La fotografía junto a León XIV ha sorprendido a quienes siguen viendo a la madrina del punk como un símbolo de rebeldía contra cualquier institución. Pero basta recorrer su obra para descubrir que Patti Smith lleva medio siglo haciéndose las mismas preguntas que la religión intenta responder desde hace dos mil años.
Hay fotografías que parecen una contradicción y luego están las que solo lo parecen. La imagen de Patti Smith junto al papa León XIV pertenece a esa segunda categoría. Durante unas horas, las redes sociales hicieron lo que mejor saben hacer: convertir una fotografía en un campo de batalla. Para algunos era una paradoja. Para otros, una traición. ¿Qué hacía la madrina del punk compartiendo espacio con el máximo representante de la Iglesia católica?
La pregunta, sin embargo, delata un malentendido mucho más profundo; porque solo puede sorprendernos ese encuentro si seguimos creyendo que Patti Smith ha sido únicamente una cantante de rock. Y nunca lo fue.
La historia ha simplificado demasiado a Patti Smith. La presentamos como la autora de Horses, la poeta del CBGB, la amiga de Robert Mapplethorpe, la mujer que abrió una puerta para que el punk pudiera hablar también con voz femenina. Todo eso es verdad. Pero también es insuficiente porque Patti Smith nunca perteneció del todo al punk.
El punk fue simplemente el lugar donde decidió empezar a hablar, quien haya leído Éramos unos niños o M Train sabe que su universo está mucho más cerca de William Blake, Arthur Rimbaud o Simone Weil que de cualquier manual sobre cómo romper las normas del rock. Su obra siempre ha estado atravesada por las mismas preguntas: ¿Qué significa creer? ¿Qué queda cuando desaparece la persona que amas? ¿Dónde termina el arte y empieza lo sagrado? No son preguntas demasiado habituales dentro del rock pero llevan cincuenta años recorriendo toda su carrera.
Existe una tendencia casi automática a identificar el punk con el nihilismo, como si aquella generación hubiera decidido dinamitar cualquier forma de trascendencia pero Patti Smith siempre jugó otra partida, incluso en los momentos más abrasivos de ‘Horses‘ había una búsqueda espiritual que resultaba imposible esconder. No utilizaba el lenguaje religioso para predicar, lo utilizaba para explorar.
Sus canciones están llenas de referencias bíblicas, de imágenes místicas, de símbolos cristianos y de una fascinación permanente por la idea de la redención. No porque quisiera defender una determinada confesión porque entendía que el arte y la espiritualidad nacen exactamente del mismo impulso. La necesidad de encontrar sentido.
Durante décadas hemos colocado a Patti Smith en la misma estantería que los grandes nombres del punk, tiene sentido históricamente pero resulta incompleto.
Si uno escucha con atención sus discos descubre que su conversación artística se parece mucho más a la de Leonard Cohen que a la de Johnny Rotten. Ambos entendían la música como una forma de pensamiento, un lugar donde convivían la poesía, la duda, la fe y el deseo. No escribían respuestas, escribían preguntas y quizá esa sea la forma más honesta de espiritualidad.
Uno de los mayores errores de nuestro tiempo consiste en reducir la espiritualidad exclusivamente a la religión organizada.
Patti Smith lleva toda una vida demostrando exactamente lo contrario. Su fe nunca ha sido doctrinal, ha sido artística, ha encontrado revelaciones leyendo a Rimbaud, escuchando a Bob Dylan, caminando por los lugares donde vivieron Virginia Woolf o Jean Genet, visitando las tumbas de escritores y músicos que admiraba. Hay quien viaja para hacer turismo, Patti Smith siempre ha viajado para hacer peregrinaciones. La diferencia es enorme.
¿Qué tienen realmente en común Patti Smith y un Papa? Mucho más de lo que parece. No necesariamente las respuestas pero sí las preguntas.
La Iglesia lleva dos mil años preguntándose qué significa la esperanza, el sufrimiento, la muerte o la compasión; Patti Smith lleva medio siglo escribiendo canciones y libros alrededor de esas mismas cuestiones. Desde lugares distintos. Con lenguajes diferentes. Pero persiguiendo un objetivo sorprendentemente parecido: intentar comprender qué significa ser humano.
Por eso la fotografía junto a León XIV no debería interpretarse como un gesto político, ni como una provocación, ni siquiera como un acontecimiento excepcional. Es la consecuencia lógica de una trayectoria que siempre entendió la cultura como un espacio de diálogo y no como un territorio de trincheras.
Quizá el rock nunca estuvo tan lejos de Dios como nos hicieron creer y es que existe una imagen muy cómoda del rock. La del género enfrentado permanentemente a cualquier forma de autoridad espiritual, es una historia atractiva pero también bastante incompleta.
Ahí están Nick Cave, Leonard Cohen, Johnny Cash, U2, Sufjan Stevens, Low o incluso Bob Dylan para demostrar que algunas de las obras más importantes de la música popular contemporánea nacieron precisamente del diálogo con la fe, la duda y la trascendencia. Patti Smith forma parte de esa tradición, nunca necesitó definirse como creyente para escribir canciones profundamente espirituales, nunca hizo propaganda religiosa. Tampoco propaganda antirreligiosa. Hizo algo mucho más difícil. Pensar.
Quizá el verdadero motivo por el que esta imagen ha generado tantas reacciones no tenga que ver con Patti Smith. Tiene que ver con nosotros, vivimos una época donde todo parece exigir una posición inmediata. O estás a favor. O estás en contra. Hemos olvidado que existen encuentros que no buscan convencer. Buscan comprender y pocas artistas han dedicado tanto tiempo a comprender el mundo como Patti Smith.
Reducir esa fotografía a una polémica supone ignorar cincuenta años de una obra que siempre ha intentado tender puentes entre la poesía, la música, la memoria y la espiritualidad.
Quizá por eso el encuentro con León XIV resulta mucho menos sorprendente de lo que algunos creen.
La mujer que escribió ‘People Have the Power‘ nunca dejó de preguntarse por aquello que nos hace humanos. Y esas preguntas (aunque cambien los siglos, los papas o las guitarras) siguen siendo exactamente las mismas.

