enero 31, 2023

El poder de las canciones, vol 2.0

Casi una semana después, la falta de crónicas al respecto del coloquio que tuvo lugar el pasado jueves 29 de enero en la Casa del Lector del Matadero de Madrid, y las expectativas fallidas que este hecho ha generado en algunos profesionales del medio y amantes de la buena música en general, ha hecho ondear nuestra capa de superhéroe y hemos redactado una nueva versión más detallada de lo sucedido durante esa, por lo visto, reunión secreta, la cual negaremos siempre que haya existido (por seguir con el juego, vaya). 

La entrevista comenzó un poco más tarde de las 19.30h, debido a una asistencia que sobrepasó con creces las expectativas de la organización, primer hecho sobre el que reparó, y el cual agradeció, Santi Carrillo, una vez hubo tomado asiento en el auditorio de la Casa del Lector. A un lado Jota, al otro Loquillo y en el centro estaré yo (esto debió de pensar Santi Carrillo)
Jota, oculto tras su barba de semanas, sus gafas y un gorro, sube al escenario  con un copazo, el cual no abandona en ningún momento y al que vuelve recurridas veces. Sospechamos que no es el zumo de  su corazón lo que hay ahí dentro. Pero queremos creerlo. Aunque él pasa del tema, recostado y abrazado por detrás a su silla, se ha buscado el nombre más corto que podía para no estar mucho tiempo en boca de nadie y, sin embargo, no ha podido evitar que Rockdelux lo incluya como una de las sesenta canciones pop de la historia del siglo XX. El creador del toxicosmos, a cuyas colinas hemos subido en más de una ocasión y hemos vuelto con el sabor del metal en la boca, no recuerda lo que sentía cuando cantaba esas canciones indie pop y prefiere la emoción del instante presente. Puede que nos haya dejado algo desesperanzados: queríamos ver al autor de nuestros recuerdos de juventud. Pero quizás también en eso resida la esencia de Los Planetas: la espontaneidad y el dolor de unos sentimientos genuinos, pasajeros, generacionales y veloces que en verdad nunca sabremos con certeza si alguna vez lo fueron o solo existieron en nuestra cabeza. 
Por su parte, Loquillo sigue vistiendo la elegancia del rock sobre su piel: tupé, traje negro y joyas. En el debate que esa tarde ahí se creó, el rockero fue la voz reivindicativa. Tenía ganas de hablar, y aunque no se salió de su estilo musical (es lo suyo, qué podemos recriminarle), estuvo locuaz, ingenioso, hiriente cuando se habló del perjuicio a la cultura pop de nuestro país y exquisitamente sintético  e ilustrativo pasando por los diferentes incidentes y episodios musicales de la memoria colectiva. Ah, el señor Loco también tiene su podio en la exposición «El poder de las canciones«. Rockdelux piensa que «Cadillac solitario» es el mejor representante de su generación. 
Antes de seguir, queremos abrazarnos un segundo al bote salvavidas para decir que el volumen de los micros de corbata era mínimo y las ondas expansivas no llegaban a atravesar la densidad de la barba de Jota, a lo cual su cerrado acento granaíno tampoco ayudaba. Así que intentaré aproximarme al retrato más fiel de lo que esa tarde ahí aconteció (en secreto, no se olvide). 
Dos titanes enfrentados (espacialmente), a los que Santi Carrillo tuvo que colocar en igualdad: Jota es la leyenda y Loquillo es el mito. Venga, ya podemos meternos en materia. 
La primera cuestión a debatir fue el tema del idioma a la hora de cantar. Santi pregunta si es un inconveniente que para triunfar a nivel mundial haya que cantar en inglés. A Jota ya le está bien su público. Loquillo habla del cambio, de las nuevas formas y vías de expresión, generadas por puro agotamiento. Así explica, por ejemplo, la etapa en la que le dio por versionar poemas.
Siguiendo en este orden de cosas, Santi pregunta a Jota por el giro en su carrera hacia una vertiente más flamenca, diferente al indie pop al que nos tenía acostumbrados. Jota dice que fue un proceso gradual. Su admiración hacia Morente ha estado siempre ahí. Ellos son de Granada. A lo largo de los años fueron acumulando canciones y llegado el momento lo que sentía le hizo cantarlo así. Esto genera en Santi una nueva duda: «¿Te sientes más cómodo con esto o con las antiguas canciones?«. Jota responde que con las actuales «porque me siento más representado con el momento actual. Me cuesta recordar cómo me sentía cuando compuse las primeras canciones«. Loquillo siente algo parecido: «necesito meterme en cada proyecto y cambiar mi forma de actuar y comportarme encima de un escenario«. Opina que todo artista debe pasar un tiempo como taxista, acumulando kilómetros de asfalto bajo sus pies, parando, recogiendo y madurando, para luego subirse a un escenario y poder hacer de otra persona. «Tengo que pasar de un lugar a otro porque sino me moriría. No entiendo la gente que hace diez discos seguidos iguales«. 
Tanto Jota como Loquillo tienen una larga trayectoria a sus espaldas, lo cual es digno de reconocimiento, y más teniendo en cuanta el periodo histórico del que vienen, en el que ni el pop ni el rock eran reconocidos culturalmente y nadie apostaba largo por la vida de un artista. Santi quiere saber qué hace uno para seguir motivado con el trabajo. Jota es firme al respecto: «que te entusiasme lo que haces. Buscar nuevas formas de ilusión«. Puta sociedad en la que vivimos, en la que sus palabras suenan a utopía y a discurso de Miss Panamá. Loquillo también se emociona cuando todavía se habla de la ilusión eterna: «me gusta escuchar a la gente mayor que yo hablar de sus proyectos como el primer día«. Él consigue esta motivación luchando en mil frentes al mismo tiempo: música, literatura, producción teatral y documental… Loquillo no puede quedarse quieto el tiempo suficiente para morir.
El artífice de todo este tinglao sigue curioseando en los gustos personales de ambos artistas. Quiere saber si los referentes que tomaron en su día siguen estando vigentes dentro de una industria tan cambiante y veloz, la del consumo instantáneo y desechable. Hace un rato que Jota tiene la mirada puesta en el hielo que se derrite dentro de su copa. Santi lo increpa y él responde que sí siguen vigentes (déjame en paz colega). Santi insiste: «¿y cuáles son para ti esos referentes?«. Jota: «Pues mogollón, tío: Leonard Cohen, los Walkers, Barrett… y de aquí pues Carlos Berlanga, Antonio Vega, Nacho Canut y Enrique Urquijo, por ejemplo«.  Bien. 
Para Loquillo la suerte estuvo en poder vivir los setenta: Lou ReedBowie a sus trece, The Clash… «Tuve la suerte de vivir una adolescencia plagada de rock and roll. Vi «Una odisea en el espacio» y también «Blue Hawaii». Mi mente vinculó esos dos acontecimientos contemporáneos con la única explicación lógica de que debía de ser un marciano para poder asistir a ambos sucesos. Y en eso me convertí años después«. Risas.



Santi Carrillo vuelve a ponerse intenso: «Volviendo a la exposición, es importante que un centro cultural dé importancia a la música pop. ¿Cómo lo valoráis?«. Loquillo recuerda que esta vivió bajo la censura hasta el 78, por lo que su historia hasta el presente es corta en comparación a la historia del rock en Inglaterra o Estados Unidos, por ejemplo. Esto hizo que nos perdiéramos muchas etapas que sí se vivieron en otros lugares del mundo, pero también opina que esto nos hizo condensar mucho trabajo en poco tiempo. Nosotros formamos parte de la cultura del rock. Cuando había desprecio hacia este estilo musical y los cabecillas pensaban que solo servía para bailar, nuevamente fueron los músicos quienes saltaron al campo de batalla con lo que la propia Patti Smith acuñó «las armas de nuestra generación: la guitarra y el micrófono«. Representantes de una época histórica, de unos valores, la reafirmación de una manera de vivir y de sentir y luego el motor de un cambio social, los ídolos del rock como Bob Dylan lucharon por la libertad social, política y cultural y, por tanto, también  por la libertad emocional e individual. Artistas como Dylan ayudaron a construir todas aquellas cosas que decían que nos faltaban hasta llegar al extremo opuesto: ahora la cultura rock lo envuelve todo. Los  políticos también quieren ser estrellas del rock. Quieren ser como ellos (nuevamente risas).
Santi pregunta a Jota por su opinión con respecto a la misma cuestión. Jota responde: «Estoy de acuerdo con Loquillo«. Jota usando el comodín de: «lo que diga la rubia». 
Santi Carrillo está sudando la gota gorda con el señor Jota. Se lo va a poner fácil: «En la exposición se habla del poder de las canciones. ¿Cómo se consigue hacer canciones que sean un hito?«. Jota tampoco da su brazo a torcer en esta: «Yo llevo toda la vida estudiando para ver cómo se hace… Ni idea, tío«. A ver, bastante tiene con sus letras, para que encima le pidamos la fórmula de la inmortalidad. Piedad. 
Pero Santi se lo está tomando como algo personal. Va a hacer que el granadino cante (no literalmente, pero seguimos con el rollo mafia secreta que tenemos aquí montado). El director de Rockdelux le pide que enumere una canción con la que se quede de su discografía. «¿Qué puedo hacer?«, que es la que la propia revista ha elegido para la expo. ¿Os la ibais a jugar? Ah, no, espera, que Jota se siente mal… «Santos que yo te pinté también es de mis favoritas». Amén. 

