septiembre 29, 2026

Madee, 25 años después: «Si sigues contando las mismas historias y de la misma forma, mejor no cuentes nada»

Ramón Rodríguez y Capi repasan para Hipsterian Circus los 25 años de Madee, una historia construida sobre la evolución, la amistad y una forma de entender la música al margen de la presión por triunfar.

Hay grupos que sobreviven al paso del tiempo porque se convierten en instituciones, otros porque aprenden a explotar su propio pasado y después están los que simplemente siguen tocando porque todavía quieren hacerlo juntos.

Veinticinco años después de su debut discográfico, Madee sigue haciendo canciones, entrando en un estudio y subiendo a un escenario sin que parezca necesario encontrar una explicación demasiado sofisticada para ello, quizá porque la explicación sea precisamente esa: siguen siendo amigos.

«Somos el mismo grupo de personas tocando y haciendo música juntos, ¿para qué cambiar el nombre del grupo?», explica Ramón Rodríguez. Y enseguida añade una frase que podría funcionar como declaración de principios para toda una trayectoria: «Si en 25 años sigues contando las mismas historias y de la misma forma, mejor no cuentes nada».

Ahí está probablemente la diferencia entre conservar una identidad y conservarse a uno mismo.

No han vuelto para recuperar el pasado

Madee han tenido varias vidas. Han desaparecido, han regresado, han vuelto a grabar, han celebrado su propio legado y han continuado escribiendo canciones cuando la nostalgia podría haber sido una solución mucho más sencilla.

Pero Ramón no habla de regreso en términos de recuperación, «no estamos intentando recuperar nada porque no echamos nada en falta», asegura. El grupo, explica, siempre ha estado disponible cuando lo han necesitado y si sigue existiendo hay una razón mucho menos épica y bastante más poderosa: «el grupo sigue intacto porque somos buenos amigos, nos gusta hacer canciones juntos, nuestra amistad es lo que mantiene vivo al grupo, desde siempre».

Capi lo explica desde otro lugar. Volver a Madee significa también «volver a conectar con una parte de ti» que lleva ahí desde el comienzo, integrada en la propia identidad. Las dos respuestas parecen distintas, pero conducen al mismo sitio. No se trata de volver atrás, se trata de volver a encontrarse.

Y quizá por eso Madee pueden tocar canciones antiguas sin convertirlas en piezas de museo. Capi reconoce que con el tiempo una canción puede recibirse de otra manera, descubrir matices que antes no estaban ahí o que ellos mismos no eran capaces de percibir. Ramón, que escribió las letras de los cuatro primeros discos, lo resume desde la experiencia de tocar aquellas canciones hoy: «la energía es la misma», aunque ahora la siente «más pura y concreta». Incluso llega más lejos: cree que están tocando «mejor que nunca», más conscientes y enfocados.

No es nostalgia, es perspectiva.

Veinticinco años también son una forma de conocerse

Mantener una banda durante un cuarto de siglo parece, desde fuera, una hazaña. Desde dentro, quizá tenga más que ver con aprender a convivir. Madee apenas han sufrido cambios en su formación, más allá de dos sustituciones en la batería, los catalanes no han necesitado convertir sus desacuerdos en mitología rockera ni fabricar conflictos donde no los había.

«Malentendidos hay siempre en todas las relaciones», dice Ramón. En su caso, añade, nunca hubo nada grave. Cuando aparecieron diferencias, la amistad, el respeto, la empatía y la delicadeza permitieron resolverlas. Es una respuesta casi antirromántica para una banda de rock y precisamente por eso resulta extraordinaria, porque quizá la longevidad no consista en evitar los conflictos, sino en construir una relación que permita atravesarlos.

Hacer canciones sin preguntarse cuánta gente las escuchará

Hay otra idea que atraviesa las respuestas de Madee y que resulta especialmente interesante en un momento en el que buena parte de la conversación musical parece organizada alrededor de cifras, escuchas, seguidores, entradas, festivales, algoritmos, audiencias… Madee nunca parecen haber jugado demasiado a eso. «Nunca hicimos esto con más aspiración que intentar hacer canciones que nos pudieran gustar», explica Ramón. La cantidad de personas que pudieran escucharlas, asegura, nunca condicionó su música.

