octubre 7, 2026

Eminem se ha convertido en un videojuego y quizá eso sea más importante que el videojuego

Marshall’s Massacre, creado por Fan Arcade dentro de una colaboración entre Eminem y NERDS Clothing, llega a la New York Comic Con junto a ropa, un skate y máquinas arcade. Pero la historia interesante no está en el juego: está en lo que ocurre cuando un músico deja de ser solamente un músico.

Hay algo extraño en que Eminem se haya convertido en un videojuego, no porque los músicos no hayan aparecido antes en videojuegos (lo han hecho cientos de veces), tampoco porque Eminem sea especialmente ajeno a ese mundo: su personaje lleva décadas viviendo en una zona en la que la música, el cine, el cómic, la cultura pop y la provocación se mezclan continuamente, lo extraño es que, a estas alturas, quizá ya no deberíamos hablar de Eminem como un músico que aparece en otros medios, Eminem es directamente un personaje (y ahora también es un videojuego).

Se llama Marshall’s Massacre y ha sido desarrollado por Fan Arcade dentro de una colaboración entre Eminem y NERDS Clothing. El juego forma parte de una colección que se presentará en la New York Comic Con, que se celebra del 8 al 11 de octubre, junto a un skate, ropa, ilustraciones de estética 16-bit y varias máquinas arcade intervenidas por el artista neoyorquino Danny Cortes.

El juego ya puede jugarse online y quizá sea mejor así porque lo verdaderamente interesante no es averiguar si Marshall’s Massacre es un buen videojuego, es preguntarse por qué Eminem necesita convertirse en uno.

Eminem lleva mucho tiempo dejando de ser solamente Eminem

La respuesta empieza mucho antes de Marshall’s Massacre.

Eminem construyó buena parte de su identidad alrededor de una idea extraordinariamente útil para la cultura pop: Marshall Mathers podía ser una persona, Eminem podía ser un artista y Slim Shady podía ser un personaje.

Las tres cosas podían convivir y esa posibilidad permitió que su música funcionase también como una especie de universo narrativo: había canciones, había alter egos, había humor, había violencia caricaturesca, había cine, había estética, había objetos, había una iconografía reconocible incluso para quien no escuchaba sus discos.

El propio Rock & Roll Hall of Fame ha señalado cómo Eminem ayudó a normalizar que grandes artistas del hip-hop pudieran habitar alter egos y personajes alejados de la imagen tradicional que se esperaba de un rapero. Así Slim Shady no era solamente una voz, era una identidad visual y una identidad visual puede vivir prácticamente en cualquier sitio: también en un videojuego.

Lo interesante no es que Eminem entre en los videojuegos

Lo interesante es que los videojuegos ya forman parte del lenguaje de las estrellas pop.

Durante mucho tiempo, la música funcionaba como el centro y todo lo demás eran extensiones: el disco era la obra, el videoclip la acompañaba, el merchandising la convertía en objeto, el concierto la convertía en experiencia. Ahora las fronteras son bastante menos claras: un artista puede ser canción, personaje, colaboración de ropa, figura coleccionable, contenido para redes, experiencia interactiva y producto. Todo puede formar parte del mismo universo.

Por eso Marshall’s Massacre aparece acompañado de una colección de NERDS Clothing que incluye un skate, una camiseta de manga larga y una bomber, además de máquinas arcade diseñadas alrededor de la imagen pixelada de Eminem.

No estamos ante un videojuego aislado, estamos ante un pequeño ecosistema alrededor de Eminem y ahí la cosa empieza a ponerse interesante.

El músico como propiedad cultural

Quizá una de las grandes transformaciones del pop contemporáneo sea precisamente esta: ya no basta con tener canciones reconocibles. Hay que construir un mundo alrededor de ellas, Eminem lo entendió muy pronto.

Otros artistas lo han hecho después de maneras diferentes. Taylor Swift ha convertido su obra en una mitología que se puede recorrer, coleccionar y reinterpretar. Billie Eilish tiene una estética que funciona fuera de sus canciones. Gorillaz directamente convirtió a sus músicos en personajes. KISS convirtió sus rostros en logotipos. Y artistas de generaciones posteriores han entendido que una carrera musical puede producir también personajes, objetos, mundos y códigos visuales.

Eminem está ahora en una fase especialmente curiosa de ese proceso, ya no necesita inventar otro personaje, tiene demasiados.

Lo que puede hacer es dejar que esos personajes ocupen nuevos espacios.

Y ahí aparece Slim Shady

Hay algo especialmente apropiado en que esta colaboración utilice una estética de videojuego arcade.

Porque Slim Shady siempre tuvo algo de dibujo animado: era exagerado, violento, ridículo, imprevisible y, en ocasiones, deliberadamente absurdo. Su lógica no necesitaba ser completamente realista porque tampoco pretendía representar una persona convencional, era una caricatura capaz de decir cosas que Marshall Mathers no podía decir de la misma manera.

Convertir ahora esa iconografía en un personaje jugable parece casi una consecuencia natural. Si Slim Shady podía vivir dentro de las canciones, ¿por qué no iba a poder vivir dentro de una máquina arcade?

El futuro del pop quizá sea esto

La parte más interesante de Marshall’s Massacre no tiene demasiado que ver con su jugabilidad, tiene que ver con lo que representa.

Eminem no necesita un videojuego para seguir siendo relevante, tampoco necesita una colección de ropa, ni un skate, ni una máquina arcade pero todas esas cosas hacen algo diferente a una canción: convierten al artista en objeto.

Puedes escuchar un disco de Eminem durante cuatro minutos, puedes jugar con su personaje, puedes vestirlo, puedes coleccionarlo, puedes llevarlo en un skate, puedes fotografiarlo, puedes convertirlo en una pieza de tu propia identidad y esa transformación es especialmente significativa en una época en la que la frontera entre cultura y producto es cada vez más difícil de distinguir.

La pregunta ya no es cuánto puede vender un artista, la pregunta es cuántas formas diferentes puede encontrar su identidad para seguir existiendo fuera de la obra original.

Eminem ya no necesita otro disco para seguir siendo Eminem

Quizá por eso Marshall’s Massacre sea más interesante de lo que parece. Puede que el videojuego desaparezca dentro de unos meses, puede que quede como una curiosidad asociada a la New York Comic Con de 2026, puede que dentro de unos años nadie recuerde exactamente cómo se jugaba. No importa demasiado porque el movimiento ya está hecho: Eminem ha pasado de ser una persona que hacía canciones a ser una identidad cultural capaz de aparecer en diferentes formatos sin necesitar que todos ellos sean estrictamente musicales.

Y eso dice algo sobre él pero también dice algo sobre el pop.

Los grandes artistas ya no construyen solamente discografías. Construyen universos.

Eminem lleva más de dos décadas construyendo el suyo. Ahora podemos jugar dentro de él y quizá esa sea la verdadera noticia.

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