En un mundo donde el pop a menudo parece un simple ejercicio de forma o una máquina de éxitos prefabricados, el debut de Resaca Emocional, «De amor«, llega como un soplo de aire fresco, un chicle que estalla en la boca con sabores naïf y vulnerables. Este colectivo gallego, formado por Ash Diz, Berto, Brais Iriarte y Lorena Cachito, no solo nos presenta un disco de música; construye un manifiesto afectivo, un espacio seguro tejido con hilos de pop electrónico, sensibilidades lo-fi y una calidez que abraza sin asfixiar. Publicado el 14 de febrero, «De amor» es un disco de diez cortes que explora las facetas del cariño (el amor romántico, la amistad, el deseo, incluso el miedo a perderlo todo) con una honestidad que desarma y una producción que, aunque no siempre alcanza la trascendencia que promete, brilla por su meticulosidad y encanto táctil.
El álbum arranca con ‘sae o sol‘, un amanecer sonoro que establece el tono: sintetizadores brillantes y pulsos rítmicos que evocan el despertar de una relación, esa chispa inicial que aún no sabe si arderá o se apagará. Es un tema que podría encajar en la discografía temprana de La Casa Azul, con su mezcla de optimismo burbujeante y una ligera melancolía que acecha en los bordes. La voz, procesada con un deje de fragilidad digital, flota sobre una base que balancea lo etéreo y lo bailable, una fórmula que Resaca Emocional perfecciona a lo largo del disco. Sin embargo, es en ‘a fin do mundo‘ donde el cuarteto empieza a flexionar sus músculos: un himno de intensidad contenida que cruza el pop electrónico con un trasfondo casi shoegaze, como si Alvvays hubiera decidido colaborar con unos Pet Shop Boys en clave lo-fi.
La producción, a cargo del propio colectivo y respaldada por el sello Tremendo Audiovisual, es uno de los puntos fuertes de De amor. Hay un cuidado evidente en cada capa (los sintes que chispean como luciérnagas, los ritmos que oscilan entre el downtempo introspectivo y picos de euforia bailable), pero también una sensación de espontaneidad que evita que el disco se sienta sobrepulido. ‘ondas sonoras de xúpiter (24/7)‘, con la colaboración de Juana, es un highlight que lleva esta dualidad al extremo: una oda cósmica al amor perpetuo que mezcla texturas glitch con un groove infeccioso, reminiscente del trabajo de Yves Tumor en sus momentos más accesibles, aunque sin su filo experimental. Es aquí donde Resaca Emocional muestra su capacidad para transformar lo íntimo en algo expansivo, un truco que no siempre logran replicar con la misma fuerza.
Líricamente, «De amor» navega entre la ternura y la ansiedad generacional. Canciones como ‘mario crush‘, un guiño juguetón al enamoramiento adolescente con guiños a la cultura gamer, y ‘xogar contigo‘ destilan una inocencia que contrasta con la tensión latente de ‘bolboretas‘, donde el deseo contenido estalla en un coro que suena como mariposas atrapadas en una red de sintetizadores. Y es que ‘Bolboretas‘ funciona, de hecho, uno de los momentos más emotivos del álbum, con su mezcla de euforia y fragilidad que recuerda a los arrebatos melódicos de Carly Rae Jepsen, pero anclados en una perspectiva más terrenal y menos pulida. Sin embargo, no todo el disco mantiene esa profundidad: temas como ‘cupido‘ y ‘a frecha‘ se apoyan demasiado en clichés del pop romántico, y sus letras, aunque encantadoras, carecen del peso emocional que podrían haber tenido con un enfoque menos genérico.
Donde «De amor» realmente se hace grande es en su tramo final, con ‘trapecista emocional‘ y ‘o único medo que teño‘. El primero es una balada electrónica que camina por la cuerda floja entre la esperanza y la desesperación, con un arreglo minimalista que deja espacio para que la voz respire y revele sus grietas. El segundo, que cierra el álbum, es una meditación sobre el miedo a la pérdida que podría haber sido cursi en manos menos hábiles, pero que aquí se siente como un susurro honesto, envuelto en un manto de beats y percusiones sutiles. Es un final que no busca resolver nada, sino dejar al oyente suspendido en esa resaca emocional que da nombre al colectivo: un estado de ánimo que es tan dulce como agotador.
«De amor» se sitúa en un cruce interesante. Tiene la sensibilidad DIY de proyectos como Frankie Cosmos, pero con una ambición sónica que lo acerca más a la órbita de bandas como CHVRCHES o los momentos más introspectivos de Robyn. Sin embargo, a diferencia de estas últimas, Resaca Emocional no siempre tiene la confianza para llevar sus ideas al límite; hay instantes en los que el disco parece conformarse con ser «cuqui» cuando podría haber sido devastador. Esa timidez es su mayor debilidad: por cada ‘bolboretas‘ o ‘trapecista emocional‘ que golpea el corazón, hay un “’cupido‘ que se queda en la superficie.
Aun así, «De amor» es un debut que destila personalidad y promesa. Resaca Emocional no solo canta sobre el amor; lo disecciona, lo celebra y lo llora desde un lugar que se siente auténtico, atravesado por las diversidades y los cuidados que definen su ethos como colectivo. Es un disco para guardar en el corazón, sí, pero también para bailar con las ventanas abiertas, dejando que sus melodías se mezclen con el aire de un febrero que, por una vez, no se siente tan frío. No es perfecto, pero en su imperfección hay una verdad que resuena: el amor, en todas sus formas, siempre deja una marca.