Si ahora alguien los considera una banda de culto, dice, probablemente sea porque siempre avanzaron en esa dirección. No parece una estrategia y eso es precisamente lo interesante.

Capi reconoce que existen personas para las que una canción de Madee ha significado algo importante, incluso decisivo. Esa relación intensa entre una obra y un número limitado de oyentes puede ser una de las formas más difíciles de conseguir en la música. No necesariamente porque sea más valiosa que una audiencia masiva, sino porque no puede fabricarse fácilmente.

¿Qué industria?

Cuando la conversación llega a la industria musical, Ramón vuelve a desmontar el decorado: «¿Qué industria?», pregunta.

Su respuesta apunta hacia las grandes empresas que obtienen beneficio de aquello que crean los músicos. Pero su verdadera preocupación está en otro lugar: «El problema es meter algo tan hermoso como escribir canciones en esa cadena de producción».

Madee, dice, han tenido la suerte de poder hacer siempre lo que les apetecía.

Capi coincide desde una perspectiva diferente. Reconoce que el ecosistema actual premia la rapidez y que todo parece más efímero, pero insiste en que ellos nunca han sentido la presión de tener que hacer un disco determinado, alcanzar una cifra concreta de ventas o llegar a una determinada audiencia. «Hemos hecho siempre las cosas por gusto», explica, es una frase sencilla, y quizá hoy sea una frase radical. No porque hacer música al margen de las cifras garantice nada. Tampoco porque la industria sea necesariamente el enemigo. Sino porque Madee han construido su trayectoria sin permitir que esas variables se conviertan en la razón para hacer canciones.

Fuera de la burbuja también existe música

Ramón introduce además una cuestión que va más allá de Madee: «pienso que el error es dar voz solo a los festivales y a los números», afirma. La frase importa porque no está diciendo que los festivales no existan ni que los números sean irrelevantes, está señalando otra cosa: la tendencia a convertirlos en la única forma de medir aquello que está ocurriendo.

Según Ramón, siguen existiendo circuitos alternativos, salas y espacios para tocar en directo que quedan fuera de esa mirada dominante. «Ahora están silenciados», sostiene, porque el marketing ha terminado ocupando buena parte del relato.

La música que no aparece en determinadas cifras no ha desaparecido necesariamente quizá simplemente hemos dejado de mirar.

Y esa idea merece que volvamos sobre ella otro día.

La canción deja de ser del músico

Desde los tres discos surgidos durante la pandemia, las letras de Madee pertenecen al fotógrafo y poeta estadounidense Mark Swanson. Capi recuerda que esas letras nacen de sus experiencias, reflexiones y emociones, pero también señala algo esencial: quien escucha una canción puede hacerla suya desde una experiencia completamente distinta. «Cualquier expresión artística llega un momento en que ya no pertenece realmente o exclusivamente a quien la ha creado», explica. Pasa a formar parte de algo más universal.

Es una idea poderosa para una banda cuya historia ha estado siempre atravesada por el tiempo.

Porque quizá eso sea también envejecer con las canciones: descubrir que ya no significan exactamente lo mismo que cuando fueron escritas. Y aceptar que tampoco tienen por qué hacerlo.

Entonces, ¿por qué seguir?

Después de 25 años, ocho discos y varias vidas de Madee, queda la pregunta más sencilla: ¿por qué?

La respuesta de Capi no tiene que ver con la carrera, el reconocimiento ni la obligación de mantener viva una trayectoria. Habla de la sensación de tocar juntos, de esa dimensión particular que aparece cuando los músicos están ensayando o tocando y todo lo demás desaparece. Una especie de trance, durante un rato no existe nada más: ni la edad, ni los discos anteriores, ni las cifras, ni siquiera el dolor… Solo ellos tocando. Entonces entendemos qué significa que la amistad mantenga viva una banda: no significa que cinco o seis personas se quieran mucho, significa que todavía existe un lugar al que pueden entrar juntos y al que no podrían llegar por separado.

Madee llevan 25 años cambiando las historias porque ellos también han cambiado. Lo extraordinario no es que sigan siendo los mismos, lo extraordinario es que sigan queriendo estar juntos para averiguar quiénes son ahora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *