De la colosal comunión de The Weeknd con ‘Evangelion’ en Japón al fenómeno global de Creepy Nuts y Nike: crónica de una generación que convirtió las referencias niponas en el nuevo estándar cultural.
Hay una escena que habría resultado bastante improbable hace veinte años. Un artista como The Weeknd, una de las mayores estrellas del pop mundial, sube a un escenario japonés y estrena una canción todavía inédita que incorpora el tema principal de Neon Genesis Evangelion. A su lado está Yōko Takahashi, la voz original de ‘A Cruel Angel’s Thesis‘. En las pantallas aparecen imágenes que mezclan el universo de Evangelion con el de NieR, bajo la dirección visual de Yōko Taro. Y, antes de que llegue The Weeknd, actúa Creepy Nuts, el dúo japonés que muchos espectadores occidentales descubrieron gracias a un anime.
No es una noche temática, no es una concesión al mercado japonés, nes una estrella occidental haciendo un guiño simpático a los aficionados. Es pop y quizá ahí esté la noticia, porque llevamos años diciendo que el anime se ha convertido en mainstream. La expresión se ha repetido tanto que ya empieza a significar muy poco. Lo interesante no es que millones de personas vean anime, lo interesante es que hemos dejado de necesitar una explicación para entender por qué una estrella del pop utiliza Evangelion, por qué un rapero japonés abre un concierto de The Weeknd o por qué una multinacional como Nike convierte One Piece en una colección mundial de ropa y zapatillas.
La pregunta, por tanto, quizá sea otra: ¿en qué momento el anime dejó de ser una subcultura?
The Weeknd ya había dado la respuesta
Lo ocurrido en Japón no aparece de la nada. En abril, The Weeknd participó en los Crunchyroll Anime Awards y dejó una frase que, leída ahora, adquiere otra dimensión: “no estaría aquí sin el anime”. No hablaba de una afición reciente ni de una estrategia promocional. Explicó que Sailor Moon y Goku formaron parte de su infancia y que Samurai Champloo, de Shinichirō Watanabe, cambió su manera de entender simultáneamente el anime y el hip hop.
La conexión llegó incluso a House of Balloons, el mixtape con el que comenzó a construir su identidad artística. The Weeknd ha contado que escribió ‘The Morning‘, “Glass Table Girls” y “Loft Music” sobre instrumentales de Nujabes, uno de los nombres fundamentales de la música asociada a Samurai Champloo. También ha citado a Satoshi Kon, Mamoru Oshii y Katsuhiro Otomo como influencias fundamentales para su identidad visual.
Es decir, el anime no acaba de entrar en The Weeknd lleva años dentro de The Weeknd, lo que ha cambiado es que ahora puede aparecer en el centro del espectáculo sin que nadie tenga que justificarlo.
Quizá llegaste a Creepy Nuts por un anime
Aquí aparece una segunda historia todavía más reveladora: Creepy Nuts no son simplemente “un grupo japonés que actúa con The Weeknd”, son una demostración de cómo funciona actualmente el viaje de ida y vuelta entre el anime y la cultura popular. Su canción ‘Bling-Bang-Bang-Born‘, utilizada como opening de Mashle, fue la canción más escuchada en Spotify en Japón durante 2024 y también la canción de un artista japonés más escuchada fuera de Japón ese año. Llegó al puesto 52 de la lista diaria global de Spotify y se convirtió en un fenómeno especialmente fuerte en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa hispanohablante. Después llegó ‘Otonoke‘, el opening de Dan Da Dan.
Y aquí está la pequeña trampa cultural: quizá alguien no descubrió Dan Da Dan porque escuchaba previamente a Creepy Nuts, quizá descubrió a Creepy Nuts porque estaba viendo un anime (sí, esa persona incluso pude haber sido yo). La dirección de la flecha ha cambiado: el anime ya no es necesariamente el lugar al que llega la música japonesa después de haber triunfado. Puede ser el lugar desde el que esa música sale al mundo.
Creepy Nuts acabaron colaborando incluso con Dua Lipa en el remix de ‘Illusion‘. La colaboración fue publicada en 2024 y supuso el primer trabajo del dúo con un artista internacional, ahora esos mismos Creepy Nuts aparecen como invitados especiales de The Weeknd en Japón.
La secuencia es casi perfecta: anime, éxito internacional, colaboración con una estrella occidental y, finalmente, escenario de una de las mayores giras del planeta.
El algoritmo tampoco parece tener prejuicios
Hay otro dato que ayuda a entender que esto no es solamente una colección de coincidencias.
Spotify aseguró en 2024 que las reproducciones globales de música de anime habían aumentado un 395% desde 2021 y que los usuarios habían creado 6,7 millones de playlists relacionadas con anime. La plataforma llegó a asociarse con Crunchyroll para desarrollar un espacio específico dedicado a esa música. La cifra importa menos por su magnitud que por lo que revela, durante décadas, el anime se consumía como una categoría. Tenía sus tiendas, sus revistas, sus convenciones, sus canales, sus comunidades. Había una frontera bastante clara entre “esto es anime” y “esto es cultura popular” pero internet ha empezado a derribar esa frontera.
Un opening puede convertirse en un hit. Un personaje puede aparecer en unas zapatillas. Un videojuego puede compartir imaginario con una serie. Un músico puede construir parte de su identidad visual a partir de directores de animación japoneses. Un adolescente puede descubrir un grupo de rap japonés porque ha escuchado una canción en los créditos iniciales de una serie. Y después ese adolescente crece.
Ese detalle es probablemente el más importante de todos.
La generación que creció con anime ya está en el centro
Durante mucho tiempo, hablar de anime como fenómeno cultural implicaba hablar de una comunidad específica. Los aficionados eran “los fans del anime”, como si el resto de la sociedad no tuviera fandoms, obsesiones, referencias o consumos culturales igualmente intensos pero las generaciones que crecieron viendo Dragon Ball, Sailor Moon, Pokémon, Naruto, One Piece, Death Note, Evangelion o Cowboy Bebop ya no están necesariamente en el margen de la cultura.
Están haciendo música. Están diseñando ropa. Están dirigiendo películas. Están trabajando en publicidad. Están comprando entradas para estadios y están tomando decisiones sobre qué debe parecer contemporáneo.



Por eso resulta significativo que Nike haya planteado en 2026 una colección mundial basada en One Piece, con zapatillas Air Max Plus, camisetas, gorras y otras prendas, y con lanzamientos y experiencias en ciudades de todo el mundo. La propia compañía describe la franquicia como un fenómeno global cuya influencia alcanza también al deporte. No es que Nike haya decidido vender productos “para otakus”, es que One Piece ya puede formar parte del lenguaje visual de una marca deportiva global. La diferencia parece pequeña, no lo es.



El anime no necesita conquistar Occidente
Quizá llevemos demasiado tiempo contando esta historia desde el punto de vista equivocado. Decimos que el anime ha conseguido conquistar Occidente, que ha salido de Japón y se ha convertido en un fenómeno mundial. Pero esa explicación conserva una idea antigua: la de que existe una cultura central y otra que ha conseguido entrar en ella. ¿Y si ya no funciona así? ¿Y si el anime no ha sido absorbido por el mainstream, sino que el propio mainstream ha cambiado porque millones de personas han crecido consumiendo anime?
The Weeknd no está haciendo una operación de exotismo al incorporar Evangelion a su espectáculo, está utilizando una referencia que forma parte de su propia educación cultural. Creepy Nuts no son una curiosidad japonesa que aparece de repente ante el público occidental, son músicos cuya puerta de entrada global ha sido, en buena medida, el anime.
Nike no está colocando simplemente a Luffy sobre unas zapatillas. Está tratando con una franquicia que ya funciona simultáneamente como manga, anime, serie de acción real, iconografía, mercancía y lenguaje cultural global y ahí está quizá el cambio definitivo: el anime ya no necesita convertirse en cultura pop porque, en muchos sentidos, ya forma parte de ella.
Lo seguimos llamando “anime” porque necesitamos ponerle una etiqueta a las cosas pero quizá dentro de unos años esa etiqueta resulte tan específica como llamar “cine extranjero” a una película simplemente porque procede de otro país. La cuestión ya no es si el anime ha llegado al mainstream, la cuestión es por qué seguimos pensando que alguna vez estuvo fuera de él.
Porque cuando The Weeknd canta junto a la voz de Evangelion, cuando Creepy Nuts pasan de Dan Da Dan a un estadio con una de las mayores estrellas del planeta, o cuando One Piece aparece en el catálogo global de Nike, no estamos viendo una subcultura entrando en la cultura popular.
Estamos viendo algo bastante más interesante: una generación que creció con el anime llegando al centro de la cultura y descubriendo que nunca tuvo que pedir permiso para estar allí.

