octubre 2, 2026

Chuck Varga se pasó la vida fingiendo morir, hasta que la muerte dejó de ser parte del espectáculo

El fundador de GWAR que creó a Sexecutioner no fue solamente un músico. Fue escultor, diseñador, ilustrador, creador de personajes y uno de los arquitectos del universo que convirtió una banda de metal en un mundo propio

Hay algo extrañamente apropiado, y al mismo tiempo brutal, en la muerte de Chuck Varga: durante casi cuatro décadas interpretó a un personaje llamado Sexecutioner, formó parte de una banda que convirtió la sangre, la violencia, la muerte, los monstruos y la destrucción en espectáculo.

GWAR construyó un universo donde morir podía ser una broma, una escenografía, una canción o una explosión de látex y sangre falsa y Chuck Varga se pasó buena parte de su vida ayudando a construirlo. Hasta que la muerte dejó de ser parte del espectáculo.

Chuck Varga ha muerto a los 68 años después de una batalla contra el cáncer. La noticia fue comunicada el 25 de septiembre por Casey Orr, conocido en GWAR como Beefcake the Mighty, quien explicó que Varga había muerto en paz, acompañado por su esposa, Bambi.

Pero hay una manera bastante pobre de contar quién fue. Decir que fue el Sexecutioner de GWAR, porque lo fue pero también fue mucho más y quizá entender ese «mucho más» sea la única manera de entender realmente qué fue GWAR.

Chuck Varga no tocaba en GWAR, ayudó a inventar GWAR

Antes de que existiera GWAR como banda, existía una idea. Y antes de la idea existía un grupo de artistas.

Varga conoció a Hunter Jackson a principios de los años ochenta, cuando ambos estudiaban en la Virginia Commonwealth University. Juntos empezaron a trabajar en proyectos que mezclaban disfraces, escultura, superhéroes, cine y performance. Aquello terminaría convirtiéndose en Slave Pit, el colectivo artístico que acabaría siendo uno de los motores creativos de GWAR.

No empezaron pensando en formar una banda, empezaron pensando en construir cosas, personajes, criaturas, trajes, escenarios, historias y, en algún momento, apareció la música.

La unión con Death Piggy y el entorno de Dave Brockie terminó dando forma a GWAR a mediados de los ochenta.

Parece una simple anécdota, o mejor dicho, un cronograma que marca una historia pero no lo es porque explica por qué GWAR nunca fue exactamente una banda de metal con disfraces porque primero estaba el mundo y después llegó la banda.

Y Chuck Varga ayudó a construir ese mundo.

Sexecutioner necesitaba una canción

Entre todos aquellos personajes estaba Sexecutioner, Varga lo interpretó durante décadas y acabó convirtiéndolo en una de las figuras reconocibles del universo GWAR.

En la historia oral que Decibel publicó sobre Scumdogs of the Universe, Varga explicó que la canción ‘Sexecutioner‘ había sido idea suya, le gustaba tanto que insistió en interpretarla, no era simplemente un actor al que habían colocado dentro de un personaje, ra un artista construyendo el personaje, su historia y también su música.

Escuchar ahora aquella canción tiene algo de arqueología porque allí está la voz del personaje, pero también está la lógica completa de GWAR: una canción que no funciona solamente como canción.

Necesita una criatura. Necesita un traje. Necesita una historia. Necesita un escenario. Necesita que alguien se convierta en Sexecutioner y ese alguien era Chuck Varga.

El disco en el que GWAR descubrió qué quería ser

Si hay un disco que debemos colocar en el centro de esta historia es «Scumdogs of the Universe«, publicado en 1990, no porque sea necesariamente «el mejor disco de GWAR», esta es una discusión completamente distinta en la que hoy no nos vamos a sumergir, sino porque, como explicó el propio Varga años después, fue allí donde empezaron realmente a desarrollar el concepto de GWAR.

La banda ya existía, los personajes ya existían, Slave Pit ya existía pero en Scumdogs todas aquellas piezas empezaron a funcionar como un mismo mecanismo: música, personajes, ilustración, escultura, ciencia ficción, humor, violencia, performance… Todo dentro del mismo espacio.

