A las 21:00 en punto se apagaron las luces. Damiano David emergió directamente hacia el centro del escenario, impecable con pantalones blancos tipo wide leg que relucían bajo los focos. No hubo retardo ni introducción: en el primer segundo, su voz ocupó ya el espacio con ‘I Was Born With a Broken Heart‘. Fue un golpe directo, sin preámbulos: “aquí estoy, y esto es lo que quiero mostrar”.
Vestido de manera sencilla pero elegante, acompañado por una banda vestida de traje y corbata (batería, bajo, teclista, dos guitarras y dos coristas —un chico y una chica—), Damiano construyó una estética palpable: sobria pero con intensidad contenida. Quizá no gane por ostentación, pero gana por coherencia escénica.
El micro al público, el gesto compartido
Durante las primeras canciones (hasta la cuarta aproximadamente), Damiano lanzó el micrófono repetidamente al público, incitándolos a cantar, a reclamar protagonismo coral. Ese recurso, trabajado con pulso, dio forma a una comunión compartida que se fue suavizando luego, conforme el concierto avanzaba y tomaba estructura.
Así, tras ‘Born With a Broken Heart‘, siguió ‘The First Time‘. Mantuvo gran parte del concierto estático, de pie, en el centro del escenario, casi sin moverse, como un faro que la música ilumina. Pero hubo momentos en que rompió esa rigidez: en la tercera canción, hacia el final, dio un paso atrás y se enredó en el espacio de la banda, dejándose llevar por el groove, moviéndose entre guitarras y teclas.
Para la quinta canción, ‘Cinnamon‘, llegó el gesto esperado: se quitó la camiseta. Qué decirte: estaba tatuado, consciente del efecto, y el público lo respondió. No es frivolidad: es una extensión visual del acto sónico.

Una escenografía desnuda, pero efectiva
Comparado con sus días en ‘The Withing‘ (su banda anterior), el montaje escénico fue austero: solo él, sus músicos y su nombre en grandes letras iluminadas al fondo. No hubo fuegos artificiales, ni proyecciones complejas: todo el peso recaía en el acto musical. Y esa sencillez fue un acierto. El resto sobraría.
Después de ‘Cinnamon‘, tras hablar en español (“voy a hacer un esfuerzo por hablarlo esta noche”), arrancó con ‘Sex on Fire‘ (cover de Kings of Leon). Lo hizo enérgico, con guitarra potente y filo sexual evidente. Tiene un magnetismo innato: cuando canta, transmite intensidad, deseo, una presencia que ocupa todo el aire.
Luego vinieron ‘Talk to Me‘ y ‘Nothing Breaks Like a Heart‘. En esta última, Damiano se metió entre los músicos y, de repente, corrió hacia una plataforma/perchero que había aparecido en escena. Subió mientras la banda le apoyaba, en un pequeño acto teatral: en ese momento habló de sus diez años haciendo música, del placer vivido, del vértigo de la tristeza, de cómo nació este nuevo disco en un momento personal complejo. El perchero le alcanzó una camiseta; la vistió como parte del relato, haciendo el puente con ‘Perfect Life‘ que siguió inmediatamente. Me impresionó cómo hiló discurso, objeto escénico y canción en una narrativa simbólica.
Después se sentó entre músicos para ‘Psych of Myself‘, dedicándola con ternura a quienes habían venido con sus parejas. Más adelante, hizo versiones sorprendentes: ‘Guantanamera‘ de Guitarricadelafuente y ‘Si No Estás‘ de Íñigo Quintero. Interpretó estas versiones con respeto, pronunciando con soltura en español a pesar de ser italiano: fue un gesto que el público reconoció como sincero.


En ‘The Bruise‘ tuvo un momento íntimo en medio del escenario con la banda. Luego llegó ‘Tangerine‘. Entre ‘Tangerine‘ y la siguiente canción hubo un interludio luminoso intenso: luces, atmósferas, tensión creciente. Para la siguiente, salió con traje blanco de elegancia contenida —sin camiseta debajo—, dejando entrever tatuajes. ‘Zombie Lady‘ explotó con energía: saltó, jugó con el ritmo, conversó con la audiencia.
A continuación vinieron ‘Tango‘ (movimiento, baile, disfrute), ‘Angel‘, ‘Over‘ (donde animó al público a cantar el estribillo, cediendo micrófono) y ‘Mars‘ (descanso breve, luego regresó). En ‘Mars‘ soltó una frase provocadora: “Fuck Elon Musk”, un chispazo crítico en medio del show, con humor y filo, que fue recibido con aplausos. Justo cuando parecía que ‘Mars‘ cerraba, volvió para el bis: ‘The First Time‘ nuevamente, seguido de ‘Naked‘. Aquí se escuchó su máxima: “quiero probar todas las versiones de mí” resonando con fuerza. Y aunque esperaba ‘Next Summer‘, me sorprendió que no la cantara esa noche.
Este concierto fue una demostración de que Damiano no necesita bastarse de escenografía sobreactuada: su presencia, voz y dirección artística bastan. La estructura del show equilibró potencia rock, momentos íntimos, teatralidad mínima y conexión directa. Una declaración de artista en pleno proceso de autodescubrimiento, traducida en canciones, gestos y energía compartida.

