octubre 20, 2026

Ruto Neón, “yo puedo ser un payaso, pero si te gusta mi música estamos hablando de algo diferente”

Ruto Neón ha convertido el humor, los memes y los vídeos virales en una vía de entrada a la música, pero detrás del personaje hay canciones sobre inseguridades, miedo y aquello que le atormenta. El resultado es un proyecto que parece cambiar constantemente sin dejar de saber exactamente qué quiere hacer

Hay artistas que pasan años intentando construir una identidad reconocible. Buscan un sonido, una estética, una manera de vestir, una forma de hablar y, si todo funciona, llega un momento en que basta con escuchar unos segundos de una canción para saber quién está detrás. Ruto Neón parece haber elegido el camino contrario o quizá simplemente nunca se planteó que tuviera que elegir uno.

Porque Ruto Neón puede ser una canción, un videoclip, una broma, un doblaje absurdo, una entrevista viral, una colaboración inesperada o un tipo que acaba cubierto de sangre mientras suena una versión lo-fi de ‘Blanca Navidad‘, y, sin embargo, en el centro de todo sigue habiendo algo mucho menos confuso: canciones.

Ahí está la primera paradoja de Bruno Laencina, Ruto Neón no sabe muy bien qué es Ruto Neón y quizá ahí esté la gracia.

Primero fueron canciones, después llegó todo lo demás

El proyecto no nació con la intención de convertirse en el pequeño universo de humor, música e imágenes que es hoy.

Al principio solo iban a existir canciones y acompañamientos visuales psicodélicos opero Ruto Neón apareció apenas dos meses antes de que llegara la pandemia y aquel contexto obligó a cambiar los planes.

El primer gran desvío llegó con una versión lo-fi de ‘Blanca Navidad‘, la canción podía haber quedado en eso, una reinterpretación navideña más, pero Bruno y Jose, batería de la banda, decidieron acompañarla con un videoclip en el que se regalaban cosas hasta terminar cubiertos de sangre en una pelea a muerte, “Fue una alegría inmensa tener la libertad de hacer algo así”, recuerda.

Después llegaría ‘Eres mi BB <3‘, un videoclip en el que Bruno va perdiendo peso hasta terminar nueve kilos por debajo de su peso inicial. Todo por una broma que él mismo define, con una precisión difícil de discutir, como “tontísima” y ahí empieza a aparecer la lógica de Ruto.

No la de un artista que ha decidido romper con las reglas de la música, sino la de alguien que ha descubierto que hacer música también puede ser una excusa para hacer prácticamente cualquier otra cosa que le apetezca.

“La constante es la misma, Ruto Neón era un vehículo para hacer lo que nos apeteciera”, explica. Y añade una precisión importante: la música sigue siendo “la pieza central de todo como debe ser”, esa aparente contradicción es probablemente la mejor manera de entender el proyecto.

El meme como puerta de entrada a la música

Durante los últimos años se ha convertido en una obligación casi industrial que un músico sea también creador de contenido. Tiene que grabar vídeos, contar cosas, hacer promoción, mantener las redes, alimentar al algoritmo y encontrar alguna manera de conseguir que alguien detenga el dedo antes de seguir deslizando. Ruto Neón encontró una vía distinta, antes incluso de que las bromas fueran parte tan reconocible de su proyecto, Bruno creó una página de doblajes llamada @lorecordabamejor, desde la que ponía voces absurdas a artistas que le gustaban (algunos vídeos superaron los diez millones de visitas) pero lo interesante no fueron solamente las visitas.

Algunos de aquellos artistas (Vera Fauna, Lori Meyers, Varry Brava o Muerdo) recibieron las bromas, se rieron y acabaron interesándose por quien estaba detrás de ellas. Después llegaron las colaboraciones musicales. De repente, el meme había dejado de ser un contenido paralelo, se había convertido en una puerta y detrás de esa puerta había una carrera musical.

Hace unos años habría parecido una desviación bastante improbable: primero haces una parodia de un músico, después ese músico escucha tus canciones y, finalmente, acabas compartiendo escenario con él. A Ruto Neón le ha ocurrido: “ha sido un viaje bastante surrealista”, reconoce al recordar que hacer una parodia de Noni terminó llevándole a tocar con él y a contar incluso con su voz en una canción.

Internet, en este caso, no sustituyó a la música, la llevó hasta lugares a los que quizá la música sola habría tardado mucho más en llegar.

La cuestión es qué sucede cuando el medio que te permite encontrar público también empieza a condicionar aquello que haces. Porque internet tiene una característica bastante incómoda: enseña rápidamente qué funciona y cuando algo funciona, invita a repetirlo.

Ruto Neón reconoce que las redes pueden convertirse en una carga si no encuentras tu propio discurso. Pero también las entiende como una oportunidad extraordinaria para seguir creando material original y divertido. Hay una diferencia importante en su planteamiento, no quiere utilizar las redes únicamente como una página publicitaria de la banda. De hecho, dice que le “encanta” hacer ese trabajo y que incluso producen sus propios videoclips, la cuestión deja entonces de ser si un músico debe convertirse en creador de contenido: Ruto ya lo es. La cuestión es qué ocurre cuando el contenido sigue teniendo algo que decir incluso cuando no está vendiendo una canción.

El algoritmo quiere una fórmula Ruto no parece tener ninguna

Aquí aparece uno de los conflictos más clásicos de la música contemporánea. Como hemos comentado: internet premia la repetición, es básico si una fórmula funciona, se mide, se reproduce y se vuelve a intentar.

La carrera de Ruto Neón parece construirse justo en la dirección contraria: cuando se le pregunta cómo aprovechar ese sistema sin terminar componiendo pensando en lo que va a funcionar, no ofrece una fórmula alternativa contesta: “Sinceramente no lo sé» y, sin duda, se trata de una de las respuestas más honestas de toda la entrevista.

Lo que sí tiene claro es otra cosa: hacer música que quiera escuchar. Reconoce que la música también es un negocio y que, si quieres entrar en ese campo, tienes que jugar con determinadas reglas pero asegura que han elegido “el camino largo” de no pasar por el aro y ver hasta dónde les lleva.

Hay algo casi antiguo en esa idea, no saber qué funciona y seguir haciéndolo igualmente.

El payaso que se toma las canciones muy en serio

Entonces llegamos a ese punto en el que aparece la contradicción que hace que todo lo anterior tenga sentido: Ruto Neón no parece especialmente interesado en construir esa aura de artista intocable que durante décadas ha acompañado a determinadas escenas musicales.

Él mismo reconoce que hay artistas capaces de mantener siempre las formas, conservar una imagen cool y controlar cada movimiento. Él no. Suda en el escenario, se mancha la camiseta comiendo churros, incluso una vez se tropezó con una alfombra durante un concierto y el público pensó que formaba parte del espectáculo y esta anécdota resume bastante bien su relación con el personaje. “Soy incapaz de subir a un escenario y no sudar como un loco”, explica, pero el humor no significa que las canciones sean una broma.

De hecho, ocurre exactamente lo contrario.

Cuando desaparecen las redes, los vídeos y las bromas, queda un repertorio bastante más introspectivo de lo que podría sugerir la imagen pública de Ruto Neón. Habla de sus miedos, sus inseguridades y aquello que le atormenta.

Solo que esas canciones llegan envueltas en producciones psicodélicas, disco, funk, pop y música bailable. La fórmula podría resumirse de una manera bastante sencilla: llorar las penas bailando y entonces Bruno pronuncia la frase que probablemente mejor explica todo el proyecto (y que por ello da título a esta entrevista): “Yo puedo ser un payaso, pero si te gusta mi música estamos hablando de algo diferente”. Tengamoslo claro: no está reivindicando que detrás del personaje exista un artista serio, está diciendo algo más interesante: que no necesita parecer serio para que su música lo sea.

¿Qué queda de Ruto Neón si desaparece internet?

La pregunta es inevitable: i mañana desaparecieran TikTok, Instagram y YouTube, ¿qué quedaría? La respuesta de Ruto es bastante contundente: las canciones y, sobre todo, los conciertos; porque cuando habla de aquello que realmente le importa, el discurso vuelve una y otra vez al directo. Dice que es su “cosa favorita del mundo”.

