El guitarrista y fundador de New Found Glory ha muerto a los 45 años, después de casi tres décadas haciendo canciones que acompañaron a una generación desde la adolescencia hasta la vida adulta. En 2026 todavía estaba haciendo discos, tocando en directo y formando parte de una banda que nunca necesitó dejar de ser ella misma.
Hay una fotografía extraña en la historia reciente de New Found Glory.
Junio de 2026. Nashville. Chad Gilbert vuelve a subir a un escenario después de haber pasado por una cirugía cerebral de urgencia unos meses antes. Lo hace sentado en una silla de ruedas. Tiene 45 años. Coge la guitarra. Delante está su hija.
Toca ‘Hit or Miss‘, después toca ‘My Friends Over You‘. No es una escena especialmente sofisticada, no necesita serlo. Es una guitarra, una banda, un escenario y dos canciones que llevan más de veinte años acompañando a personas que ya no tienen veinte años.
Gilbert moriría el 20 de septiembre. Tenía 45 años. La noticia convierte aquella actuación en algo que nadie podía saber entonces que era: la última vez. Pero quizá sería injusto convertir toda su historia en ese último concierto porque Chad Gilbert llevaba casi treinta años haciendo algo bastante más difícil que sobrevivir a una enfermedad: seguir haciendo música sin necesitar demostrar que todavía podía hacerlo.
El pop-punk también se hizo adulto
New Found Glory nació en Florida en 1997, Gilbert tenía entonces 16 años, la banda formaba parte de aquella explosión que terminaría convirtiendo el pop-punk en algo mucho más grande que una escena. Green Day había abierto una puerta años antes. Blink-182 había demostrado que una banda podía llenar pabellones sin dejar de parecer un grupo de amigos. Después llegarían New Found Glory, Sum 41, Good Charlotte, Yellowcard y tantos otros.
Durante unos años, aquello parecía una edad, una música para adolescentes, una manera de vestir, una manera de hablar, una colección de canciones sobre amigos, rupturas, institutos, inseguridades y la sensación, muy adolescente, de que todo lo que te ocurre es definitivo. Pero las personas que escuchaban aquellas canciones crecieron y algunas de las bandas también. New Found Glory siguió haciendo discos, eso parece sencillo hasta que uno piensa en lo extraño que resulta que una música asociada a la adolescencia pueda acompañarte durante veinte o treinta años sin convertirse necesariamente en una caricatura de sí misma.
En 2017, Gilbert explicaba algo que ahora resulta especialmente revelador. Después de dos décadas, decía, ya no sentían la misma necesidad de demostrar nada. No les preocupaba tanto si los seguidores iban a aprobar un disco o si iba a vender. Querían tocar sus canciones, disfrutar de los conciertos y dejar de preocuparse por la «ilusión» del negocio musical. Había pasado algo fundamental. Habían dejado de perseguir una meta.
La libertad de no tener que reinventarse
Existe una obsesión bastante contemporánea con la reinvención: un artista tiene que cambiar, una banda tiene que evolucionar, el nuevo disco tiene que demostrar algo, la siguiente canción debe superar a la anterior y si no sucede, aparece inmediatamente la palabra decadencia. Gilbert parecía entender otra posibilidad: que una banda pueda evolucionar sin renunciar a aquello que la hizo reconocible, que la identidad no sea una cárcel, que seguir haciendo canciones parecidas no sea necesariamente una derrota y que, después de veinte años, también pueda existir una forma de libertad en decir: esto somos.
No es casual que el último disco de New Found Glory, «Listen Up!«, publicado en febrero de 2026, vuelva a utilizar buena parte de las herramientas que hicieron reconocible al grupo: riffs directos, melodías inmediatas y canciones construidas para ser cantadas juntos.
Pero hay algo diferente. El disco ya no suena como una banda intentando conquistar el mundo, suena como una banda que sabe exactamente dónde está.
‘My Friends Over You‘ ya no habla de la adolescencia
Quizá esa sea la verdadera transformación del pop-punk.
Una canción puede conservar las mismas guitarras y significar otra cosa veinte años después. Cuando New Found Glory grabó ‘My Friends Over You‘, en 2002, podía escucharse como una canción más sobre relaciones, amigos y aquella pequeña tragedia sentimental que parecía ocuparlo todo.
Hoy, después de casi tres décadas de carrera, puede escucharse de otra manera. Como una canción sobre permanecer, sobre las personas que siguen ahí, sobre una banda que ha atravesado cambios de industria, modas, plataformas, discos, giras y generaciones y que todavía puede tocar aquella canción delante de miles de personas. El significado no estaba necesariamente dentro de la canción: lo puso el tiempo.
El último disco llegó cuando todavía quedaba algo que decir
«Listen Up!» resulta ahora inevitablemente difícil de escuchar sin conocer lo que ocurrió después.
La propia banda ha explicado que el álbum nació marcado por las circunstancias personales de Gilbert y por el vínculo con sus compañeros. Fue escrito de forma presencial en Nashville y construido alrededor de riffs y canciones directas.
El primer adelanto fue «100%», escucharlo ahora tiene algo incómodo, no porque sea una despedida. No lo es, no hay que convertir retrospectivamente una canción en un mensaje secreto que nunca pretendió ser. Lo interesante es precisamente lo contrario: Gilbert estaba haciendo un disco nuevo. No estaba preparando su legado, no estaba grabando su epitafio. Estaba haciendo canciones y quizá esa sea la imagen más fiel de su vida musical.
El último escenario
En junio volvió a tocar.
Podría haberse quedado fuera, podría haber decidido que ya había hecho suficiente pero volvió. Tocó sentado. Tocó delante de su hija. Tocó canciones que llevaban años formando parte de la memoria colectiva de una generación. Y después volvió a desaparecer de los escenarios.
Tres meses más tarde murió.
No sabemos qué pensó aquella noche de Nashville. No deberíamos inventarlo, sí sabemos algo más sencillo: quería volver a tocar y eso encaja con todo lo que había dicho durante años.
Cuando una banda lleva veinte años, ya no existe necesariamente la presión de demostrar que puede ser la más grande. Existe otra cosa: el placer de estar allí.
Chad Gilbert no pertenece solamente al pop-punk
Quizá por eso su muerte no debería leerse únicamente como la desaparición de un guitarrista de New Found Glory.
Gilbert pertenece a una generación que convirtió una música juvenil en una forma de vida adulta. Los adolescentes que escucharon «Sticks and Stones» tienen ahora treinta, cuarenta o más años, han cambiado de trabajo, han tenido hijos, han perdido amigos, han cambiado de ciudad, han dejado de vestir como entonces.
Algunos quizá hayan dejado de escuchar pop-punk durante años pero cuando suenan las primeras notas de ‘My Friends Over You‘, saben exactamente dónde están. Eso es algo que la industria musical no puede medir demasiado bien, no aparece necesariamente en una cifra, no tiene que ver con reproducciones ni con posiciones en una lista. Tiene que ver con la memoria.
Chad Gilbert ya no tenía nada que demostrar
Hay una fotografía todavía más poderosa que la del músico enfermo regresando al escenario. Es la de un hombre de 45 años entrando en un estudio para hacer otro disco de New Found Glory. Otra vez. Como si fuera lo más normal del mundo (quizá lo fuera).
Chad Gilbert empezó a hacer música cuando era prácticamente un niño. Murió después de casi treinta años sin haber encontrado una razón suficientemente poderosa para dejar de hacerla. No necesitaba reinventarse, no necesitaba demostrar que New Found Glory todavía importaba, no necesitaba convencer a nadie de que el pop-punk podía ser adulto, simplemente siguió tocando y quizá esa sea la parte menos espectacular y más hermosa de su historia.
Hay músicos que pasan la vida intentando convertirse en leyendas. Hay otros que tienen la suerte de llegar a un punto en el que ya no necesitan convertirse en nada.
Solo necesitan coger una guitarra.
Chad Gilbert murió a los 45 años pero llevaba mucho tiempo habiendo entendido algo que quizá tardemos nosotros bastante más en aprender: que después de haber hecho las canciones que querías hacer, haberlas tocado con tus amigos y haber encontrado a las personas que todavía quieren escucharlas, quizá no quede nada que demostrar.
Solo tocar.

