Una semana después de abandonar la Praia Fluvial do Taboão, todavía seguimos pensando en lo que ocurrió allí. Entre conciertos, descubrimientos, cansancio, polvo, cerveza y alguna que otra discusión sobre si este festival está cambiando demasiado, hemos dejado pasar unos días antes de escribir estas líneas. Porque Paredes de Coura merece algo más que una crónica escrita con las pulsaciones todavía disparadas.
Hay festivales a los que vas, y hay festivales a los que vuelve. La diferencia parece pequeña, pero no lo es.
Hace una semana estábamos en Paredes de Coura. Desde entonces hemos tenido tiempo para pensar en lo que vivimos durante aquellos días, en los conciertos que nos llevamos a casa, en aquellos que quizá esperábamos demasiado y, sobre todo, en esa sensación contradictoria que nos dejó esta edición: seguimos queriendo muchísimo este festival, pero también hemos empezado a preguntarnos si está cambiando aquello que durante tantos años lo hizo diferente.
Precisamente por eso hemos querido esperar. No para elaborar un ranking de conciertos ni para decidir cuál fue el mejor grupo de esta edición. Tampoco para volver a hablar de aforos, escenarios o de si este año había demasiada gente. Queremos hablar de otra cosa: de los momentos que, incluso después de una semana, nos hacen pensar que volveremos.Porque Paredes de Coura sigue teniendo algo que no se puede programar en una hoja de Excel.
Y estos son cinco motivos.
1. El eclipse que convirtió un concierto en algo irrepetible
Hay conciertos que recuerdas porque la banda estuvo extraordinaria, otros porque sonaron algunas de tus canciones favoritas. Y luego están aquellos que recuerdas porque ocurrió algo que nadie había previsto.
El encuentro entre First Breath After Coma y Salvador Sobral pertenecía inicialmente a otro universo. Un proyecto nacido para espacios teatrales que llegó al anfiteatro de Coura y terminó convertido en una experiencia colectiva de dimensiones mucho mayores.



La música ya tenía suficiente fuerza por sí misma pero entonces llegó el eclipse.
Durante unos minutos, Paredes de Coura dejó de mirar al escenario. Todo el festival levantó la cabeza hacia el cielo. Lo que hasta ese momento era un concierto se convirtió en otra cosa. El público, los músicos, el paisaje y ese extraño cambio de luz quedaron unidos por un acontecimiento que no estaba en ningún guion.
Y quizá ahí esté una de las razones por las que seguimos regresando. Porque puedes contratar a una banda, construir un escenario y diseñar un espectáculo de luces pero no puedes contratar un eclipse. Tampoco puedes repetirlo.
Por eso, cuando dentro de unos años alguien nos pregunte qué ocurrió aquella primera jornada de Paredes de Coura, probablemente no hablaremos demasiado de la canción que estaba sonando.
Diremos simplemente: estábamos allí cuando se hizo de noche en mitad del día.
Y todos entenderán.
2. Benjamin Clementine y el concierto por el que merece la pena hacer el viaje
Cada festival tiene un concierto que funciona como punto de referencia. Ese por el que, incluso si el resto del cartel no te convence completamente, compras la entrada. Para nosotros, este año era Benjamin Clementine y después de verlo, la decisión parece todavía más sencilla.
Clementine no necesita demasiadas cosas para dominar un escenario. Su presencia tiene algo difícil de explicar, una mezcla de fragilidad, teatralidad y autoridad que convierte cada gesto en parte del espectáculo.
Pero lo verdaderamente extraordinario sigue estando en su voz.
En Coura volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de esos artistas que trascienden el formato festival. No parecía simplemente un músico interpretando un repertorio: parecía alguien contando algo que necesitábamos escuchar.
Y entonces llegó ese momento en el que el concierto dejó de pertenecer únicamente a Benjamin Clementine, pertenecía al público, a Paredes de Coura, a todos los que estábamos allí.



No necesitamos convencer a nadie de que fue el mejor concierto del festival. Estas cosas son demasiado personales pero sí podemos decir algo mucho más sencillo: fue uno de esos conciertos por los que merece la pena hacer el viaje hasta Coura.
Y eso ya es muchísimo.
3. MEUTE: una charanga electrónica capaz de levantar un entierro
Hay propuestas que sobre el papel parecen una broma. Una banda alemana de música electrónica formada alrededor de una especie de charanga gigantesca.
Hasta que aparecen sobre un escenario (entonces entiendes todo)-
MEUTE llegaron a Paredes de Coura con una misión bastante sencilla: conseguir que nadie permaneciera quieto y vaya si lo consiguieron.
Hay algo profundamente físico en su propuesta. No necesitas conocer las canciones, ni siquiera necesitas ser especialmente aficionado a la electrónica. Trompetas, percusión, bajos y una energía descomunal convierten el concierto en una especie de fiesta colectiva.
Una charanga electrónica capaz de levantar un entierro y probablemente eso sea exactamente lo que necesitábamos.
En un festival en el que algunos conciertos pedían concentración, escucha y cierta predisposición, MEUTE simplemente exigieron una cosa: moverse.
Solo hacerte bailar como un imbécil.
4. Coura no es solamente el festival
Quizá este sea el motivo más difícil de explicar.
Paredes de Coura no empieza cuando atraviesas las puertas del recinto. Empieza antes, en el pueblo, en las calles, en esa pastelería en la que recuperas fuerzas. en las conversaciones que rodean el viaje-
En esa sensación de que durante unos días un pequeño municipio del Alto Minho deja de mirar al festival como un acontecimiento ajeno y lo incorpora a su propia vida. Eso es algo que seguimos valorando muchísimo.
Porque puedes organizar un festival extraordinario en cualquier parte del mundo. Puedes contratar grandes nombres, montar escenarios espectaculares y crear una campaña de marketing impecable. Pero es mucho más difícil conseguir que el lugar que lo acoge lo sienta como suyo y Coura lo hace.
Hay algo especialmente bonito en regresar cada año y comprobar que, para mucha gente del pueblo, quienes llegan con una pulsera en la muñeca no son simplemente turistas que vienen a consumir música durante cuatro días: son visitantes y los visitantes se reciben.
Por eso la Praia Fluvial do Taboão sigue siendo uno de nuestros lugares especiales. Porque Paredes de Coura es un festival, sí pero también es un pueblo que durante unos días decide abrir la puerta.
Y quizá esa hospitalidad sea una de las cosas que más deberíamos cuidar.
5. Saber que volveremos en 2027
Y llegamos al quinto momento.
Uno que todavía no ha ocurrido.
Del 18 al 21 de agosto de 2027 volverá Vodafone Paredes de Coura, a priori, en este momento parece una información completamente banal, no lo es. Porque una de las cosas más bonitas que puede hacer un festival es darte algo que esperar.
Sabemos que diremos que el cartel no nos convence. Sabemos que probablemente nos quejaremos del calor, de la lluvia, del cansancio, de la carretera y de alguna decisión de programación.
Sabemos incluso que habrá algún concierto que nos parecerá una maravilla y otro que nos hará preguntarnos quién decidió contratarlo. Y, aun así, volveremos.
Porque una semana después de abandonar Paredes de Coura ya estamos pensando en la próxima edición.
Quizá ese sea el mejor indicador de todos: no sabemos qué bandas estarán allí, no sabemos cuánta gente acudirá, no sabemos si el festival habrá cambiado más o menos pero sabemos que deseamos encontrar una excusa regresar.
Porque sí, hemos salido de esta edición con preguntas. Hemos sentido que el festival está creciendo y que quizá algunas de las cosas que lo hacían especial empiezan a diluirse entre más público, más teléfonos levantados y una cierta sensación de que Coura se ha convertido, al menos parcialmente, en otro festival dentro del gigantesco circuito europeo.
Pero una cosa no invalida la otra. Precisamente porque queremos que Paredes de Coura siga siendo especial, nos preocupa cuando deja de parecerlo y precisamente porque nos preocupa, sabemos que todavía nos importa.
Así que aquí estamos, una semana después, pensando en el eclipse, en Benjamin Clementine y en agosto de 2027.

