Hay películas que se olvidan al encender la luz y otras que consiguen instalarse en algún rincón de la cabeza. De los fantasmas al duelo, de la paranoia a los miedos más cotidianos, estas diez películas demuestran que el terror no siempre termina cuando aparecen los créditos.
Halloween es una buena excusa para volver al cine de terror (si es que fuese necesario un excusa para disfrutar de un poco de sangre y llevarse un par de sustos), para recuperar algún clásico, descubrir una película que se nos había escapado o comprobar si todavía somos capaces de dormir después de una buena sesión de miedo pero no todas las películas inquietantes funcionan de la misma manera. Algunas viven del sobresalto, otras construyen una atmósfera que cuesta sacudirse y unas cuantas encuentran su mayor virtud en aquello que cuentan sobre nosotros.
Esta selección no pretende establecer un canon ni ordenar las mejores películas de terror de todos los tiempos. Reúne diez títulos que, por motivos muy distintos, permanecen en la memoria después del último plano porque hay monstruos que desaparecen cuando termina la película y otros que, de alguna manera, se vienen a casa con nosotros… (y que acechan tras las puertas).
‘Amenaza en la sombra‘ (Nicolas Roeg, 1973)
Hay pocas películas que hayan entendido tan bien el poder de la pérdida y la incertidumbre como Amenaza en la sombra. Donald Sutherland y Julie Christie interpretan a un matrimonio que viaja a Venecia después de la muerte accidental de su hija. Allí, entre canales, callejones y edificios que parecen esconder algo, comienzan a suceder cosas difíciles de explicar.
Nicolas Roeg construye un relato en el que el duelo, la memoria y lo sobrenatural se confunden hasta hacer que el espectador dude de lo que está viendo. Su terror no depende de mostrar demasiado, sino de conseguir que cada imagen parezca anunciar una desgracia. Una película que demuestra que el miedo también puede tener forma de tristeza.
‘La cosa‘ (John Carpenter, 1982)
Un grupo de investigadores aislados en una base antártica descubre que algo ha llegado hasta ellos. Una criatura capaz de imitar cualquier forma de vida convierte la convivencia en una pesadilla. En La cosa, el peligro no está solamente fuera: puede encontrarse sentado a tu lado.
John Carpenter transforma el aislamiento en una máquina de generar paranoia: nadie sabe quién sigue siendo humano, cada gesto puede esconder una amenaza y la confianza se convierte en un lujo imposible. Sus efectos especiales siguen siendo una de las grandes exhibiciones del terror físico, pero lo que permanece es esa sensación de desconfianza absoluta. Pocas películas han hecho que mirar a otra persona resulte tan inquietante.
‘El proyecto de la bruja de Blair‘ (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999)
Tres jóvenes cineastas se adentran en un bosque para investigar una leyenda local. Llevan cámaras, equipo de sonido y la intención de documentar una historia que parece demasiado buena para ser cierta. Después, desaparecen. Lo que queda es el material que supuestamente grabaron.
El proyecto de la bruja de Blair cambió la relación entre el espectador y el miedo. Su mayor acierto consiste en retirar casi todo aquello que el cine de terror suele enseñar: no hay una criatura que aparezca constantemente ni una explicación que permita ordenar lo sucedido. Hay oscuridad, sonidos, discusiones y la angustia de no saber dónde está la salida.
Más de dos décadas después, sigue siendo un ejemplo extraordinario de cómo la imaginación puede resultar más aterradora que cualquier monstruo.
‘Babadook‘ (Jennifer Kent, 2014)
Una madre viuda intenta sacar adelante a su hijo mientras ambos conviven con una presencia que parece haber salido de un inquietante libro infantil. El monstruo de Babadook tiene una silueta reconocible, pero Jennifer Kent está interesada en algo bastante más complejo que una historia de apariciones.
La película utiliza el terror para hablar de la maternidad, el agotamiento y un dolor que no encuentra la manera de expresarse. El miedo se instala en una casa donde la convivencia se ha vuelto difícil y donde los sentimientos que nadie quiere reconocer terminan adquiriendo una forma monstruosa. Es una de esas películas que ganan con el tiempo porque, detrás de sus imágenes más perturbadoras, hay una historia profundamente humana.
‘It Follows‘ (David Robert Mitchell, 2014)
Una joven mantiene un encuentro sexual y descubre que ha contraído una maldición: una presencia puede adoptar la apariencia de cualquier persona y caminar lentamente hacia ella: no corre, no necesita esconderse y nunca deja de avanzar. Si alcanza a su víctima, la mata.
La premisa de It Follows es tan sencilla como eficaz. David Robert Mitchell convierte una amenaza aparentemente fácil de esquivar en una fuente constante de ansiedad. Basta con mirar al fondo de una calle, observar a alguien que camina hacia nosotros o descubrir una figura en una habitación para que vuelva la inquietud. Su música y sus espacios suburbanos construyen una pesadilla que parece no tener fecha ni lugar concretos. El miedo, aquí, es saber que algo viene y que tarde o temprano llegará.
