El intérprete, fallecido a los 94 años, atravesó cinco décadas de televisión, cine y Broadway. Fue el príncipe de Cenicienta en una emisión histórica, jefe de policía en Hill Street Blues y una figura reconocible para varias generaciones de espectadores
Hay actores que fueron estrellas y hay otros, quizá más difíciles de olvidar, que simplemente estuvieron ahí. Jon Cypher pertenecía a la segunda categoría. Durante cinco décadas apareció en películas, series de televisión y escenarios de Broadway, interpretando personajes que terminaron formando parte de la memoria popular estadounidense aunque su nombre nunca alcanzara la dimensión de las grandes estrellas.
Cypher murió el pasado 3 de agosto en su casa de Central Point, Oregón, a los 94 años, acompañado por su esposa, Carol Rosin. Su carrera permite recorrer, casi sin quererlo, buena parte de la historia de la cultura popular estadounidense del último medio siglo.
En 1957 fue elegido para interpretar al príncipe Christopher en la producción televisiva de Cinderella, el musical de Rodgers y Hammerstein protagonizado por una jovencísima Julie Andrews. Era una emisión en directo de CBS y se convirtió en un acontecimiento televisivo extraordinario: más de 107 millones de espectadores siguieron aquella retransmisión, que llegó a más del 60% de los hogares estadounidenses. Cypher era prácticamente un desconocido cuando su primer gran papel televisivo fue, de golpe, visto por una audiencia que hoy resultaría difícil incluso imaginar. Pero aquel éxito no lo convirtió en una estrella de Hollywood. Su carrera tomó otro camino. Y quizá ahí esté precisamente su interés.
Cypher trabajó regularmente en Broadway, donde acumuló una docena de créditos, incluyendo producciones de Man of La Mancha, 1776, The Great White Hope, Coco y Big, mientras tanto, fue construyendo una carrera televisiva extraordinariamente extensa: Bonanza, Mannix, Mission: Impossible, The Rockford Files, Dallas, Dynasty, Knots Landing, Murder, She Wrote, Law & Order o Walker, Texas Ranger forman parte de una lista que explica mejor que cualquier definición qué clase de actor fue Cypher.
No necesitaba ser el protagonista, necesitaba que el personaje funcionara. Y esa capacidad terminó encontrando su papel más reconocible en Fletcher Daniels, el jefe de policía de Hill Street Blues.

Entre 1981 y 1987, Cypher interpretó al jefe Daniels en la serie creada por Steven Bochco y Michael Kozoll, una de las producciones fundamentales para entender la evolución del drama televisivo estadounidense. Para muchos espectadores, aquel fue Jon Cypher: un hombre de autoridad, serio, reconocible, capaz de sostener una escena sin necesidad de convertirla en un escaparate para el actor.
Después llegarían muchos otros personajes, desde el general Marcus Craig en Major Dad hasta apariciones en Santa Barbara, General Hospital o JAG. También hubo espacio para la cultura pop más pura: en 1987 Cypher interpretó a Man-At-Arms en Masters of the Universe, la película protagonizada por Dolph Lundgren que con el tiempo terminaría adquiriendo una particular condición de película de culto.
Años después incluso prestó su voz al villano Spellbinder en Batman Beyond: del príncipe de Julie Andrews a un personaje de He-Man pocas carreras resumen mejor la capacidad de la cultura popular para mezclar épocas aparentemente incompatibles.
Hay algo particularmente interesante en la trayectoria de Jon Cypher. Nunca necesitó convertirse en una celebridad para construir una carrera extraordinariamente larga.
En una época en la que la industria parecía dividir a los intérpretes entre protagonistas y secundarios, Cypher perteneció a una categoría mucho más importante de lo que solemos reconocer: los actores capaces de hacer creíble un mundo entero alrededor de los protagonistas.
Son los rostros que aparecen en una serie que quizá no ves desde hace veinte años y, sin embargo, reconoces inmediatamente. Los intérpretes que hacen que una película parezca más grande, los que pueden interpretar a un policía, un médico, un militar, un abogado o un villano sin necesidad de explicar demasiado quiénes son. Cypher fue uno de ellos.
Y tenía además una faceta musical. Era un apasionado de la ópera y cantaba en cuatro idiomas. En 2019 publicó incluso If You’re Not Depressed You Oughta Be in Therapy, una colección de 99 limericks y reflexiones.
Su última aparición profesional llegó más de veinte años antes de su muerte, pero Cypher nunca pareció contemplar la interpretación como una carrera con una fecha concreta de finalización. En una entrevista de 2014 describió la profesión como un oficio en el que uno está permanentemente siendo juzgado y debe aprender a levantarse una y otra vez. Cuando le preguntaron cuál era el secreto de su longevidad como actor, respondió con el humor que lo acompañó durante sus últimos años: “Poverty”, quizá fuese una broma, quizá también una forma bastante lúcida de explicar el oficio, porque Jon Cypher no construyó una carrera alrededor de un único gran papel. La construyó acumulando cientos de pequeñas presencias.
Y ahora que ha muerto, resulta curioso comprobar hasta qué punto esas presencias permanecen. Para algunos será el príncipe que acompañó a Julie Andrews en aquella Cinderella imposible de repetir, para otros, el jefe Fletcher Daniels de Hill Street Blues. Para una generación diferente, Man-At-Arms. Y para muchos simplemente será uno de esos rostros que llevamos décadas viendo sin haber sabido nunca cómo se llamaba.
Jon Cypher nunca fue la estrella de nuestra memoria quizá fue algo más difícil: uno de sus habitantes permanentes.

