El atentado no solo cambió las canciones que se escribieron después. También obligó a cambiar discos, portadas, nombres y letras que ya estaban terminados
El 10 de septiembre de 2001 había discos que estaban a punto de salir, canciones preparadas para convertirse en singles, portadas esperando en una imprenta y bandas intentando conquistar un mercado. Al día siguiente, algunas de aquellas cosas dejaron de tener sentido, no porque hubieran cambiado porque había cambiado el mundo que tenía que recibirlas.
Esta es una historia menos conocida del 11-S. La de las obras que no fueron prohibidas exactamente, pero tampoco pudieron seguir adelante como estaban previstas. Discos que cambiaron de título, canciones que fueron sustituidas, portadas que desaparecieron, videoclips que tuvieron que rehacerse y hasta grupos que decidieron cambiar de nombre.
No todas esas decisiones fueron consecuencia directa de una orden.
No todas estuvieron relacionadas con el atentado de la misma manera.
Y algunas historias que circulan desde hace años son probablemente exageraciones pero hay suficientes casos documentados para plantear una pregunta mucho más inquietante que la de qué música se escribió después del 11-S:
¿Qué música, qué imágenes y qué nombres dejaron de existir tal y como habían sido concebidos?
The Coup, cuando una portada se convirtió en una profecía
Pocas historias explican mejor lo que ocurrió que la de The Coup, el grupo de Oakland preparaba «Party Music«, un disco político cuya portada mostraba a Boots Riley y Pam the Funkstress delante de las Torres Gemelas mientras una explosión las destruía. Riley sostenía lo que parecía un detonador.
La fotografía se había realizado el 15 de mayo de 2001 y el diseño estaba terminado en junio.
Cuatro meses antes.
No había ninguna relación con los atentados. La imagen pretendía representar la destrucción simbólica del capitalismo. El supuesto detonador era, en realidad, un afinador electrónico. El disco estaba previsto para septiembre.
Entonces llegaron los aviones.
La discográfica retiró la portada y el lanzamiento se retrasó hasta noviembre. El 13 de septiembre, Wired explicaba que la imprenta había estado a punto de comenzar a fabricar copias de aquella imagen precisamente el día de los atentados, antes de recibir la orden de detener las máquinas.
La portada original dejó de ser una provocación política, se había convertido en una imagen insoportable. La obra no había cambiado. La realidad la había cambiado por completo y quizá esa sea la mejor definición de toda esta historia.
The Strokes perdieron una canción
El caso de The Strokes fue menos espectacular y mucho más importante para la música popular.
«Is This It» ya había salido en Europa el 27 de agosto de 2001. En Estados Unidos, RCA tenía previsto publicarlo el 25 de septiembre pero el atentado convirtió una canción llamada ‘New York City Cops‘ en un problema.
El tema criticaba a la policía de Nueva York. Su estribillo decía que los agentes de la ciudad “ain’t too smart”. Dos semanas antes aquello era una canción punk, después del 11-S, mientras los policías y bomberos de Nueva York se convertían en símbolos nacionales, podía sonar de una manera completamente distinta.
The Strokes decidieron retirarla de la edición estadounidense y sustituirla por ‘When It Started‘. El lanzamiento norteamericano pasó al 9 de octubre. El propio grupo explicó entonces que seguía defendiendo la canción, pero consideraba que su inclusión en ese momento podía interpretarse de una manera que no pretendían.
La frase más importante quizá sea esa: “el momento no era apropiado”, no habían dejado de creer en la canción, había dejado de ser posible escucharla de la misma manera y existe una pequeña ironía histórica: algunas de las primeras copias estadounidenses en vinilo conservaron ‘New York City Cops‘, mientras que la edición posterior en CD la sustituyó.
Durante un tiempo, por tanto, había dos versiones de «Is This It» dependiendo de dónde y cuándo se comprara, la historia había entrado literalmente en el tracklist.
Jimmy Eat World, una palabra demasiado grande
El caso de Jimmy Eat World es todavía más sutil.
Su cuarto álbum se llamaba «Bleed American» y había salido el 24 de julio de 2001, casi dos meses antes del atentado. Después del 11-S, el título empezó a sonar diferente, «Bleed American» podía interpretarse como una frase agresiva contra Estados Unidos en un momento en que cualquier gesto de ambigüedad patriótica podía resultar incómodo. El grupo no cambió las canciones, no cambió la música, pero las nuevas copias estadounidenses pasaron a llamarse simplemente Jimmy Eat World.
