mayo 9, 2026

La belleza radical de lo imperfecto, las «Vidas semipreciosas» de Nacho Vegas

Cuando hablamos de Nacho Vegas, en esta casa no solo hablamos de música. Hablamos de una brújula emocional que lleva un cuarto de siglo ayudándonos a entender quiénes somos. Con su noveno álbum de estudio, «Vidas semipreciosas«, el asturiano firma una obra magna que nos recuerda por qué es nuestra voz favorita: nadie como él para encontrar la belleza en la impureza y el asombro en lo cotidiano.

Hay una magia especial en las piedras que no llegan a ser preciosas: son comunes, desiguales y, sobre todo, reales. Bajo esa premisa, Nacho Vegas nos entrega «Vidas semipreciosas«, un disco generoso de quince pistas donde el artista asturiano se entrega al asombro. A punto de cumplir 25 años de trayectoria, Vegas ha logrado lo que parecía imposible: sonar más sólido que nunca, apoyado en una banda que es puro músculo y delicadeza, para tender puentes definitivos entre lo íntimo y lo colectivo.

Este es un disco de pluma afilada y corazón abierto, donde lo poético y lo político no solo conviven, sino que se necesitan. Vegas ya no solo canta al desamor o a la soledad, canta a la resiliencia de lo común y a la necesidad de buscar refugio en los afectos frente a un mundo que se empeña en ser hostil.

«Vidas semipreciosas» es un viaje narrativo donde cada canción es una arista de nuestra propia realidad. Desde el inicio con Alivio, basada en ese mantra de William Burroughs que nos recuerda que el placer es, a veces, solo un respiro, el álbum nos sumerge en un torrente de emociones.

El álbum se despliega como un mapa donde la raíz y la memoria sirven de guía para entender el presente. En temas como ‘Fíu‘, Vegas firma un canto antifascista de una sensibilidad sobrecogedora dedicado a su madre, pero es en la poderosa ‘Seis pardales‘ donde el disco alcanza su clímax político y popular. Arropado por las voces de Rodrigo Cuevas y el dúo L-R, Nacho pone música a la historia real de «les seis de la Suiza», reivindicando con orgullo que la canción popular es, por encima de todo, un espacio de comunidad, dignidad y lucha.

Ese carácter coral se enriquece con una serie de colaboraciones de auténtico lujo que expanden el universo sónico del asturiano. La presencia de Albert Pla en ‘Deslenguarte‘ aporta ese equilibrio imposible entre lo tierno y lo blasfemo que solo dos maestros de la provocación podrían manejar con tal naturalidad. Por otro lado, la relectura en asturiano del clásico vasco ‘Txoria txori‘ bajo el título de ‘Les ales‘ se levanta como un puente lingüístico precioso, conectando tradiciones hermanas desde una sensibilidad contemporánea.

Finalmente, el disco transita con maestría entre la luz y el duelo, equilibrando la balanza emocional del relato. Mientras que ‘Mi pequeña bestia‘ se postula como su canción de amor más radiante hasta la fecha (con ese inconfundible aire a Georges Moustaki que tanto nos encandila), el cierre con ‘L’acabose‘ nos devuelve a la tierra. Cantada en asturiano, la pieza nos despide con un ritmo popular que baila con elegancia entre la celebración de lo vivido y la melancolía de la partida, cerrando el círculo de un álbum que se siente, desde ya, imprescindible.

Lo que eleva este trabajo a una categoría superior es su carácter militante y coral. La inclusión de tres interludios hablados por Javitxu, Anna Gabriel y Adur conecta las canciones con heridas reales de nuestro presente (Zaragoza, el Procés, Altsasu). No son pegotes narrativos; son cápsulas de memoria que dotan al disco de una dimensión humana y ética innegociable. Nacho Vegas no mira hacia otro lado; nos obliga a mirar nosotros, pero lo hace con una melodía serena que nos ayuda a digerir el impacto.

Nacho Vegas ha vuelto a hacer lo que solo los grandes maestros consiguen: entregarnos un álbum poliédrico, mestizo e imperfecto, y por eso mismo, profundamente bello. «Vidas semipreciosas» es un refugio para los que buscan la verdad en las grietas. Es la confirmación de que, tras 25 años, Nacho sigue siendo el cronista más necesario de nuestra generación. Un disco que no se escucha, se habita.

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