¿Cómo consiguió Suede sobrevivir a la marcha de Bernard Butler y publicar el mejor disco de su carrera? Treinta años después, «Coming Up» sigue demostrando que las grandes bandas no son las que nunca se rompen, sino las que encuentran una nueva identidad entre los pedazos.
Hay un momento en la vida de todas las grandes bandas en el que el talento deja de ser suficiente. Ese momento llega cuando aparece la primera gran ruptura. No hablamos de una discusión en un camerino ni de las tensiones inevitables de una gira. Hablamos de la pérdida de alguien que parecía insustituible. De esa sensación de que todo aquello que había convertido al grupo en algo especial acaba de desaparecer por la puerta principal.
Muchas bandas no sobreviven a ese instante, otras continúan existiendo, pero dejan de importar. Muy pocas consiguen hacer exactamente lo contrario. Suede pertenece a esa última categoría.
Cuando Bernard Butler abandonó el grupo en 1994, prácticamente todo el mundo dio por terminada la historia. No era una exageración. Butler no solo era el guitarrista. Era el arquitecto sonoro de «Suede» y, sobre todo, de «Dog Man Star«, un disco que hoy sigue figurando entre las grandes obras del rock británico de los noventa. ¿Cómo reemplazas a un músico así? La respuesta parecía evidente: no lo haces.
Y, sin embargo, dos años después Suede publicaba «Coming Up» (Treinta años más tarde seguimos hablando de él).
La salida de Bernard Butler llegó en el peor momento posible, «Dog Man Star» acababa de demostrar que Suede podía aspirar a mucho más que convertirse en otra banda del naciente britpop. Mientras Blur y Oasis comenzaban a disputar el relato de la década, Brett Anderson y Butler habían construido un disco oscuro, barroco y profundamente ambicioso que parecía mirar más hacia David Bowie o Scott Walker que hacia la tradición del pop británico más inmediato.
Pero el precio artístico fue enorme. Las tensiones personales entre Anderson y Butler habían convertido el estudio de grabación en un campo de minas. La separación parecía inevitable y lo inevitable era también pensar que Suede había perdido aquello que la hacía irrepetible. No era una impresión descabellada. Era la conclusión lógica.
Cuando una banda pierde a una figura decisiva suele cometer el mismo error: intentar demostrar que nada ha cambiado. Suede entendió exactamente lo contrario: si intentaban grabar otro «Dog Man Star«, fracasarían, no porque faltara talento sino porque aquel disco pertenecía a una relación artística que ya no existía.
La llegada de Richard Oakes, un guitarrista prácticamente desconocido y apenas un adolescente cuando respondió al anuncio del grupo, cambió por completo la dirección de la banda. Lo más inteligente que hizo Oakes fue no intentar parecer Bernard Butler y lo más inteligente que hizo Brett Anderson fue dejar de escribir para Bernard Butler. Puede parecer una diferencia menor pero en realidad, lo cambió todo.
Escuchar «Coming Up» después de «Dog Man Star» sigue resultando sorprendente, no porque renuncie a la identidad de Suede sino porque decide iluminarla. Las guitarras continúan ahí, la ambigüedad sexual de Anderson sigue siendo el corazón del proyecto, los personajes perdidos, la decadencia urbana y esa fascinación por quienes viven siempre un poco al margen tampoco desaparecen. Lo que cambia es el color. ‘Trash‘ abre el disco como una declaración de principios: no intenta competir con el pasado, lo celebra.
Después llegan ‘Filmstar‘, ‘Lazy‘, ‘Beautiful Ones‘ o ‘Saturday Night‘, cinco temas que cualquier banda firmaría sin pensarlo dos veces. Pero reducir «Coming Up» a una colección de himnos sería injusto, lo verdaderamente importante es que Suede había conseguido algo mucho más difícil: había aprendido a sonar distinta sin dejar de sonar a Suede.
Quizá la historia también les ha colocado en el lugar equivocado. Suede suele aparecer junto a Blur, Oasis o Pulp cuando hablamos del britpop. Tiene lógica cronológica, no tanto artística.
Mientras Oasis escribían canciones sobre la épica cotidiana de la clase trabajadora y Blur diseccionaban Inglaterra con ironía casi antropológica, Brett Anderson seguía habitando un universo completamente distinto: sus canciones estaban llenas de deseo, de personajes ambiguos, de belleza decadente, de adolescentes perdidos y de barrios donde el glamour convivía con la derrota. Había algo profundamente teatral en Suede, algo que siempre los acercó más a Bowie que a los Beatles. «Coming Up» no cambió eso, simplemente decidió vestir esa teatralidad con melodías capaces de llenar pabellones. Y funcionó.
Existe un debate casi eterno entre los seguidores de Suede. ¿Cuál es su mejor álbum? Muchos responderán «Dog Man Star«, probablemente tengan razón si hablamos únicamente de ambición artística, pero cada vez resulta más difícil no pensar que «Coming Up» terminó siendo el disco más importante de toda su trayectoria.
Porque sin él quizá hoy hablaríamos de Suede como una de esas bandas brillantes que desaparecieron demasiado pronto.
«Coming Up» evitó exactamente eso: les devolvió al primer plano. Multiplicó su público, demostró que Brett Anderson era mucho más que el cantante de un grupo roto y permitió que, décadas después, pudiéramos disfrutar de discos tan sólidos como «Bloodsports«, «Night Thoughts» o «Autofiction«.
No fue únicamente un éxito, fue una segunda oportunidad y pocas bandas saben aprovecharlas.
Las crisis suelen entenderse como un final, «Coming Up» demuestra que, en ocasiones, también pueden convertirse en el principio de algo diferente. No mejor. No peor. Diferente. Y quizá esa sea la mayor enseñanza que deja este disco tres décadas después de su publicación.
Las grandes bandas no sobreviven porque conserven intactas todas sus piezas, sobreviven porque entienden cuándo ha llegado el momento de dejar de mirar atrás. Suede nunca volvió a ser la banda que grabó «Dog Man Star«, afortunadamente), en lugar de eso, eligió el camino más arriesgado: aceptar la herida, aprender a convivir con ella y convertirla en canciones.
Por eso, treinta años después, «Coming Up» sigue sonando tan vivo. No porque sea el disco de una banda en su mejor momento sino porque es el disco de una banda que decidió que la mejor forma de sobrevivir no era aferrarse al pasado.
Era atreverse a escribir un futuro.

