existe una manera argentina de hacer pop? La pregunta parece sencilla hasta que intentamos responderla ¿Tiene que ver con los artistas que escuchamos en casa, con las palabras que utilizamos, con una determinada forma de cantar el desamor o con una historia musical que termina filtrándose en las canciones incluso cuando no somos conscientes de ello?

Indios, la banda nacida en Rosario, tiene una respuesta: «Indios es una banda que no podría haber surgido en otro lado que no sea Argentina», no es una afirmación de pureza musical ni una reivindicación de fronteras. Al contrario, su explicación pasa por reconocer que una identidad se construye a partir de muchas otras, algunas heredadas y otras incorporadas con el tiempo.

En su último disco, «Artificio«, esa mezcla se manifiesta en una música que mira tanto a la tradición del rock argentino como al pop contemporáneo, que puede coquetear con la canción romántica de Sandro y, poco después, dejarse llevar por una sensibilidad indie y adolescente. Indios no intentan resolver esas contradicciones: prefieren hacerlas convivir.

Una tradición que también se escucha en los Beatles

La identidad musical de Indios empezó a tomar forma a partir de dos corrientes que sus integrantes fueron incorporando durante su juventud. Por un lado, el rock argentino clásico, con nombres como Fito Páez, Charly García y Luis Alberto Spinetta. Por otro, una generación de artistas que llevó el pop hacia territorios diferentes, con Babasónicos y Emmanuel Horvilleur entre sus referencias.

«Para mí, Indios, es un momento, como que se combinaron estas dos cosas», explican. De un lado, «la tradición de la canción argentina más guiada del rock clásico», del otro, «el pop argentino más moderno con el que nos embelesamos en nuestra juventud», nos cuentan Joaquín Vítola y Nicolás de Sanctis. De esa combinación surgió una identidad que no se limita a las canciones, también incluye una relación con la imagen, la provocación y el riesgo, elementos que la banda reconoce como parte de su manera de entender el pop.

Pero hablar de una tradición argentina no significa dibujar una genealogía cerrada. Los Beatles también forman parte de ese mapa, la banda lo expresa con una imagen reveladora: cuando aparece una guitarra de inspiración beatle en una canción de Indios, la pregunta no tiene por qué resolverse entre dos nacionalidades, puede sonar inglesa y argentina al mismo tiempo y es que «la tradición argentina consiste en la mezcla», sostienen.

Esa idea ayuda a entender por qué la identidad musical no necesita construirse contra las influencias extranjeras: las canciones viajan, se incorporan a la memoria colectiva y adquieren significados nuevos cuando pasan por otra cultura.

En el caso de Indios, esa transformación no es únicamente musical también tiene que ver con las palabras, los acordes, las melodías y una manera de expresar las emociones que la banda relaciona con su entorno.

Sandro, el melodrama y lo que aprendemos en casa

En «Artificio» aparecen referencias a la canción popular argentina y a Sandro, una figura que permite acercarse a otra dimensión de la identidad de Indios: la teatralidad. No se trata necesariamente de una influencia estudiada de manera consciente, la banda reconoce que parte de esa relación procede de la cultura familiar, de la música que sonaba durante la infancia y de referencias que terminan incorporándose antes incluso de que uno se plantee qué significan.

«Tus padres te marcan todo, porque en los primeros años sos una esponja más que nunca», explican al hablar de esa herencia. La música que escuchamos entonces no siempre permanece como un recuerdo identificable a veces reaparece en una manera de cantar, en una melodía o en una forma de entender la interpretación.

La banda también relaciona esa memoria con una cierta inclinación hacia lo analógico y con una relación menos automatizada con la tecnología. No todo nace de la búsqueda deliberada de un sonido: hay elementos que llegan de lejos y permanecen ahí, incluso cuando nadie los ha convocado expresamente.

Esa mezcla se percibe también en la forma de abordar el romanticismo. Al hablar de la tradición argentina, uno de sus integrantes señala el melodrama de sus letras, los desamores exagerados, la melancolía y el sentimiento de extrañar. Todo ello conecta, a su juicio, con una sensibilidad que atraviesa el tango y otras formas de la canción rioplatense.

La identidad no estaría, por tanto, en reproducir un género reconocible, sino en una manera de sentir que puede trasladarse a una canción pop contemporánea.

«Artificio«: actuar, construir y sentir

El título del álbum introduce otra pregunta: ¿hasta qué punto una obra artística es una expresión espontánea y hasta qué punto es una construcción?

Para Indios, el nombre permite jugar con esa frontera. «Quizás sea todo mentira lo que está en el disco, quizás sea todo verdad», plantean, no como una confesión sobre las canciones, sino como una invitación a pensar qué significa ser genuino en el arte y si la autenticidad depende de que una obra reproduzca fielmente la experiencia de quien la crea.

