enero 26, 2022

Rigoberta Bandini o la nueva normalidad

Tengo una amiga que se niega a ver los trailers o sinopsis de las películas. Dice que le resta emoción al acto de sumergirse en la oscuridad de la sala de cine. Siempre me ha hecho mucha gracia y he decidido preparar una nueva versión de este original proceder.

El pasado sábado decidí acercarme al Auditorio Mar de Vigo para asistir al concierto de la catalana Paula Ribó (aka Rigoberta Bandini) sin haber escuchado nada de ella, por lo menos conscientemente y de manera activa, aunque me reconozco sabedor que su tema  ‘Perra’ se ha convertido en todo un himno contra el patriarcado ¿por qué? Eso no lo podía explicar antes de la actuación y para ser sinceros tampoco después.

Con todo vendido, y reubicado ganando aforo para de nuevo colgar el cartel de “no hay entradas”, el concierto de Rigoberta Bandini era un must dentro del panorama cultural de la ciudad. Así vimos como las primeras filas se poblaban de asistentes que lucían sus mejores galas dejando claro que la modernidad había llegado a la aldea. Estábamos a la espera de una cosmopolita Miss Marshall que nos iba a agasajar con sus ya, casi, icónicos temas nacidos en el aislamiento pandémico y aupados por las redes sociales. Así, diez minutos más tarde la hora señalada se apagaban las luces y comenzaban a sonar los primeros acordes de ‘In Spain we call it Soledad’ que desataba la locura en el público asistente.

Anonadado por la recepción me quedé en shock. Saltos, bailes, mascarillas mentoneras y las carreras: de la gente de seguridad y producción pidiendo calma y buen proceder. Pero el mal estaba sembrado y evitar que las butacas quedasen vacías en la “huida” de los allí presentes era una quimera. Sería interesante centrarnos en esto, en hablar como casi después de un año sin conciertos, en vez de respetar las medidas de seguridad decidimos comportarnos como cenutrios y nos las pasamos por el forro… pero ¿serviría de algo comentarlo? ¿se sonrojaría el hombre de la primera fila que se subía a su butaca y enarbolaba su mascarilla al aire? Pues mira no, sería incidir en la falta de educación y civismo en la que nos hemos acostumbrado a vivir y que, como colectivo, no hacemos nada por cambiar. Así que regresemos al concierto.

Acercarse a un concierto de Bandini es como hacerlo a una clase de zumba en la que suena el ‘Corazón Contento’, popularizado por Marisol, pero a tope de power y en el que las sentadillas dejan paso a los gateos por el escenario mientras suenan los compases finales de ‘Perra’, en mitad la extenuación de los asistentes. Un concierto que roza lo kitsch debido a la cantidad de referentes que maneja la artista catalana: desde Marisol a Jaume Sisa, desde el perreo a la fe en un dios que nos abraza como la propia Bandini compartía en redes gracias a la palabra de la humanidad. Porque sí amigos, hemos asistido a un concierto, a una función de fin de curso de tu colegio favorito de monjas, a una verbena de pueblo grande, a una rave fuera de hora… quizás a un evento donde la música ha sido lo menos importante. Un espectáculo intenso pero breve, una vez revisada su discografía tampoco podíamos esperar una mayor duración. Una catarsis colectiva que lleva al delirio a sus seguidores (quizás un delirio desubicado en espacio, horas y medidas). 

Que Rigoberta Bandini es un fenómeno viral es indudable, una diva de la modernidad, una virgen en un mundo de perras, una estrella de la era post-pandémica.

Ahora si no os parece mal, después de ser sorprendido por esta performance, me retiro a escuchar música

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