marzo 16, 2026

«One Hell Of A Ride» de The Ripples, rock analógico para tiempos de algoritmo

En la era donde todo se acorta, se samplea y se decide por un puñado de likes, aparecen The Ripples, cinco mallorquines que te dicen: «nos da igual lo que esté petando ahora». Su nuevo disco, «One Hell Of A Ride«, no es un ejercicio de nostalgia; es una declaración de principios. Es el recordatorio de por qué una banda de amigos siempre será mejor que cualquier grupo prefabricado por un algoritmo.

Este álbum nace de la honestidad musical más pura. El frontman Toni Sbert y los suyos han elegido la carretera secundaria, la que huele a madera, a válvulas y a verdad analógica. Se inspiran en el rock norteamericano de los 60 y 70 (saludos a Bob Dylan y George Harrison), pero este disco suena a 2025, a gente que se ha currado el sonido en un antiguo teatro abandonado de Calvià con un colega de productor. Eso, hoy día, es lo más jodidamente original que puedes hacer.

El concepto del álbum es tan real que duele. El título, «One Hell Of A Ride» (Un Viaje de Mil Demonios), resume el ritmo frenético de su vida: primer concierto en julio de 2023, nueve meses después grabando en Abbey Road (¡los primeros mallorquines en conseguirlo!), gira en UK, cincuenta bolos en un año… Toni lo resume sin paños calientes: «Este es un ritmo muy jodido».

El single ‘No Direction‘ es el himno de este viaje sin mapa. Trata de esa verdad cruda de estar tan metido en la movida musical que ya es imposible volver atrás, aunque no tengas ni idea de dónde vas. La complejidad de compaginar la pasión con trabajos, parejas y familia, sabiendo que, quizá, nunca vivas de esto. Es el rock sincero de quien va a contracorriente, pero no le queda otra que seguir corriendo hacia la luz.

https://open.spotify.com/intl-es/album/2cHK244MsTuLozN00GEAnh

El disco es una montaña rusa emocional que se refleja en sus singles. Tienes el despecho crudo de ‘Never gonna be‘ («este soy yo y no voy a cambiar por nadie»), justo antes de la encrucijada de ‘Something’s got a hold on me‘ («me encantaría cambiar, pero hay algo que no me deja»). Y luego, claro, te estampas contra la pared de la realidad en ‘No direction‘. El álbum funciona como una película con estos contrapuntos.

The Ripples ha parido un discazo de los que echábamos de menos. Es la prueba de que el rock no necesita filtros ni samples pregrabados; necesita cinco amigos que amen la música y tengan cojones para ir a su bola. «One Hell Of A Ride» pasa en un suspiro, pero es ese suspiro fugaz que te recuerda por qué las bandas son el único centro de ayuda que importa. Pura verdad rock analógica para el playlist de tu carretera secundaria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *