El pasado 19 de febrero la Sala Custom de Sevilla vivió una de esas noches que justifican por sí solas la existencia de los festivales pequeños y los conciertos de sala. Nacho Vegas presentó por primera vez en la ciudad su nuevo disco, «Vidas semipreciosas«, dentro de la programación del Insólito. Y lo hizo exactamente como él sabe: sin artificios, sin prisa y con una honestidad que desarma.
El disco, que vio la luz el 23 de enero, es una de las obras más redondas y maduras de su carrera. En Sevilla, en directo, se confirmó que no es solo un buen álbum: es un universo completo que dialoga con todo lo anterior sin repetirse. El concierto arrancó con ‘Alivio‘, tema que abre el disco, y desde el primer acorde se respiró esa atmósfera íntima pero intensa que caracteriza a Vegas. La sala, que no estaba llena hasta la bandera pero sí entregada, escuchaba con respeto casi reverencial.
Pronto llegó el viaje a los 2000 con ‘La plaza de la Soledá‘, ‘Nuevos planes‘ y ‘Crujidos‘. Ahí la gente ya empezaba a soltarse, a balancearse, a susurrar los versos. Fue en ‘Fíu‘ donde el concierto tomó verdadera dimensión emocional y política. Nacho entonó con absoluta claridad: “Por eso en esta familia somos de izquierdas: rojos, progres, comunistas, que nos llamen como quieran… Soy hijo de Cristina Vegas, antifascista”. El público respondió con un aplauso largo y sentido. No fue postureo; fue compromiso sincero, de los que ya no se ven tanto.

Hubo espacio también para la sonrisa. En ‘Deslenguarte‘, el guitarrista se encargó del fragmento que en el disco interpreta Albert Pla y lo hizo con tanta personalidad que arrancó risas y aplausos espontáneos. Momentos así son los que hacen grande un concierto de Nacho Vegas: puede pasar de lo más hondo a lo más ligero sin que se rompa nunca el hilo emocional.
La sala fue creciendo poco a poco. ‘La gran broma final‘ fue uno de los puntos álgidos: coreada con fuerza contenida, de esas que ponen la piel de gallina. ‘A ver la ballena‘ también dejó huella. Vegas explicó su origen (una noticia real de un periódico clandestino de 1984) y la canción ganó una capa extra de profundidad. El tramo final fue puro subidón: ‘Bravo‘, ‘Ser árbol‘, ‘Seis pardales‘ y, como cierre perfecto, ‘La pena‘ (que firmó junto a Bunbury). El público, que había empezado la noche casi en silencio, acabó cantando con los ojos cerrados y el corazón abierto.

Poco más de dos horas de concierto, sin prisa pero sin descanso. Nacho apenas habló entre canción y canción, pero cuando lo hizo fue preciso y cercano: “Estoy muy ilusionado de estar aquí, en Sevilla, en el sur, en Andalucía, por primera vez en esta gira”. No necesitaba más palabras. Su voz, su guitarra y sus letras ya lo decían todo.
En la Custom se respiró esa sensación tan especial que solo ocurre en los buenos conciertos de autor: la de estar compartiendo algo valioso, algo que trasciende el entretenimiento y se convierte en experiencia colectiva. Nacho Vegas no viene a deslumbrar con efectos ni a vender humo. Viene a contar verdades, a remover recuerdos y a recordarnos que, en tiempos de ruido, todavía hay quien sabe decir las cosas con belleza y con filo.

Sevilla respondió como sabe: con respeto, emoción y con esa calidez que hace que los conciertos aquí se sientan distintos. Una noche redonda para cerrar un jueves de febrero que, gracias a Nacho Vegas, ya no será un jueves cualquiera.
Gracias, Nacho. Volveremos a vernos pronto.