Loquillo ve el vacile y sube la apuesta: «mis favoritas son la primera y la última«. Pero venga, tiro también de las míticas: «Feo, fuerte y formal«; la sorpresa mediática de «Esto no es Hawaii«; y, cómo no, «Cadillac solitario«. El rockero loco dice que ellos hacen su propia lectura de una canción y luego es el público el que la convierte en un himno. «Hay que dejarlas madurar. Algunas están en reposo un tiempo y luego lo vuelven a petar. El poder de las canciones es increíble«. Jota está tomando cuerpo: «Ni siquiera el propio autor sabe lo que está diciendo. Descubres luego en tus canciones lo que estabas contando con ellas, haces nuevas lecturas…«. Y así, muchos nos desprendimos  por fin de la mochila que llevábamos a la espalda todos estos años: Jota tampoco sabía lo que decía. 
Santi: «¿Qué canción os hubiera gustado componer a vosotros?«. Jota va a tope: «Tutti Frutti, expresar de forma onomatopéyica una sensación que todo el mundo entiende, tío.» (risas mil). 
Y poniendo fin a la entrevista, Santi Carrillo pregunta por la fórmula para mantenerse tanto tiempo en activo. Jota opina que es una ventaja innata de la música pop, del contexto en el que surgió y el motivo por el que lo hizo. Ha madurado siendo la cultura crítica a la dominante, la contracultura. Y la gente apoya la revolución. Ambos músicos opinan que hay un plan ideado para acabar con la cultura de nuestro país a favor de la mecanización dentro del sistema capitalista. La obra de arte es un producto cultural cuya finalidad es la compensación económica inmediata. Sus discos son merchandising en los conciertos y estos les sirven, a su vez, para subsistir. La solución pasa por una reeducación cultural. «La falta de conocimiento (dice Jota) es esclavitud. El conocimiento, por contra, te hace libre«. Loquillo dice que hay que consumir el arte como arte, fuera de la industria de consumo. Cine, música, teatro, literatura… solo esto las cargará de valor y asegurará su perdurabilidad en el tiempo. 
Y esto, señores, es lo que siempre negaremos que pasó en el auditorio de la Casa del Lector del Matadero de Madrid. Ahora empieza el tiempo para reflexionar sobre lo que Jota ya se había atrevido a cantar en la época en la que el mundo todavía se veía en Super-8: ¿qué podemos hacer?

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