septiembre 24, 2026

The Volcanics: «La música te hace volver aunque intentes dejarla»

Bobby Burgess, guitarrista de la banda australiana The Volcanics, habla con Hipsterian Circus sobre «Too Late To Run», más de veinte años de rock, el aislamiento de Perth y esa extraña necesidad de seguir haciendo canciones cuando ya podrías haberlo dejado todo.

Hay una pregunta que suele aparecer cuando una banda cumple veinte años: ¿por qué sigue? Es una pregunta aparentemente inocente, pero contiene una idea bastante más incómoda. En algún momento, cualquier grupo que haya sobrevivido durante décadas tiene que enfrentarse a la posibilidad de convertirse en una versión nostálgica de sí mismo. De repetir las canciones que funcionaron, recuperar los gestos que alguna vez tuvieron sentido y convertir la historia en una especie de empleo.

The Volcanics llevan más de veinte años esquivando esa posibilidad. La banda de Perth regresa ahora a España para presentar «Too Late To Run«, su séptimo álbum de estudio, diez canciones grabadas en los RADA Studios de Fremantle, producidas por Jozef Grech y mezcladas y masterizadas por Jim Diamond. El disco apareció el pasado 1 de agosto y continúa moviéndose por ese territorio que The Volcanics conocen bien: garage, punk, rock australiano y guitarras que parecen diseñadas para sobrevivir mejor en un escenario que en una hoja de Excel.

Pero «Too Late To Run» tiene un título perfecto para una banda con esta historia. ¿Demasiado tarde para escapar de qué? Bobby Burgess, guitarrista de The Volcanics, no duda demasiado: de una vida dedicada al rock’n’roll, a la potencia de tocar música y también a todas sus consecuencias, buenas y malas. No habla de edad. Tampoco de nostalgia.

Habla de una forma de vida.

La séptima vez ya no es como la primera

Después de siete discos, The Volcanics han aprendido algunas cosas. La primera es que una banda no necesita reinventarse completamente para seguir avanzando. Bobby B. explica que la diferencia fundamental entre aquel primer álbum y «Too Late To Run» está en la propia formación: considera que la actual es la mejor que han tenido y destaca que el proceso de composición resulta ahora mucho más natural. Llegan al estudio con la mayoría de las canciones ya escritas y utilizan la grabación para terminar de afinarlas, añadir arreglos y completar las canciones. Hay algo casi tranquilizador en esa respuesta, después de veinte años, seguir buscando no significa necesariamente empezar de cero.

A veces significa conocer mejor aquello que todavía quieres hacer y The Volcanics saben perfectamente de dónde vienen.

Perth, al otro lado del mundo

La geografía también importa. The Volcanics nacieron en Perth, una ciudad que aparece en el mapa musical australiano con una condición particular: está lejos de casi todo.

Burgess describe una ciudad sin una gran escena comercial, sin grandes discográficas y sin demasiado dinero. Pero precisamente ese aislamiento ayudó a construir una identidad propia. Perth está aislada de Australia y Australia está aislada del resto del mundo. Una especie de doble frontera que obliga a las bandas a construirse su propio espacio.

En esa tradición aparecen The Victims, The Scientists, Radio Birdman, AC/DC, The Stooges o MC5, Burgess habla de una escena australiana marcada por cierta dureza y por una raíz obrera. Allí, dice, hay que querer realmente hacer esto, «Tienes que quererlo» nos dice sin ambigüedades y, sin duda, esa frase explica mejor que ninguna otra por qué una banda como The Volcanics puede pasar dos décadas haciendo rock sin que la pregunta por la utilidad termine destruyéndola.

¿Por qué seguir?

¿Por qué entrar otra vez en un estudio? ¿Por qué escribir un séptimo disco? ¿Por qué cruzar medio mundo para tocar en salas españolas? Burgess responde que todavía tienen cosas que decir y nuevas maneras de decirlas. Pero añade algo mucho más sencillo: escribir música con tus amigos y tocarla es como una droga.

Y entonces aparece una frase que podría funcionar como declaración de principios de toda una generación de músicos: “un músico de verdad no deja de tocar, nunca”. No significa que el músico tenga que estar siempre sobre un escenario. Significa que existe una relación con la música que no depende completamente del éxito, del mercado o incluso de la necesidad de publicar otro disco.

The Volcanics todavía quieren llegar a más gente, claro. Burgess admite que podrían alcanzar algunos corazones y algunas cabezas más en todo el mundo. Pero la banda ya tiene sentido para ellos, y quizá ahí esté la diferencia: primero está la necesidad de hacer música, después, todo lo demás.

El éxito puede ser otra cosa

En 2026 hablamos constantemente de alcance, cifras, reproducciones, seguidores y crecimiento pero The Volcanics tienen otra definición: tener éxito consiste en poder viajar tocando música que les apasiona junto a personas que quieren.

Eso es todo pero también eso es muchísimo. Después de veinte años, quizá el éxito no sea haber conquistado el mundo, quizá sea seguir teniendo ganas de coger un avión para tocar en una sala al otro lado del planeta.

La única manera de no convertirse en nostalgia

Hay una respuesta especialmente interesante cuando le preguntamos cómo evitar convertirse en una versión nostálgica de The Volcanics: no hablan de recuperar el sonido de los primeros discos, hablan de dos cosas: mejorar siempre el directo y seguir escribiendo canciones que les entusiasme tocar.

Es una respuesta sencilla, pero contiene una idea importante: la nostalgia mira hacia atrás, una banda que todavía escribe canciones mira hacia delante. Por eso «Too Late To Run» no es simplemente otro capítulo de una carrera larga. Es también una prueba de que la historia de una banda puede convertirse en contexto sin convertirse en destino.

Demasiado tarde para dejarlo

Le preguntamos finalmente qué tendría que suceder para que The Volcanics dijeran que todo había terminado. La respuesta de Burgess es casi una pequeña película. Quizá alguien pronunciaría una breve elegía por la banda. Después el mundo seguiría girando y aparecería otra formación para ocupar su lugar.

Pero él no ve realmente un final.

Incluso si intentaran dejarlo, dice, la música acabaría arrastrándolos de vuelta: un riff, una letra, una llamada a los amigos, otro ensayo y es entonces cuando «Too Late To Run» adquiere otro significado: no es demasiado tarde para escapar porque lleven demasiado tiempo haciendo rock, es demasiado tarde porque ya saben que no quieren escapar.

The Volcanics llegan a España el 24 de septiembre. Después pasarán por Cox, San Pedro de Alcántara, Torre de Benagalbón, Guadalajara, Castellón, Zaragoza, Bilbao y Vitoria-Gasteiz, además de una última fecha asturiana el 3 de octubre. Son diez conciertos para presentar un disco que, de alguna manera, responde a la pregunta que seguramente nadie puede contestar mejor que ellos mismos:

¿Por qué seguir? Porque todavía quedan canciones y porque, al parecer, la música siempre sabe cómo hacerte volver.

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