‘Sick of You‘ permite escuchar a GWAR sin necesidad de explicar demasiado pero también permite comprobar algo importante: la canción funciona, la banda funciona pero la canción no termina ahí. Hay un universo alrededor y ese universo es precisamente lo que Varga ayudó a construir.

La música era solamente una de las habitaciones

Quizá por eso hablar de Chuck Varga como «músico» sea quedarse corto.

GWAR lo describe como escultor, diseñador de escenarios, artista de efectos especiales, ilustrador, creador de cómics y performer. Participó en el diseño de personajes, vestuario, decorados y accesorios, además de interpretar a Sexecutioner. También trabajó en las películas vinculadas al universo de GWAR, entre ellas Phallus in Wonderland, nominada al Grammy como mejor vídeo musical de larga duración.

Es difícil encontrar una definición más precisa de lo que significa inventar un espacio artístico porque eso era GWAR, no solamente un grupo, un espacio, un lugar imaginario en el que distintas disciplinas podían encontrarse.

La música era una de las habitaciones pero también estaban el taller de escultura, el cómic, el escenario, el vestuario, la película, el personaje, el dibujo, la sátira y Varga podía moverse entre todas ellas.

«Nothing was too passé or stupid to do»

En la historia oral de Scumdogs, los miembros de Slave Pit recuerdan aquel periodo como un momento en el que prácticamente cualquier idea podía convertirse en material. Varga hablaba de sus primeros trabajos con Hunter Jackson como una mezcla de disfraces, superhéroes, cine y todas aquellas cosas que les interesaban.

GWAR nació, en parte, de decidir que no tenían por qué escoger. No tenían que ser solamente artistas visuales, ni solamente músicos, ni solamente actores, podían ser todo a la vez y podían hacerlo mal, exageradamente, absurdamente, violentamente o ridículamente mientras siguieran avanzando. Y aunque a priori no lo parezca, esto, es importante porque buena parte de la cultura popular posterior ha convertido la mezcla de disciplinas en una estrategia.

GWAR la convirtió en una forma de vida.

Y entonces la muerte se convirtió en ficción

Hay una parte especialmente poderosa de la entrevista que Chuck Varga concedió a Decibel en julio de este año. El contexto era completamente distinto. Varga hablaba ya desde una enfermedad terminal y con cuidados paliativos. La entrevista se titulaba I Thought I Was Going To Ride Out the Apocalypse.

La frase no era una metáfora editorial, era su manera de enfrentarse a algo que durante décadas había convertido en espectáculo. Varga hablaba en aquella conversación sobre su propia mortalidad, sobre el cáncer y sobre la sensación de haber pensado que todavía podía aguantar.

Y aquí la historia de GWAR adquiere una dimensión inesperada porque GWAR llevaba décadas fingiendo morir. Mientras ahora Varga tenía que enfrentarse a la muerte sin maquillaje, sin sangre falsa, sin monstruos, sin un personaje que pudiera volver a levantarse después del siguiente cambio de escenario.

Es importante ver a Sexecutioner aquí, no solamente escucharlo: verlo.

Porque ahí está precisamente la diferencia, Varga entendió que el personaje necesitaba ocupar un espacio físico. Tenía que tener volumen, textura, movimiento, una presencia. Eso es lo que hacía GWAR distinto, no te pedía solamente que escucharas una canción: te pedía que entraras en ella.

Una banda puede convertirse en un lugar

Quizá esta sea la verdadera herencia de Chuck Varga, no una canción concreta, ni siquiera Sexecutioner sino una idea, una banda puede convertirse en un lugar. Hay grupos que producen discos, otros producen canciones, GWAR produjo una geografía.

Tenía habitantes, tenía criaturas, tenía reglas, tenía una estética, tenía una mitología, tenía incluso una manera particular de entender la muerte y alguien tenía que construir todo eso. Varga fue una de esas personas, por eso su importancia no desaparece cuando dejamos de contar los discos en los que participó.

