octubre 8, 2026

Anabel Lee ya no quiere sonar como Anabel Lee

«Todas las vidas» es el disco de una banda que ha dejado de preguntarse cómo debería sonar y ha empezado a preguntarse qué quiere hacer. Entre el punk, el pop, el ska, los sintetizadores y las trompetas, Anabel Lee reivindica una identidad que no depende de un sonido concreto, sino de la libertad para cambiar.

Hay una contradicción en el centro de «Todas las vidas«. Anabel Lee tiene cada vez más claro quién es y, al mismo tiempo, parece tener cada vez menos claro cómo debería sonar. No es una paradoja menor, para una banda, la identidad suele construirse alrededor de algo bastante reconocible: una manera de tocar, una estética, una voz, una determinada combinación de guitarras y melodías que permite identificar una canción antes incluso de saber quién la ha compuesto.

Anabel Lee ha decidido complicarse la vida. “No fue algo que decidimos de antemano”, explican. «Todas las vidas» no nació como un ejercicio deliberado de ruptura. Empezaron a componer y aparecieron “sonidos, estructuras y formas de escribir diferentes”. El cambio fue apareciendo mientras hacían canciones y entonces llegó ‘Ven a jugar‘.

La banda la identifica como un punto de inflexión en su manera de concebir la música. Aquella agresividad que había formado parte de su identidad anterior podía reformularse desde un lugar “mucho más elegante y sofisticado”. Incluso aparecieron trompetas, algo que unos años antes probablemente ni se habrían planteado pero quizá lo verdaderamente importante no sea que Anabel Lee haya incorporado trompetas, es que ha aprendido a no descartar una canción simplemente porque no parezca suficientemente Anabel Lee.

Antes buscaban una mayor coherencia sonora. Ahora les importa más que una canción tenga sentido dentro de ellos, aunque musicalmente se vaya a lugares diferentes.

Ahí empieza «Todas las vidas«.

Todas las vidas que caben en una banda

El título tampoco pretende resolver esa contradicción. Al contrario, parece asumirla, “Todas las que nos dé tiempo a vivir”, responden cuando les preguntamos cuántas vidas caben hoy dentro de Anabel Lee. La respuesta podría parecer una boutade si no fuera porque después explican qué significa para ellos.

Son cuatro personas con vidas distintas. Son músicos, pero también deportistas, gamers, profesores de música y amigos. Todo aquello que sucede fuera de las canciones termina entrando, de una manera u otra, en ellas. Y musicalmente ocurre lo mismo: pueden ser oscuros o luminosos, punk o pop. Quizá por eso «Todas las vidas» no sea tanto un disco sobre cambiar como sobre aceptar que nunca fueron una sola cosa.

La banda lo formula de una manera sencilla: han dejado de pensar tanto en qué “debería” sonar a Anabel Lee y han empezado a pensar más en qué les apetece hacer, no significa que todo valga, significa que la identidad puede estar en otro sitio. “Siempre termina sonando a Anabel Lee”, dicen. No porque exista una fórmula sonora que puedan repetir, sino porque son ellos mismos quienes componen. Hay reglas propias que ni siquiera siempre saben identificar y que aplican sin querer.

Y aquí aparece una de las mejores definiciones que deja nuestra conversación: “Nuestra identidad está en intentar romper nuestras propias reglas sin darnos cuenta de que, al hacerlo, estamos creando otras nuevas”.

Un eco, no un reset

La evolución tampoco significa borrar lo anterior, Anabel Lee ha descrito «Todas las vidas» como un “eco” y no como un reset. Y la palabra resulta especialmente precisa ya que ese eco está hecho de las primeras canciones, de las bandas que escuchaban cuando empezaron, de los conciertos, de las “hostias” que se han dado, de lo que han aprendido y también de aquello que todavía siguen haciendo mal.

No quieren borrar nada, lo anterior sigue dentro del disco aunque no siempre sea evidente. Lo que sí han dejado atrás es la necesidad de demostrar continuamente quiénes son, ya no necesitan estar diciendo todo el rato “esto es Anabel Lee”, prefieren hacer la canción y dejar que sea ella la que hable.

Y probablemente ahí esté una de las diferencias fundamentales entre una banda que cambia porque necesita llamar la atención y una banda que cambia porque ya no necesita pedir permiso para hacerlo.

La canción que les hizo dudar

Hay canciones que confirman una identidad, hay otras que primero obligan a preguntarse si esa identidad sigue existiendo, ‘Wilson‘ pertenece a la segunda categoría.

La idea musical de base llegó de su productor, Pau Paredes, y llevó a la banda a hacerse muchas preguntas. Mezcla ska, indie y punk y reúne influencias que siempre habían estado ahí, pero que hasta entonces no habían llevado a Anabel Lee de esa manera. La duda era precisamente esa: ¿Sigue siendo nuestra?

La respuesta llegó durante el proceso, “cuando una canción te obliga a preguntarte si sigue siendo tuya, probablemente hay algo ahí que merece la pena explorar». También aparece “Donde nadie quiere ser el bueno”, otro de los temas en los que se permitieron enseñar influencias que hasta entonces habían permanecido más escondidas.

