septiembre 9, 2026

Granada Sound no tiene un problema de cartel, tiene un problema de identidad

Siloé, Pignoise y Hey Kid vuelven a aparecer después de un verano recorriendo festivales. Pero quizá el problema no sea que los artistas se repitan: quizá sea que cada vez cuesta más explicar qué diferencia a un festival de otro.

Hay una escena que empieza a resultar familiar: llegas a un festival, miras el cartel, reconoces a Siloé, también a Pignoise, quizá está Hey Kid, La La Love You, Sexy Zebras, Carlos Sadness… Algún nombre que llevas meses viendo en carteles de otras ciudades y entonces aparece esa sensación ligeramente incómoda de quien acaba de entrar en un bar y cree que ya ha estado allí. No porque el festival sea malo, no porque los artistas sean malos sino porque cada vez resulta más difícil explicar qué tiene este festival que no tenga el siguiente.

El Granada Sound celebra los días 11 y 12 de septiembre su nueva edición en el Cortijo del Conde de Granada con Fangoria, La La Love You, Belén Aguilera, Pignoise, Carlos Sadness, Carlangas, Siloé, Ultraligera, Sexy Zebras, ELYELLA, Malmö 040, Hey Kid y otros nombres habituales del circuito nacional.

Y sí, podríamos hacer el artículo fácil: podríamos decir que Siloé vuelve a estar en otro festival, que Pignoise estaba también en el Caudal Fest, que Hey Kid acaba de pasar por Recorda Fest. Podríamos hacer una lista y jugar al bingo del festival español de 2026 pero eso ya lo hemos contado y, sobre todo, sería demasiado fácil.

Porque Siloé no tiene la culpa. Hay que empezar por ahí. Siloé hace exactamente lo que cualquier grupo que está funcionando debería hacer: tocar. Si un festival lo contrata, va. Si otro quiere contar con él, probablemente también. Si el público responde, la ecuación es bastante sencilla.

Pignoise tampoco tiene la culpa de que siga siendo una apuesta reconocible. Ni Hey Kid de aparecer en diferentes carteles. Ni La La Love You. Ni Sexy Zebras. Ni ninguno de los nombres que este verano hemos encontrado en una cantidad considerable de escenarios.

El problema empieza cuando un artista deja de ser una elección y empieza a parecer una casilla obligatoria. Y ahí la pregunta ya no es si Siloé está demasiado visto, la pregunta es: ¿por qué tantos festivales están llegando a las mismas conclusiones sobre lo que queremos escuchar?

La industria tiene una explicación bastante razonable: todos quieren ser el festival que funciona, por sí amigos, un festival necesita vender entradas, para vender entradas necesita artistas que la gente conozca y para contratar artistas conocidos necesita saber que esos artistas funcionan. Hasta aquí, nada especialmente escandaloso, el problema aparece cuando todos aplican exactamente la misma fórmula.

El resultado es una especie de cadena de montaje cultural: un artista funciona, varios festivales lo incorporan, el público responde, otros festivales observan el resultado y hacen lo mismo. Y así acabamos llegando a septiembre con la sensación de haber comprado varias veces el mismo festival en diferentes ciudades. No son exactamente iguales, pero se parecen demasiado.

Granada Sound incluso pregunta al público qué quiere

Y aquí aparece una contradicción interesante.

El propio Granada Sound plantea este año una encuesta para que los asistentes elijan artistas para su cartel, hasta el punto de sortear dos abonos VIP entre quienes participen. La pregunta parece inocente: ¿qué quieres ver? Pero quizá esconda una de las razones por las que cada vez cuesta más encontrar carteles verdaderamente arriesgados. Porque nosotros también tenemos responsabilidad: queremos festivales diferentes, pero muchas veces compramos entradas precisamente para ver a los artistas que ya conocemos. Queremos descubrir pero también queremos cantar. Queremos que el festival nos sorprenda pero no demasiado. Queremos un cartel original siempre que incluya tres o cuatro nombres que ya sabemos que nos gustan.

Y un festival que vive de vender entradas tiene que decidir hasta dónde está dispuesto a arriesgar. Porque un cartel puede funcionar y tener poca personalidad.