La cuestión se vuelve especialmente interesante cuando la banda habla de sus coqueteos con la canción romántica argentina. Indios sabe que no es Sandro, pero puede jugar a interpretarlo, acercarse a su universo y utilizar esa teatralidad como material para una canción propia y que en el mismo disco puede aparecer una sensibilidad mucho más cercana al indie y al imaginario emocional de la adolescencia.

El contraste no es un problema que haya que resolver, es parte de la propuesta: «Son construcciones artificiales pero emotivas también», resumen al explicar el sentido del título. La frase contiene una de las claves de «Artificio«: la música puede estar elaborada, sus gestos pueden ser conscientes y sus referencias pueden reconocerse, sin que eso anule la emoción que transmite.

La originalidad tampoco exige trabajar desde cero. La banda describe el proceso de composición como una mezcla de influencias que pasan por su propia sensibilidad. La intención no es copiar, sino dejar que las referencias permanezcan en el aire y se transformen al entrar en contacto con otras, «es como cosas disímiles que se van incorporando en otras cosas y en esas mezclas extrañas aparecen cosas nuevas», explican.

Una definición que sirve tanto para entender el disco como para volver a la pregunta inicial: una tradición no es un repertorio que deba conservarse intacto, sino una historia que continúa modificándose.

La pausa también forma parte de la historia

Entre «Besos en la espalda» y «Artificio» transcurrieron varios años sin que Indios publicara un nuevo álbum; durante ese periodo, sus integrantes se distanciaron de la actividad del grupo y exploraron otros proyectos. Hoy la banda describe aquella etapa como un distanciamiento necesario, tanto en lo personal como en lo colectivo.

La reunión, cuentan, se produjo de manera natural, sin un gran acontecimiento que permita construir un relato dramático alrededor del regreso, lo que sí cambió fue la manera de trabajar: la experiencia acumulada en otros proyectos reforzó la dimensión colectiva de Indios y permitió abrir el proceso creativo a más colaboradores. Al hablar de «Artificio«, describen esa dinámica como la construcción de algo parecido a un transformer: un conjunto más complejo, capaz de incorporar otras aportaciones sin perder la conexión entre los integrantes de la banda.

Esa conexión sigue siendo central. La apertura no sustituye a la identidad del grupo, sino que necesita apoyarse en ella. Antes de que las colaboraciones puedan ampliar el sonido, Indios debe encontrar su propia sintonía.

Quizá esa idea también ayude a entender por qué la banda no presenta su trayectoria como una evolución perfectamente planificada: las influencias cambian, los proyectos individuales aportan nuevas herramientas y las canciones terminan recogiendo una mezcla de experiencias que no siempre se pueden anticipar.

Una canción no pertenece del todo a quien la escribe

Después de cuatro discos, la banda también ha cambiado su manera de entender el éxito. Los números, las escuchas y los conciertos fluctúan. Lo importante, según explican, es mantener el estímulo y encontrar una forma de trabajar que permita seguir disfrutando del proyecto sin perderse en la búsqueda de cifras cada vez mayores.

La respuesta conecta con otra de las ideas que atraviesan «Artificio«: la relación entre lo que un artista cree estar haciendo y lo que los demás encuentran en su obra. Indios prefiere no decirle al público qué debería sentir al escuchar el disco. De hecho, consideran que las interpretaciones de quienes escuchan pueden ser más acertadas o reveladoras que las de sus propios autores: una canción que el grupo no tenía entre sus favoritas puede convertirse en la más importante para alguien que la escucha en el momento preciso, por eso, antes que proponer una lectura definitiva, la banda prefiere escuchar qué encuentra el público en sus canciones. Esa libertad permite que una obra continúe creciendo más allá de la intención con la que fue creada.

Volvemos así a la pregunta que atraviesa el disco: si la identidad musical se construye con canciones heredadas, influencias que llegan de otros lugares, recuerdos familiares y experiencias que cambian con los años, ¿qué significa ser original? Para Indios, quizá no se trate de borrar esas huellas ni de demostrar que una canción pertenece exclusivamente a una tradición, al contrario, se trata de incorporarlas, transformarlas y dejar que convivan, incluso cuando parecen contradictorias.

La manera argentina de hacer pop que reivindica la banda no es una fórmula ni un sonido único. Es una historia de mezclas: el rock clásico, el pop contemporáneo, los Beatles, Sandro, el tango y una sensibilidad propia que convierte todo ese material en algo distinto.

Y, una vez publicada, la canción deja de pertenecer por completo a quienes la hicieron, el oyente puede encontrar en ella algo que sus autores nunca habían previsto. Quizá también ahí resida una parte de su artificio: construir una obra con cuidado y, después, aceptar que su significado ya no está enteramente en nuestras manos.

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