Al contrario, se vuelve más evidente, porque gran parte de su trabajo está precisamente en aquello que no aparece en la pista de audio.

El problema de los artistas que construyen mundos

La historia de la música está llena de personas a las que recordamos por una canción, es una manera cómoda de ordenar la memoria: canción, disco, grupo, éxito pero algunos artistas trabajan en otra escala. No intentan solamente hacer canciones, intentan construir un lugar al que el público pueda regresar.

Eso hizo GWAR y eso explica por qué su público no se comporta exactamente como el público de cualquier otra banda.

Los seguidores de GWAR no solamente conocen canciones: conocen personajes, reconocen criaturas, entienden referencias, compran cómics, recuerdan disfraces, participan en una mitología… El propio grupo organizó este año campañas de donación de sangre y una recaudación para ayudar a Varga durante su enfermedad, mientras los seguidores respondían desde todo Estados Unidos.

Hay algo casi perfecto en esa imagen.

Durante décadas, GWAR había convertido la sangre en espectáculo. En 2026, sus seguidores donaron sangre para ayudar a Chuck Varga. Por una vez, la sangre era real.

Sexecutioner después de Chuck

Varga dejó de ser miembro a tiempo completo de GWAR en 1997 para trabajar en Broadway, cine y televisión en Nueva York, aunque siguió vinculado al grupo y volvió a aparecer en distintas ocasiones. GWAR señala que su última etapa regular como Sexecutioner llegó hasta las reuniones de 2021-2022.

Es importante recordarlo porque demuestra que la influencia de un artista no desaparece necesariamente cuando abandona un escenario.

Un personaje puede sobrevivir a quien lo interpreta, una estética puede sobrevivir a quien la dibujó, una criatura puede seguir caminando después de que su creador haya dejado de moverla y eso es exactamente lo que ocurre ahora con Sexecutioner.

Chuck Varga ha muerto, Sexecutioner no.

El mundo sigue abierto

GWAR continuará (todo sabemos que s inevitable), la banda sobrevivió a Dave Brockie, a Cory Smoot y ahora sobrevivirá también a Chuck Varga. Pero cada muerte modifica ligeramente el lugar porque un mundo imaginario también está hecho de memoria y la memoria de GWAR está llena de personas que ayudaron a construirlo antes de que nadie supiera exactamente qué acabaría siendo.

Varga fue una de ellas, quizá una de las más importantes: no porque fuese quien más discos vendió, no porque fuese la voz más famosa, ni siquiera porque fuese el único Sexecutioner sino porque entendió algo que muchas bandas tardan décadas en comprender: que una canción puede terminar cuando acaba el último acorde, pero un mundo puede seguir funcionando mucho después.

Chuck Varga se pasó la vida fingiendo morir

Hay una fotografía mental difícil de quitarse de encima: Chuck Varga vestido como Sexecutioner, sangre falsa, el escenario, los monstruos ¡El público! ¡El ruido! Simplemente la muerte convertida en broma y después, muchos años más tarde, el mismo hombre hablando con Decibel sobre su propia muerte.

Sin personaje, sin armadura, sin ficción. No sabemos qué significa para él esa coincidencia, no deberíamos inventarlo pero sí podemos reconocer la extraordinaria ironía que deja detrás. Durante décadas, Chuck Varga ayudó a construir un mundo donde la muerte era reversible, ahora la muerte ha hecho aquello que nunca consiguió hacer GWAR: cerrar el espectáculo.

Pero solamente el espectáculo, porque el mundo que Varga ayudó a construir sigue ahí: en las canciones, en los disfraces, en los cómics, en los escenarios, en las esculturas, en los personajes, en quienes todavía escuchan Scumdogs of the Universe y, sobre todo, en la idea que hizo posible todo aquello: que una banda no tiene por qué limitarse a tocar música. A veces puede construir un lugar y Chuck Varga pasó buena parte de su vida construyéndolo.

Ahora nos toca entrar en él sin su creador y eso, quizá, sea la forma más extraña de supervivencia que puede tener un artista.

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