mayo 1, 2026

Estrogenuinas prenden fuego al postureo indie con «Un negocio redondo»

Históricamente, Estrogenuinas han jugado en una liga propia, defendiendo la palabra con la misma fiereza con la que castigan sus guitarras. En «Un negocio redondo«, esa apuesta se radicaliza. El grupo huye de la madurez entendida como domesticación y opta por afinar el bisturí. A través de seis cortes, el cuarteto disecciona con una ironía letal temas como el éxito mercantilizado, la precariedad emocional y ese espejismo aspiracional de «salir en las listas» que parece obsesionar a la industria actual. Aquí no hay panfleto, hay diagnóstico.

Musicalmente, el disco es una estructura de pop-rock afilado que funciona como el perfecto caballo de Troya. Las melodías son inmediatas, casi luminosas, pero sirven para envolver letras sentenciosas que no dejan títere con cabeza. Se percibe una evolución hacia un sonido más compacto y directo, con una base rítmica que ha ganado en pegada y unas guitarras que, aunque mantienen el nervio del garage y el punk de los 90, apuestan por una claridad de producción que favorece el impacto del mensaje. La producción bajo el sello de Ernie Records ha sabido respetar esa esencia de «nerds con distorsión», permitiendo que el conocimiento y el ruido convivan sin anularse.

Un punto álgido del trabajo es la colaboración con Juanita, un movimiento que no es casual. Refuerza ese cordón umbilical con el pop irreverente y consciente que bandas como Juanita y Los Feos abanderaron en su día. En canciones de menos de tres minutos, Estrogenuinas consiguen condensar más carga conceptual que muchos LPs de una hora. Es una reivindicación del formato breve como artefacto explosivo: directo al grano, sin relleno y con una capacidad de síntesis envidiable.

Desde una perspectiva crítica, ¿es este disco para todo el mundo? Rotundamente no. Aquellos que busquen en el indie un hilo musical inofensivo se sentirán incómodos ante el «punk pedagógico» de las salmantinas. El grupo no busca agradar al oyente pasivo, sino premiar al que escucha con atención, cruzando referencias culturales con una naturalidad que para algunos resultará arrogante, pero que para Hipsterian Circus es una muestra de honestidad intelectual. Si acaso se le puede poner una falta, es la brevedad: el discurso es tan sólido que deja con ganas de una mayor profundidad en el formato largo, aunque quizás esa sea precisamente la intención de este «negocio».

«Un negocio redondo» confirma que las Estrogenuinas no están aquí para alimentar el circo de la industria, sino para prenderle fuego al decorado desde dentro. En un panorama de cartón piedra, su autenticidad y su negativa a ser domesticadas las convierten en una de las voces más necesarias y punzantes de nuestra escena.

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