Esta es probablemente la distinción más importante.

El Granada Sound no tiene un cartel desastroso (de hecho, sería bastante absurdo afirmar algo así). Fangoria tiene una historia que no necesita presentación, La La Love You ha demostrado que puede convertir el punk (flujito) más inmediato en un fenómeno masivo. Belén Aguilera tiene público. Sexy Zebras tienen público. Pignoise tiene público y Siloé, evidentemente, también.

El festival tiene además un argumento comercial bastante evidente: dos jornadas de pop, indie, rock y electrónica nacional en Granada, con un cartel suficientemente reconocible como para que el público sepa lo que va a encontrar. La propia organización lo vende como una experiencia ligada a la ciudad y a la cultura indie. Y funciona.

Pero que algo funcione comercialmente no significa que tenga una identidad cultural especialmente interesante (sta frase debería estar pegada en la puerta de muchos despachos de la industria musical).

¿Qué diferencia realmente a un festival?

Esta es la pregunta que nos interesa.

Porque durante mucho tiempo un festival podía reconocerse por algo más que por su cartel, por una forma de programar, por un público, por un espacio, por una determinada sensibilidad, por la voluntad de descubrir artistas, por una relación particular con una ciudad. Ahora, en cambio, cada vez más festivales parecen funcionar como contenedores intercambiables.

Cambia Granada por Lugo.

Cambia Lugo por A Coruña.

Cambia A Coruña por Madrid.

Y algunos nombres vuelven a aparecer, no es que todos los festivales sean iguales, es que todos han aprendido demasiado bien qué tiene que tener un festival para vender entradas y cuando todos aprenden la misma lección, la personalidad empieza a desaparecer.

El verdadero riesgo no es la repetición. Es la previsibilidad, es saber exactamente qué va a ocurrir después. Que sabes quién va a funcionar. Qué canciones va a cantar todo el mundo. Qué momento del día llegará el concierto más multitudinario. Qué artistas servirán para llenar el cartel. Qué nombres aparecerán probablemente el año que viene en otro festival.

La previsibilidad es cómoda, también es rentable pero tiene un problema: aburre.

Y la música, por definición, debería ser una de las pocas cosas capaces de sacarnos de nuestras previsiones.

Tampoco queremos convertirnos en los típicos críticos que exigen riesgo mientras están sentados tranquilamente delante del ordenador: programar cuesta dinero.

Un festival no es una exposición de arte contemporáneo. Hay trabajadores, proveedores, cachés, seguros, alquileres, permisos y miles de entradas que vender… por supuesto que hay que contratar artistas que funcionen pero quizá exista un término medio. Un festival puede tener a Fangoria, a Pignoise y a Siloé pero también puede reservar una parte del cartel para que alguien pregunte al público: «¿Quién coño es este?», ese momento debería formar parte de la experiencia porque quizá el mejor recuerdo que te lleves de un festival no sea la canción que ya conocías. Quizá sea aquella banda que viste porque no tenías ni idea de quién era.

Granada Sound tiene una oportunidad (incluso equivocándose)

Y esto es lo más importante. No estamos diciendo que Granada Sound tenga que convertirse en otro festival, precisamente al contrario. Tiene una ciudad como Granada. Tiene una historia. Tiene un nombre reconocible. Tiene un público. Y tiene algo que muchos festivales persiguen durante años: la capacidad de vender entradas.

Ahora falta saber qué quiere hacer con todo eso.

Porque si la respuesta es seguir reuniendo a los artistas que funcionan en otros festivales, probablemente seguirá funcionando pero también seguirá siendo cada vez más difícil distinguirlo y quizá ese sea el verdadero problema del festival español contemporáneo.

No que haya demasiados festivales. No que haya demasiados grupos. No que Siloé esté en todas partes. Sino que todos hemos aprendido demasiado bien a hacer festivales que funcionan y quizá ha llegado el momento de volver a hacer festivales que signifiquen algo.

Porque cuando todos compiten por ofrecerte lo que ya sabes que quieres, el festival realmente especial será aquel que consiga que vuelvas a casa pensando: «¿Quién coño era ese grupo que no conocía y por qué nadie me había hablado antes de ellos?»

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