La conclusión termina siendo más interesante que cualquier etiqueta: “Anabel Lee no está tanto en un sonido concreto como en una manera de hacer las cosas” y esa frase, en realidad, podría servir como definición de todo el disco.

Ni indie ni punk, ni siquiera “sin etiqueta”

Durante años Anabel Lee ha jugado con aquello de “ni indie ni punk”, la paradoja es evidente y ellos mismos la reconocen: “Seguramente el día que dices ‘no quiero tener una etiqueta’ ya estás creando otra etiqueta”. Nunca, explican, han intentado escapar conscientemente de las etiquetas. Simplemente nunca se han sentido cómodos dentro de una sola, “Nos gustan demasiadas cosas» y eso explica mejor «Todas las vidas» que cualquier género que intentemos colocar junto al nombre de la banda.

Su manera de evolucionar tampoco consiste en cambiar por cambiar, no quieren hacer algo diferente simplemente para demostrar que son diferentes. Quieren permitirse hacer aquello que les apetece en cada momento.

Quizá por eso la libertad de «Todas las vidas» no suena a ruptura, suena a permiso.

El miedo a dejar de parecerse

Claro que existe el miedo. La banda reconoce que alguna vez ha temido que una canción demasiado diferente dejara de parecer suya. Especialmente cuando sabe que está haciendo algo que el público no espera pero entonces aparece una idea que explica bastante bien por qué han decidido seguir avanzando: “Si siempre haces lo que la gente espera, llega un momento en que dejas de sorprenderte tú mismo” para rápidamente añadir, “si nosotros dejamos de sorprendernos haciendo música, mal asunto”.

Quizá el verdadero destinatario de «Todas las vidas» no sea el público quizá sean ellos mismos porque una banda puede intentar sorprender a quien la escucha. Pero hay una sorpresa mucho más difícil de fabricar: hacer algo que todavía consiga sorprender a quienes lo están haciendo.

Cuando una canción deja de ser completamente tuya

La misma lógica aparece en las colaboraciones: Sidonie, Despistaos o Ginebras no están ahí simplemente porque la combinación pueda funcionar sobre el papel.

Anabel Lee busca algo diferente: que la persona invitada pueda llevar la canción a un lugar al que ellos solos no llegarían. Y entonces sucede algo interesante: “La canción deja de ser completamente tuya y empieza a tener otra vida”.

Quizá Todas las vidas funcione también así, como un disco dispuesto a aceptar que una canción puede dejar de pertenecer por completo a la idea que una banda tenía de sí misma.

La prueba de Karol G

La versión de ‘Si Antes Te Hubiera Conocido‘, de Karol G, lleva esa idea un paso más allá.

Anabel Lee ya había jugado con esa lógica en ‘Enchochado de Ti‘, de Don Patricio. Ahora vuelven a coger una canción que todo el mundo conoce y le dan la vuelta pero el experimento tiene una consecuencia interesante.

Una versión obliga a preguntarse qué es realmente el sonido propio porque si coges una canción reconocible para millones de personas y consigues que durante unos minutos parezca una canción de Anabel Lee, quizá acabes de encontrar una definición de identidad más precisa que cualquier etiqueta.

Ellos mismos lo resumen así: “si coges una canción que conoce todo el mundo y consigues que durante unos minutos parezca una canción de Anabel Lee, ahí hay algo interesante”.

Cada vez saben más quiénes son y menos cómo tienen que sonar

Cuando miran su trayectoria, no sienten que estén construyendo una identidad cada vez más cerrada, más bien lo contrario. “Creo que lo segundo”, responden cuando les preguntamos si están construyendo una identidad más definida o aprendiendo a vivir con varias identidades a la vez.

Y entonces llega probablemente la frase que mejor resume «Todas las vidas«: “Cada vez tenemos más claro quiénes somos, pero eso no significa que tengamos más claro cómo tenemos que sonar”; siguen siendo los mismos cuatro, siguen teniendo una forma concreta de entender las canciones. Siguen queriendo hacer el mismo tipo de locuras. Lo que ha cambiado es el espacio en el que pueden hacerlas.

La fotografía de quiénes eran

La última pregunta nos lleva veinte años hacia delante: ¿Qué les gustaría que alguien entendiera entonces al escuchar «Todas las vidas«? Su respuesta no habla de géneros, no habla de éxito, no hablan siquiera de canciones, habla de vivir, de tener ganas de hacer cosas, equivocarse, probar, tocar, conocer gente y seguir descubriendo qué coño era Anabel Lee.

Y también hablan de haberse roto, de llorar, de estar tristes, de atravesar momentos jodidos y levantarse después.

No quieren que el disco funcione solamente como un catálogo de canciones, quieren que conserve el momento en que fueron hechas. “Al final, un disco también es eso: una fotografía de quién eres cuando lo haces” y «Todas las vidas» es, para ellos, su fotografía de ahora. Una fotografía que empezará a quedarse vieja en cuanto alguien la mire pero quizá esa sea precisamente la gracia: Anabel Lee ya no parece demasiado preocupada por sonar como Anabel Lee, parecen más interesadas en averiguar cuántas cosas puede llegar a ser Anabel Lee sin dejar de serlo.

Y probablemente todavía no lo sepan, por eso siguen haciendo canciones.

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