El cambio se mantuvo hasta 2008, cuando el título original fue recuperado. Incluso existe documentación retrospectiva que señala que el tema titular pasó a identificarse como ‘Salt Sweat Sugar‘ en determinadas reediciones. Es una transformación casi absurda: un disco puede cambiar de nombre sin cambiar de contenido y, sin embargo, el nombre también es parte de la obra.
Durante siete años, millones de copias de un disco que se llamaba «Bleed American» oficialmente se vendieron bajo otro título. No porque la banda hubiera dejado de querer ese nombre porque durante un tiempo América estaba demasiado herida como para pronunciarlo de la misma manera.
Bush descubrieron que un avión podía dejar de ser un avión
Gavin Rossdale lo explicó años después con una frase extraordinariamente sencilla: antes del 11-S, un avión era algo que servía para ir de un sitio a otro. Después podía convertirse en un arma.
Bush estaban preparando «Golden State«, su primer single se llamaba originalmente ‘Speed Kills‘, después del atentado pasó a llamarse ‘The People That We Love‘, tomando una frase del estribillo. Las primeras copias promocionales conservaban el título original y no fue el único cambio: Rossdale recuerda que también tuvieron que modificar una línea de ‘Headful of Ghosts‘.
De repente, palabras que habían funcionado durante años como metáforas podían ser demasiado literales para una emisora de radio. ‘Speed Kills‘ no hablaba de terrorismo, hablaba de velocidad, pero el problema de una sociedad traumatizada es que la metáfora pierde el control sobre el significado.
Meshell Ndegeocello perdió meses
El caso de Meshell Ndegeocello es uno de los más claros porque la propia historia del disco permite seguir las consecuencias.
«Cookie: The Anthropological Mixtape» estaba previsto inicialmente para octubre de 2001. En ‘Hot Night‘ aparecía una referencia al “World Trade” que, antes del atentado, pertenecía al lenguaje de la canción, después del 11-S, la discográfica puso el álbum en espera.
El lanzamiento se fue desplazando: primero principios de 2002, después febrero, después marzo y finalmente junio. Además, la compañía rechazó la portada original y Ndegeocello tampoco pudo utilizar ‘Hot Night‘ como single principal. Aquí no hay que interpretar demasiado, hay una cadena documental bastante clara: canción → atentado → disco retenido → portada modificada → single descartado → lanzamiento retrasado.
Es difícil encontrar una demostración más limpia de cómo un acontecimiento histórico puede entrar en el proceso industrial de una obra.
No se escribió una canción sobre el 11-S, el 11-S se metió dentro de una canción que ya existía.
Shihad descubrió que hasta el nombre podía ser peligroso
Hay casos todavía más extremos. La banda neozelandesa Shihad llevaba años utilizando ese nombre, tomado de una deformación de jihad presente en Dune. En 2001 estaba intentando entrar en Estados Unidos, después de los atentados, la semejanza entre Shihad y jihad se convirtió en un problema comercial inmediato.
La banda recibió el mensaje de que con aquel nombre tendría dificultades para conseguir radio y conciertos en Estados Unidos. En enero de 2002 anunció que cambiaría su nombre y finalmente pasó a llamarse Pacifier.
Tom Larkin lo resumió años después: el nombre era demasiado parecido a jihad, que aparecía constantemente en las noticias, y decidieron cambiarlo para tener alguna posibilidad de entrar en el mercado estadounidense.
Dos años después recuperaron su nombre original. La música no había cambiado. El nombre sí. Y con él, durante un tiempo, la identidad de una banda entera.
Primal Scream, una canción que tuvo que convertirse en otra
Aquí la transformación fue todavía más profunda.
Primal Scream había estado tocando en directo una canción titulada ‘Bomb the Pentagon‘ antes de los atentados. El título no escondía demasiado: era una pieza de confrontación política contra la política exterior estadounidense.
Después del 11-S, aquella canción no podía llegar al público de la misma manera.
La banda la regrabó, cambió las letras y pasó a llamarse ‘Rise‘.
NME documentó en 2002 que la canción había sido transformada después de los atentados y que el grupo había abandonado su título original. Bobby Gillespie se negó incluso a entrar demasiado en explicaciones: “There’s a song called ‘Rise’, there’s no song called ‘Bomb the Pentagon’”.
Es una frase extraordinaria porque contiene una desaparición.
Hay una canción que ya no existe.
O, mejor dicho, existe dentro de otra.
Enon, cuando no fue una canción la que desapareció
Hay otro caso que permite ampliar la historia más allá de las grandes bandas.
Enon tenía previsto publicar su segundo álbum, «High Society«, en septiembre de 2001. Su discográfica, SeeThru Broadcasting, cerró después de los atentados y el disco quedó atrapado en el limbo.
