febrero 6, 2026

Cives conquista Madrid a golpe de rock y garra

Llegamos a la Cadavra con el típico runrún de sábado madrileño: gente que viene a pasarlo bien, algún familiar despistado y esa energía de que algo bueno va a pasar. Los teloneros (Malos Trapos, para los que no pillaron el flyer) cumplieron: majos, con colegas en la sala, y con algún guiño a los Cives, calentaron el ambiente pero no nos equivoquemos: lo que venía después era otro nivel.

Y entonces entraron Cives: la batería marcando el compás como si dijera “aquí mando yo un rato”, y uno a uno apareciendo con esa pose de quien sabe que la va a liar parda. porque desde el minuto uno se notó que controlaban el escenario como si fuera su salón. Dominio total, conexión inmediata con un público que se sabía las letras de «Filautía«. 

Cives en la Sala Cadavra / Foto: Sara G. Ruibal

El setlist fue un puñetazo tras otro, fiel al espíritu del disco pero con esa garra extra del directo. Arrancaron fuerte, mantuvieron la intensidad y soltaron momentos que se te quedan grabados. Destacó la intro que Jara hizo para ‘6 AM’: habló del amor propio, de cómo la lucha feminista avanza dos pasos y retrocede uno, de ese sube y baja emocional que duele pero motiva. Bonita, sincera, sin postureo. De las que te hacen pensar mientras el riff entra de nuevo.

Otro momentazo: subió su amiga Sol a cantar con ellos, puro feeling entre colegas. El bajista Carlos Bravo se animó a meter voz en una canción y sonó natural, sin forzar. Y la exclusiva: presentaron ‘Pausa’, nueva canción que encajó como anillo al dedo en el repertorio. Suena fresca, con ese giro que la banda lleva explorando desde hace unos años, más ecléctica pero sin perder la esencia rockera.

Lo que más flipa de Cives en directo es la cohesión. La flauta travesera no es postureo: es un arma diferenciadora que Jara maneja con una maestría que te deja loco. Cuando entra en los temas, el sonido se eleva, se vuelve más orgánico, más mágico. Y la conexión entre las dos chicas (Jara y Bea Lacher a la guitarra) es de las que se notan: miradas, energía compartida, como si se entendieran sin hablar. Bea estaba on fire, bajando incluso al público a tocar entre la gente, metiendo caña y manteniendo la energía por las nubes. La guitarra rugiendo, la gente coreando, el sudor volando.

La base rítmica no dio tregua: Carlos al bajo sólido como una roca y la batería (Josu Fernández) marcando el pulso sin dejar ni un hueco vacío. Además el sonido en Cadavra estuvo impecable, todo en su sitio para que la potencia noventera de los riffs y las melodías pop se lucieran sin pisarse.

Cives en la Sala Cadavra / Foto: Sara G. Ruibal

Cives tiene mucho que cantar, mucho que aportar porque son de esas bandas que cuando tocan su última nota tú ya estás pensando “joder, pago lo que sea por verlos otra vez”. «Filautía«, su último trabajo, en directo es crudo, potente, honesto y con detalles que lo hacen único (esa flauta, esa actitud). Cives no son solo una promesa, son de los que te hacen creer que el rock en español sigue teniendo mucho que decir.

Si caminas por tu ciudad, y ves que ellos la visitan y no lo dudes. Y lleva tapones, que la lían.

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