
El viernes estuve en una gran fiesta. La madrileña Moby Dick se inundó de amigos, músicos y gente dispuesta a disfrutar de dos buenos conciertos. Un encuentro de dos bandas que actualmente cantan en castellano y que comparten el tener personalidad propia y dejarse la piel en el escenario como si fuera la última vez.
desmesurado talento no sólo para cantar, sino para inyectar al público divertidas y buenas dosis de ocurrencias. Con ellos, nos llevamos en el bolsillo melodías contagiosas, contundentes y con fuerza que esperamos sigan aterrizando en escenarios y llegando bien alto, cual Astronautas.
Con Red boots y Just try! de sus anteriores trabajos, los instrumentos comenzaron a bullir. La energía arrolladora que llevan siempre consigo atrapó los esqueletos que brincaban con la banda frenéticamente. Después, todo el repertorio de Los años muertos desde cambio de filo, pasando poruna hoja de ruta que nos llevó hasta viaje a Tasmania guiados por el quinto dedo, tuvimos momentos de reinado donde subimos al cielo en ascensor. Camino la cual tuvo una dedicatoria muy especial, envolvió el ambiente de ternura y romanticismo en un increíble acústico. Revolution y What to do fueron una declaración de intenciones que fueron despidiendo a los gemelos Rubén y Pablo, Arturo, Iván y Álex (felicitación de cumpleaños incluida).