Es significativo.

El proyecto que parece más dependiente de internet encuentra su centro precisamente en un lugar donde internet desaparece durante unas horas. Una sala. Un escenario. Un grupo de personas. Una canción. Y alguien bailando.

Quizá ahí esté la prueba definitiva de que Ruto Neón no es un personaje construido para las redes, las redes son uno de los lugares donde Ruto Neón existe pero no son el lugar donde termina.

Hay otra característica de esta forma de entender la música que resulta menos visible: la capacidad de decir que no.

En una época en la que un artista independiente puede sentir que tiene que aprovechar absolutamente cualquier oportunidad para no desaparecer, Bruno cuenta que ha rechazado posibilidades que podían haber supuesto un empujón importante para su carrera. No porque no entienda el valor de esas oportunidades, precisamente porque lo entiende no quiere sacrificar una manera de entender la vida por un atajo que le lleve a un lugar donde ya no disfrute estar.

Eso también forma parte de una identidad, quizá incluso más que una estética.

Ruto no es Bruno pero tampoco deja de serlo

A estas alturas quizá la pregunta inicial se pueda formular de otra manera ¿Cuánto hay de Bruno en Ruto Neón? La respuesta no conduce a un personaje perfectamente delimitado, “Ruto es un poco lo que me apetezca a mí que sea esa semana”, dice pero inmediatamente aparece otra parte fundamental de la historia: Ruto tampoco es solamente Bruno.

Está Andrea Glez, está Jose, está Óscar de La Semilla, están Maxi, Víctor y Pablo. Personas que participan en la construcción visual, musical y práctica del proyecto. Lo que empezó como un vehículo para hacer lo que les apeteciera se ha convertido en una familia y eso, de nuevo, introduce una última contradicción. Ruto Neón puede cambiar de identidad porque ha conseguido construir una comunidad que no depende de que cada cosa que haga se parezca a la anterior.

Hacer música como forma de aprovechar la vida

Quizá por eso la respuesta más importante de la entrevista llegue cuando dejamos de hablar de Ruto Neón. Bruno dice que no entiende la vida sin un concierto en el horizonte, sin una canción que está deseando sacar, sin coger una guitarra y cantar canciones de los Beatles con amigos. Hacer una canción, dice, produce una sensación que no encuentra en ningún otro sitio.

La única actividad que le proporcionaba algo parecido era el skate. Después de 19 esguinces, un menisco roto, las muñecas destrozadas y un hombro que, según sus propias palabras, está “prácticamente para tirarlo a la basura”, tuvo que aceptar que aquella etapa había terminado.

La música no parece ocupar ese lugar como sustituto, parece ocuparlo como continuación.

Quizá Ruto Neón no necesite saber qué es

Hay artistas que construyen su identidad intentando que todo encaje. Ruto Neón parece haber encontrado otra posibilidad: que las cosas no tengan por qué encajar mientras exista una razón para seguir haciéndolas.

El meme puede llevar a la canción, la canción puede llevar al escenario, el escenario puede llevar a una colaboración, una colaboración puede devolver al meme y todo puede volver a empezar.

En ese recorrido, la identidad no está necesariamente en un sonido reconocible ni en una estética que deba repetirse hasta convertirse en marca. Está en la forma de tomar decisiones. En hacer lo que apetece. En intentar no pasar por el aro. En aceptar que una broma puede abrir una puerta inesperada. En tomarse las canciones en serio sin necesidad de tomarse demasiado en serio a uno mismo. Y, sobre todo, en poder cambiar sin sentir que cambiar significa dejar de ser quien eres.

Quizá por eso Ruto Neón no sepa muy bien qué es Ruto Neón.

Y quizá ahí esté precisamente la gracia.

Porque mientras el algoritmo intenta descubrir qué versión de un artista puede funcionar mejor, Ruto parece empeñado en seguir averiguando qué versión le apetece ser mañana.

Y, de momento, sigue teniendo canciones que hacer.

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