Amnesia, uno de los templos históricos de la música electrónica celebra medio siglo de noches interminables asociándose con una marca de protección auditiva, puede ser raro pero es que quizá los clubes también hayan empezado a asumir que nuestros oídos no son infinitos.
Hay algo ligeramente contradictorio en celebrar medio siglo de cultura club con unos tapones para los oídos.
Amnesia Ibiza lleva desde 1976 haciendo precisamente lo contrario: subir el volumen, apagar las luces y conseguir que durante unas horas la música deje de ser algo que escuchamos para convertirse en algo que sentimos físicamente. Cinco décadas después, uno de los grandes templos de la noche ibicenca ha decidido asociarse con Loop Earplugs para lanzar una edición limitada de sus Experience Plus.
La colaboración se presentó el 1 de septiembre con motivo del 50 aniversario de Amnesia. Los tapones incorporan la estética del club y ofrecen una reducción de 17 dB del sonido filtrado, con otros 3 dB adicionales mediante los accesorios Loop Mute incluidos. Pero el producto, sinceramente, es lo de menos.
Lo interesante es lo que significa.
Porque quizá Amnesia acaba de reconocer (implícita e incluso explícitamente) algo que durante décadas hemos preferido ignorar: escuchar música a todo volumen tiene consecuencias.
El volumen también forma parte de la experiencia
Durante mucho tiempo hemos aceptado una idea bastante sencilla: cuanto más fuerte, mejor. En un concierto queremos sentir el bombo en el pecho. En un club queremos que el bajo nos atraviese. En un festival buscamos ese punto en el que hablar con la persona que tenemos al lado deja de ser una posibilidad. Y tiene sentido.

La música amplificada no es solamente una cuestión acústica. También es física. La cultura club ha construido buena parte de su identidad alrededor de esa sensación de inmersión, de estar dentro del sonido y no simplemente delante de él.
El problema es que nuestros oídos no entienden demasiado de nostalgia, hedonismo o libertad para ellos, el volumen es volumen.
La Organización Mundial de la Salud lleva años advirtiendo de los riesgos de la exposición prolongada a sonidos elevados en contextos recreativos. Según sus datos, alrededor del 40% de los jóvenes de entre 12 y 35 años en países de ingresos medios y altos están expuestos a niveles potencialmente dañinos en lugares de entretenimiento. Y la relación entre volumen y tiempo es bastante menos romántica que nuestra relación con la música.
La OMS establece, por ejemplo, que a 80 decibelios el tiempo de escucha semanal sin riesgo puede llegar a 40 horas, mientras que a 100 dB se reduce a unos 20 minutos semanales en su tabla actual de escucha segura. Cuanto más sube el volumen, menos tiempo necesita el sonido para convertirse en un problema.
De repente, aquella noche de ocho horas bailando junto a un altavoz empieza a parecer una idea algo menos inocente.
¿Y si protegerse los oídos se convierte en el nuevo símbolo de la cultura club?
Aquí está lo verdaderamente interesante de la colaboración entre Amnesia y Loop. Los tapones para los oídos siempre han tenido un problema de imagen: durante años fueron el accesorio de quien estaba trabajando detrás del escenario, del músico preocupado por su audición o del veterano que ya había aprendido por las malas que aquel pitido después del concierto no era exactamente parte del espectáculo.

Para buena parte del público eran, sencillamente, una forma de escuchar menos y, que coño, nadie quería escuchar menos.
Ahora la conversación está empezando a cambiar.
La nueva generación de protección auditiva intenta vender precisamente lo contrario: no escuchar menos, sino escuchar mejor durante más tiempo.
Loop ha construido buena parte de su identidad alrededor de esa idea y Amnesia ha decidido introducirla directamente en el territorio donde más sentido tiene: la pista de baile. La propia colaboración insiste en que la protección auditiva debe dejar de percibirse como una obligación para convertirse en parte natural de la cultura club.
Es un cambio pequeño, pero culturalmente bastante significativo.
Porque si los tapones empiezan a formar parte de la estética de una noche, dejan de ser una señal de que alguien quiere protegerse de la música y empiezan a ser una señal de que quiere seguir disfrutándola.
El club del futuro quizá tenga que aprender a cuidar nuestros oídos
La cuestión tampoco consiste en pedir que las discotecas se conviertan en bibliotecas, sería absurdo. Un club sin volumen pierde parte de su razón de ser. El grave, la presión sonora, la sensación de estar rodeado por cientos de personas escuchando exactamente lo mismo forman parte de la experiencia. La pregunta es otra: ¿Tiene que doler para que una noche sea memorable?
La OMS no plantea eliminar la música amplificada. Su estándar internacional para lugares y eventos de entretenimiento propone precisamente combinar sonido de calidad y protección auditiva. Entre sus seis medidas incluye limitar el nivel medio a 100 dB, monitorizar los niveles de sonido, optimizar la acústica, ofrecer protección auditiva, habilitar zonas tranquilas y formar e informar al personal. Es decir: el debate ya no es si tenemos que dejar de escuchar música fuerte, es si podemos diseñar mejor los lugares donde la escuchamos y eso cambia bastante las cosas.
En 2023, por ejemplo, un gran festival artístico de la India se convirtió en el primero de su tamaño en aplicar íntegramente el estándar de escucha segura de la OMS, incluyendo monitorización del sonido, zonas de descanso auditivo y disponibilidad de protección para el público.
Quizá ese sea el camino.
No bajar el volumen de la cultura club, sino hacer que la cultura club deje de asumir que los cuerpos que la disfrutan son infinitos.
Amnesia ha tardado 50 años en llegar hasta aquí
Hay una última ironía: Amnesia celebra sus primeros 50 años precisamente hablando de los próximos 50.

La colaboración con Loop utiliza esa idea de continuidad de forma bastante evidente: si queremos seguir bailando dentro de décadas, quizá tengamos que empezar a cuidar aquello que utilizamos para escuchar y hay algo casi poético en que sea un club como Amnesia quien ponga el asunto encima de la mesa.
Desde 1976, el local se ha presentado como un espacio de experimentación musical y como uno de los lugares fundamentales de la cultura club ibicenca. Ahora, al cumplir medio siglo, incorpora a su propio universo algo que durante mucho tiempo parecía incompatible con la idea de entregarse por completo a una noche: la prevención.
No sabemos todavía si los tapones acabarán convirtiéndose en las nuevas gafas de sol de la pista de baile, en otro objeto de merchandising destinado a acumular polvo en un cajón o en un accesorio tan habitual como las zapatillas.
Pero la pregunta ya está ahí.
Porque quizá dentro de otros 50 años nos parezca tan extraño entrar en un club sin protección auditiva como nos parece ahora salir a correr sin pensar en las zapatillas. O quizá no.
Lo que sí sabemos es que no necesitamos escuchar menos música. Necesitamos poder seguir escuchándola.
Y quizá Amnesia, después de medio siglo enseñándonos a subir el volumen, acaba de empezar a enseñarnos algo bastante más difícil: cuándo merece la pena bajarlo.