La banda terminó publicando temporalmente «On Hold«, un álbum instrumental, mientras encontraba una nueva casa discográfica. «High Society» acabaría apareciendo en junio de 2002 a través de Touch & Go.
Aquí el 11-S no cambió una letra, no cambió una portada, no cambió un título, cambió las condiciones materiales que permitían que el disco existiera y quizá esta sea una de las consecuencias más invisibles de una catástrofe.
Cuando pensamos en la influencia del 11-S sobre la música pensamos en letras, discursos e imágenes pero la música también necesita fábricas, distribuidoras, sellos, oficinas, vuelos, salas, promotores y dinero.
Si una pieza del sistema desaparece, el disco puede desaparecer con ella.
Y entonces aparecen los mitos
Aquí es donde conviene detenernos porque veinticinco años después resulta muy tentador hacer una lista gigantesca de “discos censurados por el 11-S” pero eso sería precisamente lo contrario de lo que queremos hacer.
No todo lanzamiento retrasado en septiembre de 2001 fue retrasado por los atentados, no toda portada modificada lo fue por razones políticas, no toda canción que desapareció de una radio fue víctima de una orden de Clear Channel y no todo artista que tuvo problemas en Estados Unidos los tuvo por culpa del 11-S.
La historia cultural está llena de coincidencias que, con el tiempo, adquieren apariencia de causalidad. Por eso algunos casos debemos dejarlos fuera, no porque sean poco interesantes, porque no podemos demostrar que sean ciertos.
La diferencia entre una buena historia y una leyenda urbana está precisamente ahí.
Quizá por eso el título de este artículo debería entenderse de una manera distinta. No estamos hablando solamente de discos que nunca llegaron a publicarse, estamos hablando de obras que ya no pudieron ser exactamente las mismas: la portada de «Party Music«, el ‘New York City Cops‘ que desapareció de la edición estadounidense de «Is This It«, el «Bleed American» que durante años tuvo otro nombre.
El ‘Speed Kills‘ convertido en ‘The People That We Love‘ o la portada y el single de «Cookie: The Anthropological Mixtape«. Shihad convertido en Pacifier.
‘Bomb the Pentagon‘ convertido en ‘Rise‘. «High Society» atrapado durante meses porque su discográfica dejó de existir… Son modificaciones pequeñas comparadas con una tragedia de esa magnitud pero juntas cuentan algo enorme. La historia no solo decide qué canciones escribimos, también decide qué canciones llegan hasta nosotros.
El 10 de septiembre todavía existían
Eso es lo que más me interesa de estas historias: todas tienen un punto exacto de separación.
El 10 de septiembre de 2001, la portada de The Coup era una provocación, el 11, era una imagen demasiado parecida a la realidad.
El 10 de septiembre, ‘New York City Cops‘ era una canción sobre la policía, el 11, era una canción sobre Nueva York en ruinas.
El 10 de septiembre, «Bleed American» era simplemente el título de un disco, el 11, podía sonar como una acusación.
El 10 de septiembre, un avión era un avión, el 11, podía ser un arma. El 10 de septiembre, Shihad era el nombre de una banda, el 11, se había convertido en una palabra potencialmente peligrosa para una empresa que quería vender discos en Estados Unidos.
Nada de eso había cambiado en las grabaciones, había cambiado el mundo que las rodeaba.
Nunca sabremos cuántas canciones cambiaron de nombre. Cuántas portadas fueron destruidas. Cuántos videoclips dejaron de rodarse. Cuántas bandas cambiaron de estrategia. Cuántos discos perdieron su momento. Cuántas carreras tomaron una dirección diferente. La historia de la música conserva bastante bien lo que finalmente ocurrió, conserva mucho peor lo que estuvo a punto de ocurrir y quizá esa sea la consecuencia cultural más fascinante del 11-S.
No solo dejó canciones escritas después de los atentados. Dejó también una música fantasma: obras que sobrevivieron, pero transformadas; obras que llegaron tarde; obras que cambiaron de nombre; obras que perdieron una portada; obras que nunca tuvieron el single que debían tener.
No todas desaparecieron.
Pero todas pertenecen, de alguna manera, a un mundo que ya no existía.
El 10 de septiembre de 2001 todavía podían ser exactamente lo que sus autores habían imaginado.
El 12 de septiembre ya no y quizá eso sea lo que hace que la música sea tan frágil frente a la historia.
Una canción puede tardar años en encontrar su forma. La historia solo necesita un día para quitársela.

