Casey Dienel, la camaleónica artista antes conocida como White Hinterland, emergió del silencio con el anuncio de «My Heart Is an Outlaw«, su primer álbum en ocho años, que verá la luz el 17 de octubre a través de Jealous Butcher. Acompañado por el sencillo ‘Your Girl’s Upstairs‘, cuyo vídeo dirigido por Alex Basco Koch destila intimidad en sesiones de grabación, el álbum promete un indie-pop crudo y queer, con colaboraciones de Meg Duffy (Hand Habits), Spencer Zahn y Carly Bond. Dienel regresa no para reclamar un trono, sino para redefinir su propio horizonte, tejiendo vulnerabilidad y desafío en un mundo fracturado.
Dienel, nacida en Scituate, Massachusetts, en 1985, ha trazado un camino singular. Desde su debut «Wind-Up Canary» con Hush Records, hasta los etéreos «Phylactery Factory» y «Baby» como White Hinterland con Dead Oceans, su música ha sido un tapiz de folk, pop y experimentación. Su último trabajo, «Imitation of a Woman to Love«, marcó su retorno al nombre propio, un acto de autenticidad tras años de lucha personal y una demanda fallida contra Justin Bieber y Skrillex por el uso no autorizado de su riff en ‘Sorry‘. «El punto de mi queerness es vivir en la alteridad, inventar mi futuro en mis propios términos», dijo Dienel sobre ‘Your Girl’s Upstairs‘, un tema que explora el trabajo emocional de la intimidad con un toque de humor: «¿Qué hace un papá cachondo?«.
«My Heart Is an Outlaw«, grabado en Los Ángeles, Nueva York y Vermont con el productor Adam Schatz (Landlady), abraza colaboradores por primera vez en la carrera de Dienel, conocida por su control creativo. Con Duffy en guitarra, Zahn en bajo y Max Jaffe en batería, el álbum, inspirado por «My Own Private Idaho» y «Born in the USA» de Springsteen, destila alegría queer revolucionaria. El sencillo principal, un folk-rock áspero, evoca la crudeza de Joni Mitchell y la audacia de St. Vincent. Pero las opiniones sobre este regreso se han polarizado, esto refleja el riesgo de Dienel: su eclecticismo seduce, pero puede desconcertar a quienes buscan coherencia.
Sin embargo, la incertidumbre persiste: ¿podrá «My Heart Is an Outlaw» capturar a una generación saturada de estímulos digitales? La demanda contra Bieber, aunque perdida, expuso su lucha contra la apropiación cultural, un tema candente en un año donde el activismo musical gana fuerza.
Dienel no busca ser un ícono, sino un eco. Su música, descrita por Nylon como ‘salvaje, poética y singular’, desafía la domesticación. «My Heart Is an Outlaw» es un manifiesto de libertad, un latido que resuena en la intersección de la alegría y la rebeldía. Mientras el indie busca su lugar, Dienel nos recuerda que el arte verdadero no se somete, sino que florece en los márgenes, con el corazón como único guía.