‘La bruja‘ (Robert Eggers, 2015)
En la Nueva Inglaterra del siglo XVII, una familia puritana vive aislada junto a un bosque. La desaparición de un bebé y una sucesión de acontecimientos inexplicables hacen que la convivencia se deteriore hasta convertirse en una espiral de sospechas y fanatismo.
Robert Eggers construye en La bruja un terror de época que evita los sobresaltos fáciles. La religión, la culpa, la represión y el miedo a lo desconocido forman parte de un mismo paisaje.
La película inquieta tanto por aquello que sucede en el bosque como por lo que ocurre dentro de la familia. Su atmósfera opresiva y su cuidado por el lenguaje y los detalles históricos hacen que el relato parezca una pesadilla extraída de otro siglo.
‘Déjame salir‘ (Jordan Peele, 2017)
Chris viaja con su novia para conocer a sus padres. Lo que comienza como una visita familiar algo incómoda va adquiriendo una dimensión cada vez más siniestra: la amabilidad excesiva, los comentarios aparentemente inocentes y determinados comportamientos terminan componiendo un escenario de pesadilla.
Jordan Peele utiliza los códigos del terror para construir una sátira sobre el racismo y las relaciones de poder en Estados Unidos. Déjame salir funciona como una historia de suspense, pero también como una película que obliga a mirar de otra manera situaciones que, en apariencia, podrían pasar por normales. Su mayor inquietud nace precisamente de ahí: de descubrir que lo verdaderamente monstruoso puede esconderse detrás de una sonrisa.
‘Lake Mungo‘ (Joel Anderson, 2008)
Después de la muerte de una adolescente, su familia intenta reconstruir lo sucedido. A través de entrevistas, fotografías y grabaciones, Lake Mungo adopta la apariencia de un documental que investiga una desaparición y las posibles presencias que rodean a la casa familiar.
Joel Anderson construye una de las experiencias más desasosegantes del falso documental de terror. La película avanza con una calma engañosa y convierte las imágenes cotidianas en lugares donde buscar algo que quizá preferiríamos no encontrar. Su relación con el duelo es especialmente poderosa: más que una historia sobre fantasmas, parece una película sobre lo poco que llegamos a conocer a quienes tenemos cerca y sobre la imposibilidad de despedirnos del todo.
‘Hereditary‘ (Ari Aster, 2018)
La muerte de la abuela de la familia Graham abre una cadena de acontecimientos que amenaza con destruir la vida de sus integrantes. Annie, interpretada por Toni Collette, intenta comprender lo sucedido mientras las relaciones familiares se deterioran y una presencia cada vez más inquietante parece apoderarse de la casa.
Ari Aster firma una película que utiliza el terror sobrenatural para explorar el duelo, la culpa y los vínculos familiares. Hereditary contiene imágenes difíciles de olvidar, pero su verdadera fuerza está en la manera en que construye una tragedia doméstica. La sensación de fatalidad crece con cada escena y convierte la casa familiar en un espacio del que parece imposible escapar. No es una película cómoda, ni pretende serlo.
‘Saint Maud‘ (Rose Glass, 2019)
Maud es una joven enfermera que comienza a cuidar de una bailarina retirada. Su fe religiosa se convierte poco a poco en el centro de su existencia y en la justificación de una misión que cree tener encomendada. Pero la frontera entre la iluminación espiritual y el delirio empieza a desdibujarse.
En Saint Maud, Rose Glass encuentra el terror en la intimidad de una mente que se va encerrando sobre sí misma. La soledad, la obsesión y la necesidad de encontrar un sentido a la propia vida sostienen una película de apariencia pequeña y efecto devastador. Su inquietud no depende de una mitología sobrenatural compleja, sino de la posibilidad de que aquello que vemos sea la interpretación de una persona que ha perdido el contacto con la realidad.
El miedo no siempre desaparece con los créditos
Hay una razón por la que algunas películas de terror permanecen tanto tiempo en la memoria. El género no se limita a representar monstruos, asesinos o amenazas sobrenaturales, también puede hablar de la pérdida, la culpa, el racismo, la soledad, la religión o el miedo a no reconocer a quienes tenemos cerca.
Un estudio publicado en 2021 en la revista Emotion Review, firmado por Becky Millar y Jonny Lee, analiza precisamente la relación entre el cine de terror y el duelo. Sus autores plantean que las criaturas y fuerzas amenazantes del género pueden representar la ruptura emocional que provoca una pérdida. No es casual que películas como Amenaza en la sombra, Lake Mungo, Babadook o Hereditary encuentren buena parte de su fuerza en esa experiencia.
Quizá por eso estas diez películas siguen funcionando más allá de Halloween. No todas buscan el mismo miedo, ni todas necesitan mostrarlo. Algunas nos hacen desconfiar de quienes nos rodean; otras convierten una casa, un bosque o una calle cualquiera en un lugar amenazante… y unas cuantas nos recuerdan que hay cosas de las que resulta mucho más difícil escapar que de un fantasma.
Esta noche, si toca apagar las luces y elegir una película, conviene recordar que el verdadero terror no siempre está en lo que aparece en pantalla. A veces empieza cuando la pantalla se queda a oscuras…

