abril 17, 2026

Muere Kenny Morris, batería de Siouxsie and the Banshees y pionero del sonido gótico

La escena post-punk británica pierde a uno de sus pilares fundacionales: Kenny Morris, baterista original de Siouxsie and the Banshees, falleció este 15 de enero en Cork (Irlanda) a los 68 años tras una breve enfermedad. La noticia, confirmada por su amigo y periodista musical John Robb en Louder Than War, ha generado una ola de tributos en la comunidad alternativa, recordando a un músico discreto pero esencial cuyo estilo rítmico primitivo y tribal definió el sonido crudo y hipnótico de los primeros años de la banda.

Nacido el 1 de febrero de 1957 en Essex (Inglaterra) de padres irlandeses, Kenneth Ian Morris creció en un entorno que mezclaba arte y rebeldía. Estudió bellas artes y cine antes de sumergirse en la efervescencia punk de Londres a mediados de los 70. Amigo cercano de Sid Vicious, participó brevemente en la banda pre-Sex Pistols Flowers of Romance en 1976. Fue precisamente al ver a Vicious tocar con Siouxsie Sioux y Steven Severin en el 100 Club Punk Festival de septiembre de 1976 cuando decidió unirse a ellos. Tras la salida de Vicious (que solo duró un concierto caótico), Morris se postuló y se convirtió en el batería titular de Siouxsie and the Banshees en enero de 1977.

Su etapa en la banda, que duró hasta septiembre de 1979, coincidió con la formación del sonido más icónico y experimental del grupo. Morris tocó en los dos primeros álbumes: «The Scream» y «Join Hands«, discos que establecieron el post-punk como género. Su estilo era único: un enfoque en toms y percusión tribal, con uso mínimo de platillos y snare, creando un pulso hipnótico y casi ritual que contrastaba con la batería convencional del punk. Canciones como ‘Hong Kong Garden‘, ‘Playground Twist‘, ‘Jigsaw Feeling‘ o ‘Mittageisen (Metal Postcard)‘ deben mucho a su batería: un latido oscuro, repetitivo y casi marcial que impulsaba la voz de Siouxsie y la guitarra de John McKay hacia territorios góticos y experimentales. Como dijo el propio John Robb: “Kenny era un caballero gentil, pero su batería era feroz y primal. Fue el corazón rítmico de esos primeros años”.

Morris dejó la banda abruptamente en 1979 durante una gira estadounidense, junto al guitarrista John McKay, en medio de tensiones internas. Nunca volvió oficialmente, aunque mantuvo una relación cordial con algunos miembros. Tras su salida, se retiró de la música durante décadas, dedicándose a la pintura y viviendo discretamente en Irlanda. En los últimos años, había retomado su carrera artística con exposiciones en Dublín y Cork, donde presentó obras que reflejaban su sensibilidad visual y su conexión con la escena punk inicial. También completó sus memorias durante la pandemia, aunque no llegaron a publicarse antes de su muerte.

Su fallecimiento ha impactado profundamente en la escena post-punk y goth. Bandas como Joy Division, The Cure, Bauhaus o incluso artistas contemporáneos que beben del tribalismo rítmico han citado su influencia. Siouxsie Sioux no ha emitido un comunicado oficial hasta el momento, pero el tributo de John Robb (quien lo describió como “un amigo siempre alegre en Cork”) ha sido compartido ampliamente.

Kenny Morris no fue el batería más técnico ni el más prolífico, pero sí uno de los más influyentes en el post-punk. Su salida temprana lo mantuvo en las sombras, pero su legado en esos dos álbumes seminales sigue resonando. En un 2026 donde el revival de los 70-80 sigue fuerte, su muerte recuerda que los pioneros del sonido que cambió la música alternativa eran humanos, frágiles y únicos. Descansa en paz, Kenny: tu ritmo tribal sigue latiendo en cada eco gótico.

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