abril 28, 2026

Lola Young suspende su gira

Lola Young, la voz británica que ha inyectado crudeza y caos en el pop con su segundo álbum «This Wasn’t Meant for You Anyway«, se desplomó en el escenario del Forest Hills Stadium durante su actuación en el festival All Things Go de Nueva York. Dos días después, el 29, confirmó lo que muchos temían: cancela todos sus shows indefinidamente, priorizando su salud mental y física. “Me voy por un tiempo”, escribió en Instagram, con un mensaje que destila gratitud y agotamiento: “Me duele más de lo que creen decepcionar a quienes compraron una entrada; espero que me den una segunda oportunidad cuando vuelva con más fuerza. Los quiero a todos, Lola x”. Esta pausa no es un capricho, es un recordatorio de las grietas que el pop, con su brillo implacable, a menudo ignora.

Young, de 25 años, ha sido un torbellino desde su debut en 2023 con «This Wasn’t Meant for Me«, un disco que escaló las listas británicas con singles como ‘Messy‘, un himno de autodesprecio y deseo que encabezó las listas durante cuatro semanas y acumuló millones de streams. Su trayectoria, forjada en concursos como Open Mic UK y Got What It Takes?, la llevó de actuaciones adolescentes a Coachella en 2025, donde vomitó en escena por nervios, un incidente que atribuyó a la presión de un mundo que exige perfección. Pero la gota que colmó el vaso llegó en Nueva York: su colapso, tras una serie de shows agotadores, fue el clímax de una cadena de vulnerabilidades que ha compartido abiertamente desde su diagnóstico de TDAH y trastorno esquizoafectivo hasta su rehabilitación en 2024 por adicción a la cocaína.

Esta cancelación llega tras un año de altibajos. En mayo, se retiró del ‘We Can Survive’ de Audacy en Newark por problemas de salud mental, un paso que muchos vieron como valiente. Ahora, con «I’m Only F**king Myself» recién lanzado, su pausa deja un vacío en una gira que prometía ser su consolidación. Las entradas se reembolsarán automáticamente, un gesto práctico que no mitiga el impacto emocional. Su honestidad, que ha sido tanto su fuerza como su talón de Aquiles, resuena en un género donde la vulnerabilidad se vende, pero se castiga.

La decisión de Young es un acto de auto-preservación que cuestiona el ritmo implacable del pop. Su música, con letras que destilan caos y deseo (‘Messy‘ es un himno que captura la contradicción de amarse en el desamor), ha conectado con una generación que navega la salud mental en un mundo digital. Pero este silencio indefinido plantea dudas: ¿volverá con un disco que profundice en su lucha, o se diluirá en la maquinaria que la ha consumido? Young no busca lástima, su pausa es un grito que el pop necesita oír, un eco que podría redefinir su trayectoria o, en el peor caso, dejarla como un susurro en la historia de un género que devora a sus propias estrellas.

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