julio 21, 2024

Whisky Caravan: «Se está perdiendo el valor artístico de la música»

En un escenario musical dominado por el streaming, las tendencias fugaces y la búsqueda de la rentabilidad a toda costa, Whisky Caravan se alza como un bastión del rock auténtico, emocional y comprometido.

Su último disco, «Imaginaciones«, nacido en las entrañas de la pandemia, es un reflejo de su espíritu resiliente y creativo. Un trabajo gestado a distancia, pero que no ha perdido ni un ápice de la energía y la pasión que caracterizan a la banda.

Para Whisky Caravan, el rock no es solo un estilo musical, sino una forma de vida, una actitud y una manera de expresarse. Su música es un canto a la libertad, la rebeldía y la búsqueda de la verdad, valores que siguen resonando con fuerza en las nuevas generaciones.

La gira nacional de «Imaginaciones» llega a su fin, dejando un reguero de emociones y recuerdos imborrables. Su música es un faro de esperanza para aquellos que aún creen en el poder transformador del rock and roll ¡Bienvenidos al mundo de Whisky Caravan!

Pregunta – Desde el lanzamiento de «Imaginaciones», ¿cómo describirías el viaje emocional y artístico que han experimentado como banda hasta el día de hoy?

Respuesta – Nuestro viaje con la música siempre es intenso, emocionante, terapéutico, inspirador y sorprendente. En esta gira hemos recorrido muchos lugares de España, incluso en varias ciudades hemos hecho segunda vuelta, y ha sido realmente enriquecedor para nosotros ver como vamos cosechando público y experiencia a medida que vamos recorriendo el camino.

P. – Sabemos que cada álbum es único en su proceso de creación. ¿Cómo fue el proceso de composición y producción de «Imaginaciones» en comparación con sus trabajos anteriores?

R. – Fue algo diferente al proceso de álbumes anteriores ya que en esta ocasión lo compusimos durante la pandemia. Los primeros temas los estuvimos montando por videollamada al principio del confinamiento estricto. Pero pronto nos pudimos reunir y trabajar como siempre lo hemos hecho.

P. – La industria musical está en constante cambio. La tecnología, las tendencias sociales y las preferencias del público están transformando la forma en que se crea, consume y monetiza la música ¿Se está perdiendo el valor cultural de la música en favor del mero entretenimiento?

R. – Se está perdiendo el valor artístico de la música en favor de la industrialización extrema. Antes la música era un arte que aportaba beneficio económico, ahora la música es un producto que debe aportar riqueza, puro negocio. Algo que se puede vender y replicar una y otra vez con diferentes nombres, se explota hasta que haya que reinventar y volver a replicar lo mismo con otro nombre nuevo.

En realidad es algo lógico viviendo en un mundo capitalista que se rige por números y mediciones de ganancias. Lo ilógico sería lo contrario. Es el mundo en que vivimos. Hacer algo por pura pasión, algo honesto o algo artístico, ahora es lo raro; y llegará un momento en el que será solo un recuerdo.

P. – Con el auge de plataformas de streaming como Spotify y Apple Music, ¿cuáles son los desafíos más prominentes en términos de equidad y justicia en los pagos? ¿Pensáis que el modelo actual de distribución de ingresos de estas plataformas necesita reformas para ser más justo para los artistas?

R. – No somos mucho de mirar la economía de la industria ni las gráficas anuales, no estamos aquí para ver si nos roba más Spotify o Youtube, sabemos que nos roban, todos lo hacen. Esas plataformas tienen un aro, y si quieres que la gente te escuche, debes pasar por ese aro. No le damos muchas vueltas, nosotros solo queremos hacer música, y ellos solo quieren hacer dinero, y cada uno se dedica a lo suyo.

P. – Como hemos dicho la cultura se está convirtiendo en entretenimiento y ocio, un claro ejemplo es el auge de los festivales, ¿cómo pensáis que esto está impactando en el circuito de salas?

R. – Pues de forma negativa para el arte. A nosotros nos gustan mucho más las salas, hacer nuestro show para el público que haya decidido venir a escucharnos en directo. Lo que sí notamos es que hay muchos grupos que funcionan en festivales y luego en salas las pasan putas. Y también que en salas se cuelan demasiadas bandas tributo, formaciones que están ocupando el lugar que deberían estar ocupando las nuevas bandas.

Posiblemente todo esté relacionado con la manera en la que la industria se está dedicando a polarizar lo muy rentable frente a lo no tan rentable. Creo que se abre un abismo entre ambas franjas, y eso provoca que en las salas ya no rente tanto llevar nuevas bandas y quizás sea más rentable meter otro tributo a Marea o Héroes del Silencio. Es una pena, pero de nuevo, y por desgracia, los números mandan.

P. – Siempre ha habido debates sobre el estado del rock, con afirmaciones de que «el rock está muerto». ¿Cuál es su perspectiva? ¿La nueva generación sigue interesada en el rock o es un género que está perdiendo relevancia en comparación con otros?

R. – Gran parte de la nueva generación está interesada en lo que le han dicho que se tiene que interesar, y en esos intereses no está el rock, por muchas razones, la mayoría quizás desconocidas. Algunas de esas razones quizás sean que el rock es demasiado libre, demasiado rabioso, a veces demasiado profundo, también reivindicativo, muy emocional, y puede que también políticamente incorrecto. Esto significa que es pasional, es emocional, y no se puede replicar, por lo tanto no se puede explotar en cadena. Quizás también existan razones de sequía en el panorama del rock, ahora mismo no hay movimientos de rock nacional identificativos como los había antes. El rock es un género orgánico y emocional, y debe estar constantemente vivo, si se estanca, se muere.

Ahora la industria está mucho más interesada en vender otros valores que nada tienen que ver con el rock, ahora se valora lo material, lo físico, el aspecto, la belleza, lo inmediato, lo viral. Son valores que ayudan a crear un producto replicable y explotable y al mismo tiempo a “educar” y “generar” el público que a la industria le interesa.

O puede que todo esto solo sea una chorrada y ya no haya escena de rock simplemente porque ya no hay nuevo rock lo suficientemente bueno. De cualquier modo, nosotros podemos atestiguar que ciertos sectores de las nuevas generaciones sí están interesados en el rock. Vemos personas de muy diferentes edades entre nuestro público, entre las que se encuentran muy a menudo, jóvenes adolescentes e incluso niños de edades muy tempranas, en ellos depositamos nuestras mayores esperanzas.

P. – Para ir concluyendo la entrevista, el final de la gira nacional de «Imaginaciones» está ahí, a la vista, ¿cómo ha sido la experiencia hasta ahora? ¿Qué momentos han sido los más memorables durante esta gira?

R. – Cada día que nos hemos subido a un escenario en esta gira ha sido memorable, para nosotros tocar frente a un público que ha decidido pagar una entrada para vernos y escucharnos en directo es lo más memorable que nos puede pasar. Cada una de esas personas están aportando su cariño, su tiempo y su pequeño esfuerzo económico en mantener este proyecto. La fe y la ilusión se mantienen gracias a ellos. Durante esta gira nos hemos sentido muy queridos, hemos disfrutado mucho del público, y lo vamos a celebrar a lo grande dando lo mejor de nosotros el próximo sábado 8 de junio en La Riviera. Hemos preparado un concierto muy especial que ninguno de los asistentes olvidarán.

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