abril 30, 2026

Quince años después: Nadadora regresa con «Mañana y Siempre»

El silencio ha terminado. Quince años después de su último trabajo de estudio, la banda gallega Nadadora rompe el paréntesis con la publicación de «Mañana y Siempre«, un álbum que, lejos de ser un ejercicio de nostalgia, se presenta como una obra de madurez luminosa y emocional. Editado por Ernie Records, este cuarto disco es la reafirmación de una identidad musical que ha aprendido a transformar las cicatrices del tiempo en belleza.

Tras los adelantos ‘1997‘ y ‘Aparecer‘, el grupo liderado por Sara Atán y Gonzalo Abalo, ofrece un álbum que conjuga el pulso melancólico de su indie pop clásico con un sonido más profundo y cinematográfico. «Mañana y Siempre» es un viaje entre la luz y la sombra que aborda la reconstrucción personal, la aceptación de las heridas y la fe tranquila en el porvenir.

Para comprender la emotividad y el trasfondo de este reencuentro, el álbum se sumerge en motivaciones que trascienden el mero oportunismo. El periodista y crítico musical David Saavedra, quien ha seguido de cerca la trayectoria de Nadadora, retrata este retorno como «una especie de regreso a casa».

El primer tema, ‘1997‘, arranca con versos que coquetean con el recuerdo («En la radio vuelven a sonar / canciones que ya nadie quiere escuchar») para abrazar de inmediato la explosión del presente y la necesidad de aferrarse a la música: «Ahora explotaremos en el cielo / seremos un destello». Esta canción recupera al grupo desde su pura esencia, asumiendo la fugacidad del tiempo pero con el espíritu intacto.

El disco se desarrolla a través de un viaje emocional que pasa de la infecciosa melodía de ‘Bailaremos‘, que evoca la promesa de la eternidad juvenil, a la introspección más oscura de ‘Aparecer‘ y la búsqueda de redención que se plasma en la hermosa ‘Anillo‘.

El álbum toma su nombre de la novela Mañana y tarde del noruego Jon Fosse, una lectura que impactó a Gonzalo Abalo e incitó a que las seis canciones del disco reflejaran la etapa vital de los músicos. La filosofía tras el disco se inspira en el kintsugi, la técnica japonesa que celebra las roturas y las une con oro, simbolizando la aceptación de las heridas y cicatrices.

En este proceso, la música se convirtió en terapia personal y en una búsqueda de honestidad sin cortapisas, dando forma a un «vacío emocional depurado». La dinámica del grupo también evolucionó: Sara Atán ha tomado un papel más frontal en la voz y la composición, mientras que Gonzalo Abalo se ha centrado en las guitarras. La base rítmica y los teclados, a cargo de Edu Romero, Dani Abalo y Moncho Couselo, aportan cuerpo y profundidad, evocando texturas de bandas como The Cure, Low o Beach House.

El resultado es un trabajo grabado en Estudio Uno y producido por Martí Perarnau IV con la ingeniería de Pablo Pulido. En él, Nadadora ha asumido la responsabilidad de ser la mejor versión de sí mismos, demostrando que el tiempo no ha apagado la voz de quienes crean desde la verdad. El tema final, ‘Flores‘, con la sutil colaboración de Xoel López, funciona como un mantra de resiliencia: «Todas las flores giran / en algún momento hacia el sol / Igual haré yo».

«Mañana y Siempre» se publica en formato digital y en una cuidada edición en vinilo. Más que un regreso, es una reafirmación de que la música es salvación y que, en palabras de Saavedra, el álbum es un «acto de amor» arrojado al aire para formar parte de la vida de los demás.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *