febrero 2, 2023

El niño que susurraba a las divas del pop

9 de marzo de 2014

Eran las 9AM de la mañana. Ahora que lo pienso, hay que ver qué poco se usa el AM y el PM. A mí me gusta seguir usándolo. Como el baño del congreso de los diputados. Si me pilla un apretón por esa zona nunca dudo en entrar.  Lo de AM me recuerda exactamente a los Arctic Monkeys. Ahora mucho más a Abraham Mateo. Un fuera de serie, vamos. Joven, guapo y con proyección. Como yo.
Bueno, que eran las nueve de la mañana de ese domingo. Yo estaba en la cama con “la Pechotes”. No habíamos hecho nada. Pero no porque no quisiera ella. Más bien porque no quiero yo. La respeto demasiado como para propasarme. Como mucho le miro las tetas mientras duerme. Se las miro como amigo. Nada más allá. Jamás le pondría un dedo encima. Excepto cuando le puse la polla en el hombro para hacer unas fotos así de coña. Jamás se enteró. Me cuesta sincerarme con ella en este aspecto.

Esa mañana yo estaba preparando el desayuno. Vamos, que estaba llamando a una churrería. No tienen servicio a domicilio, pero conmigo hacen alguna que otra excepción. Se compraron expresamente una tostadora para hacerme un poco de pan. Es que a veces me levanto con un poco de ardor y no me apetece tanto comer churros. Sobre todo cuando ceno la noche antes con Arturo Fernández. Es un puto obseso de los fritos. Y claro, a la mañana siguiente eso se paga. Está gordo el cabrón, pero debería estarlo más teniendo en cuenta la cantidad de fritanga que le echa al cuerpo.
Yo porque practico natación en la universidad, que si no me hubiera puesto como el Kiko. Me pregunto si esa expresión tiene que ver con Kiko Rivera. La verdad es que le viene como anillo al dedo, pero creo que la expresión viene de mucho antes. Kiko es un buen tío. Lo está pasando mal ahora con lo de su madre. Yo estoy echando un cable en el asunto, pero vamos, que eso ya lo contaré otro día.

Lo que interesa hoy es lo que pasó la noche del 8 de marzo, qué fue lo que provocó aquella temprana llamada de domingo. Según me contaron, una fulana de estas que cantan gritando se había desmayado. Menuda novedad. Si yo estuviera a grito pelado durante hora y media me estallaba la puta cabeza y también me desmayaba. Que si cantara como las personas normales sin necesidad de tener que demostrar de que ella sola puede hacer más ruido que una moto gorda, a lo mejor le iba mejor en la vida. O en Eurovisión.

Bueno, que me llamaron de la Warner, su discográfica. Que no sabían qué hacer. Su mánager le había conseguido los números de todos los camellos de músicos con mierda de la buena. Le consiguió hasta el de Miguel Bosé, que son palabras mayores. Pero Pastora, así se llama la tipa, estaba en contra de tomar nada que no estuviera bendecido por el párroco del Santuario de la virgen del Rocío. Vamos, que es una tía muy sibarita para la coca. Como vieron que por ahí no iban a poder sacarla del pozo, decidieron recurrir a mí.

Culpa mía por ser tan eficiente. Este tipo de cosas pasan de boca a boca en cuanto funcionan bien. La cosa es que yo estaba acostumbrado a proporcionarle un pisito a políticos y empresarios para que se follaran a sus amigas de 20 años. Luego les ayudé a establecer contactos con los mejores camellos de Madrid. Esto de Pastora era nuevo para mí. Tenía que actuar como una especie de coach de estos. Me pareció divertido, así que cogí el primer coche oficial disponible para irme a Sevilla.



Cuando llegué allí había una liada. Unos 20 fans a la solana. Que para ser marzo hacía más calor de lo que me podría esperar. Total, que los 20 que estaban apoyándola en la puerta me daban algo de lástima. Sobre todo al oír lo que opinaba Pastora sobre ellos. Se pasó un poco, teniendo en cuenta que son los que le dan de comer. Ellos y Canal Sur.  La cosa es que Pastora estaba muy subidita para haberse desmayado hacía menos de 24 horas. Estaba todo el mundo detrás y delante de ella. Tratándola como una reina. Ella se estaba gustando.

Llegué a la casa de la tipa esta, que resulta que en realidad se llama Pilar. Pilar Sánchez. Estaba repanchingada en un sofá mientras había alguien tomándole la tensión. Cuando me vio aparecer preguntó quién era yo con cara como de estar oliendo mierda. Yo me acerqué y le dije: “Pilar, tranquilízate. Soy Fran y he venido a quitarte las tonterías.”

No os creáis que fue a estrecharme la mano ni a darme las gracias por ir a su casa con tanta celeridad. Empezó a pedir que echaran al “Caniho”. ¡Canijo yo! Canijo mi pijo, pensé. Me acerqué a ella, empujé al viejo que estaba todavía con el tensiómetro, y le apreté la goma del brazo al máximo. Le susurré al oído que a partir de ahora no la llamaría Pilar Sánchez en público si ella no me volvía a decir canijo.

Pilar puede ser una vanidosa de mierda, pero eso no quita que sea una mujer de palabra. No ha vuelto a llamarme canijo desde ese día. Yo aprovecho lo de Pilar Sánchez para entrarle a las tías en las discotecas: “¿A que no sabes cómo se llama Pastora Soler de verdad?» Bah, si hay una tía que me responde interesada no se merece ni que me la folle. Bueno sí, que no ando muy sobrado y aunque ahora ligo más, remato mucho menos.

Resulta que la pava esta tiene su casa decorada con una inquietante mezcla de vírgenes y baratijas árabes. Es que la Pilar ha sido número 1 en Turquía y por allí le tienen cariño. Ya se podía haber presentado a Eurovisión con ellos y no con nosotros. En fin…

La cosa es que tras analizar un poco el lugar en el que vive y las reacciones que despertó en su entorno todo el incidente del desmayo, tenía más o menos claro qué quería hacer con ella. Le solté una milonga mística de superación personal para que dejara de flipar consigo misma y empezara a ver al resto de la humanidad como sus iguales. Yo le iba haciendo revisiones periódicas para ver cómo evolucionaba la cosa.

El problema de la milonga mística era que se la tomó demasiado en serio, se metió demasiado en el papel y terminó queriendo afeitarse la cabeza y cambiarse el nombre de Pastora por Luz Soler. Cuando lo oí por primera vez casi me atraganto. Aún me suena a gilipollada. En Warner se tiraban de los pelos y yo ya no sabía qué hacer con el tema, porque iba de Guatemala a Guatepeor.

Tuve que recapitular todos los desmayos habidos y por haber en el mundo de la música en los últimos años. Y “haberlos haylos”. Eso sí, todos de gente de dudoso talento, pero mucha pasta. Luis Miguel, Paulina Rubio, Justin Bieber o Kelly Osbourne. Casi nada. Casi todos eran por deshidratación y por el hecho de estar tocando en Sudamérica con el calor que tiene que hacer por allí. Yo todo esto lo recopilé en un Power Point y se lo puse a Pilar para que espabilara. Le dije que a todos ellos le había pasado exactamente lo mismo y que no se habían muerto ni retirado, y mucho menos se habían puesto un nombre tan cutre como Luz Soler.

Le tuve que cruzar la cara con hechos para que volviera en sí. Ganas me dieron de hacerlo literalmente, pero siempre había gente cerca y no era plan de abofetear a una diva del pop. Los de Warner se vinieron arriba y le buscaron una actuación para volver con más fuerza que nunca. En mi opinión, quitando a las 20 personas que estaban con pancartas hechas con cartulina en la puerta de su mansión (qué lástima de cartulinas, fatal diseñadas), dudo que hubiera mucha más expectación porque volviera. Si volvía bien y si no, pues también. Pilar estaba en plena recuperación y ya teníamos la fecha límite para ella. Los ansias de la Warner querían que volviera a los escenarios el 30 de noviembre en Málaga. Me tocaba apretar el culo.

Me quedaban 5 semanas y no sabía cómo acometer eso, porque Pilar tenía subidas y bajadas. Más bajadas que subidas, para ser sinceros. Por un momento caí en lo cutre, rastrera y competitiva que suele ser este tipo de gente y tiré de ahí. Le dije que si es que quería ser una Niña Pastori de la vida. Que si se estaba poniendo tan gorda como ella. Que si iba a estar tanto tiempo sin salir por la tele.

Pilar dejó de ser Pilar y volvió a ser Pastora por la vía rápida. La motivación de demostrar que es mejor que otras le llevó en volandas a Málaga. Era 29 de noviembre y habíamos quedado para cenar y tener la última charla de cara a su actuación.

En la cena hablamos un poco sobre el proceso y la lucha que llevó a cambio y de mi inigualable talento para sacar lo mejor de las personas. Yo estuve especialmente amable con ella. Estaba orgulloso de su evolución.

No sé cómo fue desvariando la cosa, pero Pastora me agarró el pequeño Nicolás (así es como llamo yo a mi pene, ¿qué pasa?) y me pidió guerra. Me dijo que quería demostrarme lo luchadora que era en la cama. Yo hice bomba de humo y me piré de allí como pude.

Al día siguiente, como era de esperar.  Pastora ya no estaba. La buscaron por toda Málaga y no había manera. Apareció en un Karaoke cantando sus propias canciones, vestida de chándal, con gafas de sol y gorra. Movilicé a sus asistentes y les pedí que me la dejaran en el teatro bien vestida, que yo hacía el resto.

Pastora salió al escenario esa noche, ¿no? Luego la cagó desmayándose de nuevo, pero la cosa es que volvió a actuar y fue gracias a mí. ¿Mi secreto? Le eché en la botella de agua todo el MDMA que pude pillar ese día. Ahora los ignorantes dirán que yo tuve la culpa de ese desmayo y que Pastora no tiene el llamado miedo escénico. ¿Vosotros qué mierda sabéis de la vida? ¿Cuántas veces habéis cenado con el Rey? ¡A FREGAR!

Resulta que lo del miedo escénico me ha salvado la papeleta de parecer alguien poco preparado para este tipo de encargos. Ahora es cuando el abuelo cebolleta entra en la historia. Sabina, el canalla por antonomasia. Al facha disfrazado de comunista con bombín (¿soy el único que piensa que ya no tiene edad para esas mierdas?) se le fue la pelota en medio concierto. Seguramente por un mal viaje de eso que toma. Le echó morro y aprovechó para reírse de Pastora. ¡MI PASTORA!

Ahí fue cuando tuve que intervenir, porque por muchos roces que tuviera con ella, era mi protegida. Y yo su mentor. Me presenté en casa de Joaquín con dos coches oficiales. Él pensaba que era alguno de esos políticos que pasan por su casa a comer “ensaimadas”. Cuando me vio en la puerta se le notó ciertamente decepcionado. Pensaba que era “un mandao”.  Dentro de su casa había montada una pista de Scalextric gigante con una raya en cada carril. Allí estaban Víctor Manuel y Melendi echándose unos entrenamientos libres. En el sofá estaban Ismael Serrano y el pintas ese que cantaba en Pereza que ahora hace la misma mierda. Sí, ese que se lleva quedando calvo desde hace 10 años y por eso se pone los sombreros esos de Alatriste. Para triste, él. Ambos estaban con la boca hecha agua esperando su turno.

Mis guardaespaldas se encargaron de vaciar el salón para que yo pudiera hablar tranquilamente con Joaquín. Al ver que no había ido a su casa en son de paz intentó camelarme ofreciendo una partida amistosa a su Scalextric particular. Yo acepté encantado, pero antes me agarré un mando. Cuando pusimos las narices sobre la línea de salida agarré el mando, me aparté lo justo y le metí un viaje. Le pegó un chispazo al hacer contacto con algún pelillo de la nariz. No da como para electrocutar a nadie, pero un buen repeluco se llevó. Le puse el pie en el cuello y le dije que no me iba de allí hasta que se disculpara con Pastora por Whatsapp o Twitter. Me daba igual el medio, lo importante era que Pastora no fuera tomada por el pito del sereno. Él, clásico como es, optó por la llamada. Todo solucionado.

Luego estaba la Naranjo, que entre programa y programa en el que le pagan por ser “jurado” se puso de parte de Pastora. Sí, jugaba en mi equipo, pero me jode que la gente se meta donde no la llaman. La cosa es que dejó este tuit.

Semanas después me enteré que Sabina no le dejaba entrar a sus partidas de Scalextric. De ahí la última frase. Piques del artisteo.

Ahora Pastora está echándole cuento a eso de estar con el miedo escénico. No hace apariciones públicas, descansa, bebe 2 litros de agua al día y come mucha fibra. Según me contó su agente está meditando la opción de entrar en un Reality llamado DE FANES A PANES en el que los famosos tienen que llevar una panadería. Ya veremos en qué queda todo. Yo me voy a casa, que mi madre cree que estoy en la biblio y como no llegue a cenar va a empezar a sospechar que soy el puto amo. Porque LO SOY, bitch.

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